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DESDE ULTRAMAR

11-S: y transcurrieron 20 años

Marcos Marín Amezcua
jueves 09 de septiembre de 2021, 19:53h

Y se fueron como agua desde aquel martes 11 de septiembre de 2001, una fecha que cimbró al mundo y modificó inexorablemente el previsible curso de los acontecimientos en los amanecientes nuevos siglo y milenio. Nada fue igual desde entonces y sus alcances siguen resintiéndose hasta hoy, de múltiples maneras.

Referir el 11-S en español es tanto como evocar un acaecimiento fácilmente reconocible. El numerónimo (extraño e inquietante vocablo sensacional, sí) que no es otra cosa que palabras que incluyen números, resulta de lo más habitual, como en inglés escribir el clásico 9/11. Y se entiende perfectamente a qué se laude. Las fotografías del inicuo suceso poseen una nitidez escalofriantemente actual. De esas veces que lo hesterno es de un hodierno imperecedero. El cerúleo cielo neoyorquino rasgado por aquella interminable doble humareda, es imborrable. Una sensación de pesar me sobrecoge al ver alguna película que las inmortalizó.

Hace 10 años en este mismo espacio, El Imparcial, de Madrid, escribí: Fue indescriptible el estupor que me causó ver aquellas dramáticas escenas en las que caían una a una, las Torres Gemelas de Nueva York; portento que me quedé sin conocer y que todos aquellos que sí las ascendieron hasta su cima, me las describieron, admirados; y recordando su desplome apabullante aquella mañana septembrina del año uno, me evocan lo que me pregunté entonces: ¿cómo explicaremos al mundo del futuro que unos terroristas derribaron esas moles, iconos del capitalismo estadounidense? Las inauguró de forma triunfalista y rampante en 1973 –posicionándolas como su mejor despliegue de poderío y solidez – y las vio abatidas en 2001. Tremendo.” Y me pregunté para mí y hoy lo externo si sería lo último edificado que veríamos desplomarse en un atentado.

El abatimiento de aquellos armazones inexpugnables lo era de muchas cosas más. Ya expresé que me pregunté entonces al mirar azorado los increíbles momentos del colapso de aquellas ciclópeas estructuras siniestradas, cómo se abordaría el asunto en el futuro. La respuesta aún no me convence del todo, acaso no ha llegado, visto aquello un poquito desde este futuro entonces inimaginable. Traigo aquí el recuerdo indeleble de un encuentro casual en las semanas siguientes, con una estimada profesora estadounidense a quien pregunté –en medio del debate sobre qué poner en el espacio aquel, otrora ocupado por aquellos colosos– qué consideraba ella que se haría en aquel predio colmado de retorcijos y cascajo que estrujaban conciencias: “no lo sé” me dijo con cierta acritud en su perfecto español, “pero estoy segura de que algo haremos, algo se edificará allí”. Su coraje manifiesto era el de un pueblo que, hay que reconocerlo, sabe levantarse. Y lo hizo. Con los años vimos alzarse la Torre de la Libertad y ahí sigue, aleccionando. Cierto es que el horizonte o perfil urbano que delinea y remata de la afamada Gran Manzana no ha sido igual desde entonces y a mí, personalmente, no me parece tan espectacular, estética y rotunda la espiga sustituta de aquellas. Cuando cayeron, recién había adquirido un libro de rascacielos de NY que las ilustraba en su portada. Lo atesoro como una reliquia, por ser un sueño que sí fue. Aún siento escalofríos cuando miro el ejemplar.

En este vigésimo aniversario tengo el gran honor de presentar a ustedes las palabras de mi apreciado amigo Víctor Rodríguez, quien nos expresa sus consideraciones desde el mismo corazón de Manhattan, donde radica: “Tuve la oportunidad de conocer las Torres Gemelas en septiembre de 1996; una imponente construcción, con un mirador espectacular que aparte de ser un atractivo turístico era uno de los símbolos de la ciudad de Nueva York; nunca me imaginé lo que pasaría 5 años después.

Visité nuevamente el sitio en el verano de 2003 y era impresionante ver, casi 2 años después de los ataques, los escombros, los impactos en los edificios anexos, y, sobre todo, la sensación tan especial y sombría que se percibía en el lugar no solo de lo que fue el World Trade Center, sino de toda el área impactada.

Este evento tuvo repercusiones de todo tipo, ampliamente documentadas, pero una década después cuando llegué a vivir a NY, una de tantas cosas que fui conociendo y que realmente me impactó fue la huella que dejó en los habitantes de la ciudad y la región; ya que con la mayoría de la gente que hablaba –sobre todo alrededor del aniversario– cuando se tocaba el tema, muchos de ellos o alguien de su círculo cercano habían perdido a un familiar, a un amigo, a un cliente, a un proveedor, a un compañero de escuela o a algún servidor público al que conocían habiendo sido bombero, policía, paramédico, etc.

Y después, siempre ha sido interesante conocer las historias de la gente que trabajando en aquellos dos titanes salvó la vida de manera circunstancial, ya sea por perder el tren, quedarse atorado en el tráfico, tirarse el café encima y tener que regresar a cambiarse, tardar más de lo normal comprando su desayuno, por tener una cita en la escuela de los hijos y tantas otras, incluso, como de algunos que fueron rescatados.

Cada aniversario se realiza una ceremonia donde se recuerda a las personas que fallecieron recitando sus nombres, con la presencia de autoridades y con sobrevivientes y familiares. Esto tiene lugar en el sitio donde hoy se encuentra el “Memorial” en que se ubican las fuentes cuadradas de color negro que “lloran infinitamente” con sus cascadas y cuyo entorno está enmarcado con placas metálicas que contienen los nombres de las víctimas en bajorrelieve y donde la gente coloca flores, banderas o recuerdos en los aniversarios o fechas especiales. Y el día culmina con 2 iluminaciones magnas de color azul que se proyectan hacia el cielo simulando la silueta de las Torres en el lugar que un día ocuparon.

En el sitio también se abrió un museo, impecablemente montado y documentado con restos, fotografías, video, que lo vuelven muy emotivo y para mucha gente es muy difícil de recorrer. En las dos ocasiones que lo he visitado he visto gente llorando o teniendo que salir antes de terminar el recorrido por el efecto emocional que les trae recordar los eventos y a sus familiares o amigos. El sitio hoy en día con el memorial, las fuentes, el museo y el nuevo World Trade Center es un reconocimiento de la resiliencia de Nueva York y de sus habitantes.

En este 2021 se conmemora el 20 aniversario y se retomarán los tradicionales ceremoniales, con las restricciones propias de la pandemia que en 2020 afectó profundamente y volvió a poner a prueba a Nueva York y sus habitantes”.

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