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ESCRITO AL RASO

Cuestión de números

David Felipe Arranz
lunes 09 de agosto de 2021, 20:44h
Actualizado el: 08/09/2021 21:07h

La nueva ministra de Educación, Pilar Alegría, se ha estrenado con ídem en el gremio educativo gracias a una nueva orientación de la asignatura de matemáticas: a los saberes básicos del sentido numérico, la medida, el espacial, el algebraico, el computacional y el estocástico –el de la interpretación de datos– ha añadido “el socioemocional”. Eso está muy bien, empezando por las cuentas de los partidos, que casi nunca salen. Y es que en todo esto hay un equívoco, que es el del “magisterio” de quienes nos gobiernan y sus contraejemplos de humanidad. Porque cuando llegan al poder, a la mayoría de los políticos, salvando a los ricos de cuna, no les encajan los números de sus respectivos y anteriores ingresos. Entonces dejan de sentirse fatalmente masa y se entregan al imaginativo universo de los sueldos políticos, al delicioso y acre olor del euro.

El sueldo anual de la ministra es de 74.856,16 euros brutos y el de un vicepresiente segundo, de 79.746,24 euros. El 18 de octubre de 2015, el entonces candidatísimo y actualmente “missing” fundador de Unidas Podemos le decía al también hoy fugado Albert Rivera en “Salvados”: “mientras en mi país la mayor parte de la gente no se puede ir de vacaciones y no cobra más de mil euros, yo no puedo cobrar cuatro mil…”. Por la boca muere el pez. Las matemáticas que los políticos quieren conocer es la de la avidez por la cifra, el salario, el tintineo del euro, el sentido económico de sus cosas –no de las de los demás–, actitudes que, efectivamente, tienen que ver con “una actitud proactiva ante nuevos retos”, si bien el texto ministerial se equivoca al calificarlos de “matemáticos”, siendo más bien los “lucrativos” los que interesan aquí. El ministro –ahora ministra– de Sanidad recibe al año un estipendio de 74.858,16 euros brutos, y aquí paz y después gloria cien mil muertos mediante.

Sigue el nuevo currículo describiendo la necesidad de que con las matemáticas se desarrollen “destrezas personales” para “reconocer las fuentes de estrés, mantener una actitud positiva, ser perseverante y pensar de forma crítica y creativa”. Naturalmente, a sus señorías les gustan las matemáticas, en cuyos cuadernos navega aún hoy Luis Bárcenas las cuentas del PP, que naufraga en ellos cada vez que alguien comparece en los juicios de la contabilidad B del partido conservador. Esas cuentas, esas sumas y restas, esas divisiones y multiplicaciones, son las que conmueven de verdad al político en ejercicio, que se nos vuelven Midas y Caco, perdidos en el mare nostrum de las matemáticas de la tesorería. La corrupción sistémica en nuestro país –Gürtel, Nóos, ERE andaluces– sí encaja irónicamente en eso que propone ahora la ministra de la “ocasión para crecer de manera personal”. Por eso, de repetir curso ni hablemos; un año, como mucho y “de forma excepcional”. Después del cole viene el dinero, que es la apoteosis del saber humano, el que hace al hombre trascendente, importante y VIPérrimo; incluso patriota. El paria no cuenta salvo para el timo de la estampita en tiempo electoral: un pobre es un voto.

Viste mucho el didactismo con los infantes, estrenarse con retos matemáticos, perspectivas de género, oportunidades de aprendizaje y aprender una variedad de emociones; pero cuando el niño se haga hombre y vea en el telediario el sindiós que tienen montado quienes se reparten el Poder en nuestro país, el latrocinio de la clase extractiva, igual llegan a la conclusión de que se les ha tomado el pelo en la escuela. La educación va así camino de convertirse en una superstición más, como las cartas, las runas o la quiromancia. Empiece mejor, doña Pilar, por reeducar a quienes meten la mano en la caja y entienden las matemáticas de forma “creativa”, porque los demás nos empezamos a cansar de tanta majadería: todos sabemos que las matemáticas no van contra el hombre, mientras que gran parte de nuestros políticos van contra el sentido ético de la existencia, de la verdad y del servicio a la ciudadanía. Ay, la ética escapadiza del partido; ay, el tentador caudal del erario público que pasa, abundante como un torrente, llevándose a la mar los pelillos de la moral. Cómo hiere la ambición de los palacios venideros, los yates, los chaletes, las clínicas donde lo curan a uno al lado de un monarca y los colegios bilingües y privadísimos. Ellos, que han hecho la carrera (de San Jerónimo) nos sonríen con dulzura, mientras contemplan el refulgir del oro fatigado del Poder. Nadie ha cuestionado la belleza de las matemáticas, ministra. La política, en cambio, es otra fealdad más. Y ambas, eso sí, son cuestión de números.

Twitter: @dfarranz

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