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TRIBUNA

Paso a paso entre tropiezos

jueves 16 de septiembre de 2021, 20:06h

Desde siempre, la poesía fue indiscreta e incómoda para los poderes de turno. No tuvo reparos en pisar por lodazales y embarrarse hasta las narices. Nunca le esquivó el cuerpo a lo cotidiano. Sobran los ejemplos. Nicanor Parra (1914-2018), rebelde y seductor poeta chileno, dueño de un lenguaje coloquial y rupturista en el que no faltan ni los dichos populares ni los elementos de ocasión; en algunos casos ajenos o reñidos con la lírica, fue el creador de lo que él llamó la “antipoesía”, impulsando de esta manera, una nueva forma de hacer poesía. Si bien era novedoso e indiscutido lo suyo, sobre todo la teoría que desarrolló, muchísimo tiempo antes de su propuesta -vale reconocerlo-, los aedos se habían metido en los vericuetos de la pura existencia. Fácil de explicar, ya que la poesía también es crónica de época y arma para enfrentar una actualidad opresiva para el hombre sensible. Horacio, Virgilio, todo el Siglo de Oro y el Romanticismo, pasando por el Modernismo, el Surrealismo y no sé cuántos ismos más, se han atrevido a criticar un mundo siempre conflictivo y rasante, que estremece y enerva.

Mi amigo Luis Alposta, poeta de Buenos Aires y por ende universal, buen hurgador de cosas más que interesantes, que las brinda generosamente en sus ya famosos Mosaicos porteños, y con el que comparto un idéntico amor por el tango y la lírica popular, me hizo llegar este poema de Guillermo Aguirre y Fierro, un vate mejicano, vastamente reconocido en la literatura de su patria, que nació en 1887 y se unió a los más en 1949. Los versos de su poema “La elección” encajan justo para estas bochornosas votaciones que se harán este domingo en la vapuleada Argentina, un melancólico país donde sus mediocres políticos, sistemáticamente lo vienen hundiendo desde hace décadas. Van los versos de don Guillermo:

El león falleció. ¡Triste desgracia!

Y van... con la más pura democracia,

A nombrar nuevo rey los animales.

Las propagandas hubo electorales;

Prometieron la mar los oradores,

y… aquí tenéis algunos electores:

Aunque parézcales a ustedes bobo

Las ovejas votaron por el lobo.

Y como son de buenos corazones

Por el gato votaron los ratones;

Y a pesar de su fama de ladinas

Por la zorra votaron las gallinas.

La paloma, que sabemos inocente,

Inocente votó por la serpiente;

Las moscas, nada hurañas,

querían que reinaran las arañas.

El sapo ansía, y la rana sueña

Con el feliz reinar de la cigüeña;

Con un gusano topo

Que a votar se encamina por el topo,

El topo no se queja,

Más da su voto por la comadreja;

Los peces, que sucumben por su boca,

Eligieron gustosos a la foca;

El caballo y el perro, no os asombre,

Votaron ambos por el hombre,

Y con dolor profundo,

Por no poder encaminarse al trote,

Arrastrábase un asno moribundo

A dar su voto por el zopilote.

Caro lector que inconsecuencias notas,

Dime: ¿no haces lo mismo cuando votas?

Versos aparte, o todo lo contrario, agreguemos que las elecciones primarias, también llamadas “primarias abiertas, simultáneas y obligatorias” (PASO)​ fueron creadas por nuestros ociosos políticos en el 2009, tras la aprobación de la Ley Nº 26.571. En las mismas se definen básicamente dos cuestiones: “qué partidos están habilitados a presentarse a las elecciones nacionales, que según la ley son aquellos que obtengan al menos el 1,5 % de los votos válidamente emitidos en el distrito de que se trate para la respectiva categoría. También allí queda definida la lista que representará a cada partido político, de ahí lo de internas abiertas”, que cuestan una fortuna a una nación que registra más de un 50 por ciento de pobreza y la peste ha quitado la vida a más 110 mil almas.

Ahora bien, ¿cuánto cuestan las famosas PASO? Según una aproximación superan los 10.000 millones de pesos, una altísima cifra que el Estado podía haber ahorrado en estos tiempos de pandemia. Recursos que se hubieran podido destinar a otros programas más esenciales. Si bien no está aclarado en el presupuesto 2021, la partida global del Ministerio del Interior, en un año de dos elecciones (y eventualmente tres comicios, como casi con seguridad ocurrirá en 2023, ya que se debe incluir un eventual ballotage), se calcula en un 60 por ciento el costo de estas PASO. Esto tiene que ver, además, con la erogación en la impresión de boletas superiores a las de una elección general, entre otros aspectos no menos onerosos. A eso tampoco se suma la publicidad en todos diversos medios de difusión, que alcanza cifras siderales.

Calculando dichos costos, el buen sentido común, nos dice que esos fondos podían haber servido en estos tiempos de pandemia para cubrir algún tipo de asistencia social, por ejemplo. Por caso, significaría un mes de aporte para el esencial programa de Políticas Alimentarias del Ministerio de Desarrollo Social, que tiene un global de 130 millones de pesos estipulados para el año vigente y anda flotando entre la cuesta y el pértigo. El desglose total de la partida electoral incluye otros ítems no menos superfluos, que no vienen al caso en esta reseña. Pero que suman, no hay duda.

Tanto la elección primaria como la general son obligatorias para todos los ciudadanos naturales o naturalizados en la República Argentina, estén o no afiliados a algún partido político. Un verdadero disparate. En otro sentido que tengo qué ver yo con las internas de numerosas corporaciones políticas. Para poder participar en las elecciones generales, cada agrupación debe obtener en las elecciones primarias al menos el 1,5 por ciento de los votos válidos totales por categoría. Este mecanismo es solo para autoridades nacionales, y cada provincia y/o municipio puede desdoblar sus elecciones (fijarlas en fechas diferentes), gastos incluidos, por supuesto.

Otras características novedosas con la implementación de las PASO son la existencia de padrones mixtos y Autoridades de Mesa Voluntarias. Todo muy democráticamente correcto, pero qué costo tienen estas jugarretas políticas para un país en ruinas como la dolida Argentina que aún no ha salido de la dramática situación como consecuencia de la pandemia.

De esta manera, el año económico y financiero de la Argentina estará partido en dos y con un antes de las PASO y un después de las PASO. Abrumado por una campaña electoral patética y desorientadora, en la que no hay propuestas sino agresiones entre uno y otro bando, la pregunta que queda en pie es qué deja en limpio tamaña mediocridad de los protagonistas en el mostrador. Sin embargo, el daño que se le hace a votantes y a las cuentas del país es tremendo; nada es transparente ni ayuda a despejar la desconfianza interna y externa, ni otorga un valor más real a las palabras. El tremendismo que aportamos los argentinos como sociedad tampoco es positivo. Hay expresiones que pesan mucho en términos nominales, pero aportan poco o nada en términos reales. La distancia que hay entre las especulaciones pasadas de un potencial default, a la realidad de un paquete fiscal que aportará 1,5 por ciento del PBI es demasiada como para ignorarla.

Con la mirada puesta hacia atrás, se exacerba una grieta que es el peor negocio para la economía. Estas PASO, junto al fabuloso costo que ocasionan, fertilizan un inoportuno enfrentamiento en un momento en que la dirigencia debería pregonar la unidad. Tampoco ayuda el secretismo con el que el actual gobierno procesó sus decisiones, así como la escandalosa participación que tienen sus equipos en este insólito zafarrancho nacional de gastos y más gastos; obviamente innecesarios, tan solo para satisfacer vanidades personales.

Poetas, las puertas están abiertas. La suerte está echada y, como concluye Nicanor Parra en su acusativo poema “Los vicios del mundo moderno”:

La verdad, como la belleza, no se crea ni se pierde
Y la poesía reside en las cosas o es simplemente un espejismo del espíritu.
Reconozco que un terremoto bien concebido
Puede acabar en algunos segundos con una ciudad rica en tradiciones
Y que un minucioso bombardeo aéreo
Derribe árboles, caballos, tronos, música.
Pero qué importa todo esto Como queda demostrado, el mundo moderno se compone de flores artificiales
Que se cultivan en unas campanas de vidrio parecidas a la muerte,
Aspiremos este perfume enervador y destructor
Y vivamos un día más la vida de los elegidos…

Por todo lo cual
Cultivo un piojo en mi corbata
Y sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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