Dedico estas palabras al profesor peruano Andrés Atachao, siempre poniendo a Perú en alto, avecindado en México, donde falleció a inicios de 2021. La bicentenaria conmemoración de los actos del célebre 28 de julio de 1821, evocando cuando el general Don José de San Martín comunicó el Acta de Independencia del Perú firmada unos días antes, está sellada en un contexto de pandemia mundial, polarización de la sociedad peruana en grado superlativo y con la investidura del nuevo presidente, el profesor Pedro Castillo. Y con la presencia de mandatarios de la región y del rey Felipe VI de España. Muchos hitos reunidos en una sola jornada.
La república hermana del Perú –muy reconocida y apreciada en México, desde donde cada vez más gente visitaba al país andino, como sucedía hasta antes de la pandemia– ha llegado a esa fecha redonda que siempre puede mover conciencias. Hace ya algunos unos ayeres conté a usted los logros de la república sudamericana que, entre otras coas, ha llevado merecidamente a la cárcel a mandatarios que lo merecieron. No se imagina usted cómo admiro el gesto y me da envidia que Perú sí se atreve, porque me gustaría ver a más de un expresidente priista mexicano refundido en el calabozo, cual lo merecen por ladrones. Perú en eso y muchos otros temas ha dado siempre lecciones de dignidad encomiables.
Existe desde luego el debate sobre la Conquista española y sus efectos allí, así como de la independencia respecto a España y sus bondades, pendientes y quimeras, tal y como se aborda en el resto de las naciones hispanoamericanas y no se rehúye la discusión; y que tal episodio, la Independencia, en América prescinde acertadamente del vocablo usado en España cada vez menos: emancipación. De emancipación, nada, porque ni temprana ni prevista. Cuba y Puerto Rico son la muestra de que jamás se pensaba soltar nada ni habría evolución natural hacia la separación frente a España, como sí lo sugiere usar el equivocado “emancipar”. Vamos, que nunca sería el tiempo adecuado como encubre el tramposillo uso de “emancipación”. Así que el Perú independiente caminó y eso, como el resto de países nuevos del subcontinente, en plan constructor de su propia realidad. En América valoramos mucho la ruptura con Europa como fragua de nuestra historia, así que nada: independencia.
Ahora gira Perú a la izquierda y considero que no lo hace ni lo hará ni como Peruzuela ni Peruba, como dicen los opositores al nuevo gobierno, perorata que oímos en México respecto al actual mandatario, llamando a México Venezuela del norte y otras zarandajas. Son tan ocurrentes. Lo que vemos a lo lejos del Perú y se piensa fuera de sus fronteras, es que puede haber nuevos pactos sociales y reformas, pero nada que implique la campaña negra desatada contra el nuevo presidente peruano.
Ese sujeto de 51 años, portador de su vistoso y distintivo sombrero chotano –que nos recuerda la importancia de los símbolos en la cultura hispánica, a gestos que valen mucho y son especialmente importantes y parte de un discurso – llega en momentos de severa polarización como producto de las desigualdades y privilegios ya indebidos que, quiérase que no, existen como en el resto de los países de la región. Con el consiguiente debate acerca de cómo atender su desaparición. Esa herencia de pobreza que encierra más desigualdad y deja confrontadas a las clases sociales cual grupos irreconciliables, hoy clama por una solidaridad y una empatía difíciles de conciliar, pero ya impostergables. Y que Castillo no olvide que deberá buscar un equilibrio, al cotar solo con el 50% de los votos, en números cerrados. No ocupar la Casa de Pizarro, otro simbolismo.
Tengo el honor de compartir aquí las palabras de mi amiga María Teresa Sertzen, abogada peruana, que desde su apreciado país, apunta: “contar todo lo que se vive en el Perú…. Estos últimos meses hemos vivido un golpe de estado y varios intentos de vacar al presidente interino, entre otros conflictos en la política local que dejan un sinsabor en el recibimiento del bicentenario. No hay grandes celebraciones, como las que se tuvieron en México por los 200 años de su independencia (2010), si bien en parte ello se debe a la Covid-19, también es resultado del desgano de nuestras autoridades, que no encuentran cómo celebrar en medio de tanta inestabilidad.
Hace 200 años se declaró la independencia del Perú, pero aún seguimos recorriendo un camino sinuoso en la búsqueda de igualdad, justicia y derechos para todos los peruanos. Como bien nos recordó el presidente Pedro Castillo en su discurso inaugural, nuestra patria tiene una historia milenaria que viene de mucho antes. Para algunos, el tener un presidente campesino y que no proviene de las élites de poder, es motivo de preocupación; pero para otros, es la encarnación de la esperanza, pues es quién se encargará de desterrar para siempre las desigualdades que azotan a nuestro pueblo. El Perú vive una crisis sanitaria y económica, por lo que el nuevo gobierno tiene la titánica tarea de encauzar el camino hacia la estabilidad, al mismo tiempo que se enfrenta a una oposición sumamente agresiva, que ha demostrado no tener mayor interés en el diálogo. Continuar con el plan de vacunación es fundamental, pues del éxito de dicha gestión dependerá la aplicación de medidas más profundas, como la propuesta de la asamblea constituyente plurinacional, para lograr una nueva Constitución. Se vienen muchos cambios para el Perú y a todos nos toca poner el hombro”.
Por su parte, mi amigo Luis Martín, Lingán Cabrera, reconocido abogado peruano desde allá, también puntualiza: “¡¡¡Saludos compatriotas, en el Bicentenario de nuestra vida republicana¡¡¡ En memoria de quienes forjaron nuestra independencia, de quienes batallaron por consolidarla, de quienes anhelaron conmemorar esta majestuosa fecha y no lo lograron; en homenaje a quienes hacen patria día a día, por el júbilo de estar aquí al haber sorteado la pandemia, con el sentimiento en el alma. ¡¡¡Feliz Bicentenario Perú¡¡¡”.
A ambos externo mi agradecimiento por estas aquí con todos nosotros.
De manera tal que una conmemoración de tal magnitud es inevitable que mueva a repasar una historia prolongada, sus aciertos y desaciertos y considero que en Perú prevalecen los primeros. Como todos los países de la zona, tiene sus más y sus menos, pero ante todo el indeclinable ánimo de persistir en sí mismo y con la dignidad de perpetuar su identidad, una senda siempre compleja de seguir al construir patria. Perú es una nación respetada y de tal solo podemos expresar los mejores sentimientos hacia ella. Enhorabuena por este bicentenario y que consiga mejores estadios. Lo merece. Como merece que Perú valga un Perú…para los propios peruanos.