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INVESTIGACIÓN

Hallan microplásticos en la dieta de los pingüinos de la Antártida

Hallan microplásticos en la dieta de los pingüinos de la Antártida
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(Foto: CSIC)
EL IMPARCIAL
jueves 22 de julio de 2021, 13:03h

Un equipo internacional liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC ha demostrado a través del análisis de las heces de tres especies de pingüinos antárticos en diferentes lugares y años, la amplia presencia de microplásticos como poliéster y el polietileno, entre otras partículas de origen antrópico.

Los microplásticos son partículas de menos de 5 mm que están cada vez más extendidas en los ecosistemas marinos, algo preocupante dada su persistencia en el ambiente y su acumulación en las cadenas tróficas. “Estos contaminantes llegan a mares y océanos principalmente a través de la basura y los desechos procedentes de las actividades antrópicas”, explica Andrés Barbosa, científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y autor del trabajo. “Dada la baja presencia humana en el océano antártico y en la Antártida, cabría esperar una baja contaminación por microplásticos en estas áreas. Sin embargo, las estaciones de investigación, los barcos pesqueros y turísticos y las corrientes marinas hacen que estas partículas lleguen a estos hábitats, pudiendo provocar una alta concentración a nivel local”, comenta José Xavier, investigador de la Universidad de Coímbra (Portugal), en un comunicado del CSIC.

En concreto fueron analizadas las heces de tres especies de pingüinos: el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae), el barbijo (Pygoscelis antarcticus) y el papúa (Pygoscelis papua).

“Los resultados muestran que la dieta de las tres especies está compuesta por distintas proporciones de krill antártico (Euphausia superba), en un 85% en el caso del pingüino de Adelia; un 66% en el del barbijo y, finalmente, un 54% en el papúa. “Se encontraron microplásticos en un 15, 28 y 29% de las muestras, respectivamente, en las tres especies estudiadas”, señala Joana Fragão, investigadora de la Universidad de Coímbra. “La frecuencia de aparición de estas sustancias fue similar en todas las colonias, lo que nos induce a pensar que no hay un punto de origen concreto de contaminación dentro del mar de Scotia. Es necesario seguir estudiando en esta línea para comprender mejor la dinámica de estas sustancias y sus efectos en estos ecosistemas para guiar nuevas políticas de gestión en el continente antártico”, concluye Filipa Bessa, también de la Universidad de Coímbra.

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