Miles de personas, occidentales y afganos que colaboraban con ellos, abarrotan los accesos, controlados por el nuevo régimen.
Al menos siete civiles afganos han muerto cerca del aeropuerto de Kabul en medio del caos que se vive por el férreo control que los talibanes imponen en las carreteras de acceso, donde miles de personas se amontonan huyendo de las represalias por haber trabajado o colaborado en los últimos años con “las fuerzas de ocupación”.
El Ministerio británico de Defensa, que no aportó más detalles de cómo han sido las muertes, señalaba en un comunicado: "Nuestros pensamientos están con las familias de los siete civiles afganos que tristemente han muerto entre la multitud en Kabul. Las condiciones sobre el terreno siguen siendo de extremo desafío".
Las condiciones de acceso al interior del aeródromo son extremadamente difíciles porque los talibanes repelen con disparos, unas veces al aire y otras no, la avalancha de afganos y trabajadores extranjeros que esperan desesperados para salir del país. Así, Bélgica pudo este sábado llenar uno de sus aviones de evacuados después de que en dos anteriores uno volviera a Europa con 16 personas y otro vacío.
Del mismo modo, la evacuación de estadounidenses y de sus colaboradores afganos transcurre también a un ritmo menor al esperado por lo que han llamado una situación de seguridad en Kabul "extremadamente dinámica". Washington ha tenido que mandar refuerzos militares para garantizar la seguridad del aeropuerto tras la rápida caída de la capital en manos de los talibanes y ahora se plantean ampliar el plazo del 31 de agosto para culminar el repliegue de tropas de Afganistán.
Para evitar episodios violentos, EEUU aconseja a sus ciudadanos que no se acerquen a las instalaciones del aeropuerto hasta que no reciban instrucciones individuales. No descartan que los soldados salgan para recogerlos. El Pentágono indicaba este sábado que la cifra total de evacuados en la última semana era de 17.000 personas, por debajo de lo previsto.
Por ello, se intenta coordinar la salida de un aeropuerto con más aviones que pasajeros mientras en la ciudad los talibanes continúan la búsqueda “casa por casa” de los colaboradores y traductores afganos que trabajaron con Occidente durante los últimos 20 años.
Amnistía Internacional denunció que "combatientes talibanes" perpetraron recientemente "una masacre" contra hombres de la minoría étnica hazara en el centro del país e indicó que "la brutalidad y sangre fría de estos asesinatos recuerda el historial de los talibanes y es un espantoso indicador de lo que podría suceder con el Gobierno talibán".
Muchas personas que trabajaron para el gobierno afgano durante este tiempo están escondidos y tienen miedo de que vayan a sus casas para sacarlos por la fuerza o simplemente matarlos. Ya hay denuncias por desaparición y los medios de comunicación audiovisuales han mostrado imágenes de talibanes entrando a las casas a patadas en busca de los colaboradores y sus familias.
El diario The New York Times revelaba esta semana que los talibanes están buscando a personas que han trabajado con las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán para interrogarlas y castigarlas, y han amenazado con matar o arrestar a sus familiares si no las localizan.
El NYT cita como fuente un documento confidencial de Naciones Unidas, según el cual los talibanes tienen una lista de personas y localizaciones, y han ido puerta por puerta "arrestando y/o amenazando con matar o arrestar a miembros de la familia de las personas objetivo a menos que se entreguen ellos mismos a los talibanes". SE apunta igualmente, que están en especial riesgo los miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía afganas, así como personas que trabajaron para unidades de investigación del Gobierno derrocado de Ashraf Ghani.
La Comisión Europea ha instado a la comunidad internacional a ofrecer "rutas legales y seguras globales" para los que huyen del conflicto en Afganistán para evitar que “caigan en manos de los que se dedican a la trata y tráfico de personas". La UE cifra en 3,7 millones de personas los desplazados internos en Afganistán, un 80% de ellos son mujeres y niños, "los más vulnerables", por lo que se compromete a incrementar el presupuesto comunitario de 57 millones de euros para organizaciones humanitarias.