El presidente del Gobierno no puede escabullirse de acudir al Congreso de los Diputados para explicar, tanto a los diputados como a la opinión pública, las crisis de Afganistán y el histórico incremento del precio de la luz. Los líderes europeos, como Merkel y Macron ya lo han hecho sin necesidad de que se lo exigiera la Oposición. En España, ni por esas.
Pedro Sánchez no puede limitar su actividad política a aparecer cuando le conviene para pronunciar discursos autocomplacientes sobre “los éxitos” que dice cosechar el Gobierno. Está obligado a comparecer en el Parlamento para informar con detalle de las gestiones sobre acontecimientos como la evacuación de Afganistán y las supuestas medidas que piensa tomar el Ejecutivo para frenar el desbocado incremento del precio de la luz. Y está obligado también a escuchar las propuestas de la Oposición, además de contestar a las críticas por su retraso en abandonar La Mareta.
Pedro Sánchez manda al Hemiciclo al ministro de Exteriores y a la ministra de Transición Ecológica para que informen de Afganistán y de la luz. Porque el presidente del Gobierno ya ha aparecido, en sus comparecencias programadas (y televisadas) media docena de veces en Torrejón recibiendo a los refugiados o una mañana con los damnificados del incendio de Ávila. Ya ha informado ampliamente de los éxitos de todas sus gestiones. En la evacuación de más de 2.000 personas de Kabul y en el precio de la energía. Sin olvidar su “cogobernanza” contra la pandemia, el mayor galimatías autonómico y judicial que se conoce. Pero desprecia al Parlamento, porque no admite que la Oposición le critique.