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ENTREVISTA

Hugo Liaño: "Gaudí nunca fue separatista, como algunos dicen"

El doctor y escritor Hugo Liaño.
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El doctor y escritor Hugo Liaño.
EL IMPARCIAL
lunes 27 de septiembre de 2021, 16:06h

Tras ejercer durante más de cuatro décadas como profesor en Neurología de la Universidad Autónoma de Madrid y más de 30 años como jefe del mismo área en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, el prestigioso doctor Hugo Liaño (Zaragoza, 1941) se lanza a publicar su segunda novela, Desaparecida: la verdadera historia de Cataluña (Círculo Rojo, 2021).

El también autor de Cerebro de hombre, Cerebro de mujer; El conflicto de los sexos o Crónica de Mariana Garcetas, ofrece en este nuevo libro una curiosa, y casi surrealista, aproximación al conflicto independentista de Cataluña. En él, un resucitado Antoni Gaudí hace desaparecer varios lugares emblemáticos de Barcelona, como la Sagrada Familia o el Camp Nou, para castigar a un movimiento separatista que, finalmente, se ve forzado a buscar la independencia fuera de la península.

¿Qué lleva a un reputado neurólogo a escribir sobre algo tan alejado de su campo?

Siempre tuve la dualidad del interés por la ciencia y por la literatura. Ello ha tenido su ventaja y su desventaja; digo esto, porque la formación científica me ha llevado a escribir con absoluto rigor, tanto en el empleo de las palabras como en las descripciones históricas; éstas, siempre documentadas. Y por ende, este rigor, resulta incómodo a muchos lectores.

El hecho más notorio del libro, en torno al que gira la trama, es la desaparición de diferentes monumentos icónicos de Barcelona, como la Sagrada Familia, el Parque Güell o el Camp Nou. ¿Qué representan estos intrigantes sucesos?

Se trata de pretender sorprender al lector con estas intrigantes desapariciones y el motivo de las mismas. Por otro lado, esto da juego a relatos curiosos e incluso graciosos, como las apariciones de los monolitos de Gaudí –sirve además para decir que este famoso arquitecto nunca fue separatista, como algunos creen-, la gracia de seguir al comentario de la vidente con la búsqueda de la Sagrada Familia en Egipto, como en la Biblia. La broma de que la restauración del Nou Camp sea al principio el campo del Espanyol. En definitiva, a mí me pareció que las desapariciones, entretendrían y darían intriga a los lectores, que acaban en el libro por darse cuenta de que es Gaudí, desde su cielo, quien castiga los movimientos independentistas; sobre todo cuando aparece en la Abadía de Montserrat, donde parece ser que hay este talante.

En otro de los capítulos se cuenta cómo un profesor de historia se ve obligado a abandonar Cataluña debido al acoso al que es sometido por los independentistas, descontentos con su visión de la historia. ¿Denuncia que el separatismo está construyendo su propia cosmovisión?

No me parece que extrañe al lector que un profesor que explica una historia acreditada de Cataluña, que en general está falsificada, sufra las consecuencias de ello. Pero, no todo, si se fija es antipatía; hay muchas personas que, al verse convencidas por documentos y justificaciones de lo que el profesor dice, lo admiran profundamente. Lo que pasa es que, en general los hechos violentos son los más llamativos, aunque tengan menos incidencia. Caso del puñetazo que recibe el profesor en unos jardines y del cartel insultante en su casa.

¿La conexión amorosa entre el presidente y una ministra del Gobierno central acabará como la mesa de diálogo entre Cataluña y España?

Es otra gracia, sin más objeto que entretener al lector. Lo que es curioso es que se me ocurrió llamar al president en mi novela Pau (o sea Pablo) y Navarro, curiosamente cuando no era aún president Pere (es decir, Pedro), que se apellida Aragonés, para darme la razón del significado de la Corona de Aragón, no de la Confederación catalano-aragonesa, que nunca existió.

Al final de la novela se descubre que un ‘Gaudí celestial’ está detrás de las desapariciones monumentales, utilizadas como correctivo frente al movimiento secesionista. Si trasladamos esto al mundo real, ¿teme que solo un fenómeno sobrenatural sea capaz de frenar la independencia de Cataluña?

Yo, más bien, creo que frenarían el independentismo dos cosas: una, muy lenta, sería el conocimiento desde la infancia de qué es y de dónde proviene Cataluña, es decir dejar de contar falsedades históricas; otra, la pérdida económica que les sobrevendría; la prueba de esto último se entrevió en el intento último de 2017. Hasta la central del principal banco catalán se marchó fuera, por decir un ejemplo.

Por último, se aprueba una ley para que la independencia de Cataluña solo sea posible fuera de Cataluña ¿Cómo se come eso?

Lo que escribo sobre que sale una ley que dice que sólo es posible crear una República independiente de Cataluña, saliendo del territorio español (una isla en las Antillas, pongo de ejemplo), me parece casi una broma mía y carece de trascendencia.

¿Cómo relaciona esta historia con lo que está sucediendo actualmente en esta comunidad?

Yo no relaciono mi escrito con lo que está sucediendo en la Comunidad actualmente, sencillamente porque hay gobiernos independentistas y no pasan estas cosas que describo.

¿Es esta novela un aviso a navegantes?¿Con qué mensaje quiere que se quede el lector?

Soy aragonés de nacimiento, aunque he vivido muchos más años fuera de allí. Pues bien, aparte de mis sentimientos y mis recuerdos de la familia, padres, hermanos, tíos… y de los pueblos en los que estuve muchas veces en la infancia y adolescencia, hay una zona de España a la que quiero entrañablemente. Y ésta es Cataluña. Allí pase tres meses cada año en mi final de la infancia, adolescencia y primera juventud, durante unos dieciocho años; veraneaba tres meses en Cambrils, donde tuve mis primeros amorcitos del estilo de la época, con españolas y extranjeras, porque entonces empezaba el turismo de fuera de España; y durante dos veranos los pasé en el campamento de milicias universitarias llamado Los Castillejos, que estaba en la sierra de Prades, junto a Reus, y cuyo nombre se puso en honor a la batalla que ganó el general Prim, que era de Reus. En este campamento tuve diversos amigos y uno de ellos fue un cantante que después se volvería muy conocido. Yo, que ya escribía mucha poesía, las hacía para canciones que después otro músico modificaba para que este artista pudiese cantarlas. Esto lo ha llevado después muy mal el cantante, porque creía en cosas que yo era incapaz de hacer.

Una hermana mía fue muchos años, ya está jubilada, Catedrática de Historia del Arte en Cataluña y vivió siempre en Reus; a su marido, que ya ha muerto, lo conocí en el mismo campamento. Y muchas más amistades entrañables. Para terminar, los años que yo fui Presidente Nacional de la SEN (Sdad. Española de Neurología), la secretaría estaba en Barcelona y yo iba ¡cada semana! a ponerme al corriente de lo que hubiera pasado en esos días. Por cierto que tuve un encuentro muy malo contra el Delegado de Sanidad (o algo parecido) de Cataluña, porque quiso ser quien presidiese un Congreso y yo dije que tenía que ser una Ministra de Sanidad que había entonces en el Gobierno Central. Aquel señor se llamaba Trías y en la novela mía aparece un personaje con un grado menos, ya que lo llamo Bías.

¿A quién le recomienda especialmente la lectura de Desaparecida?

Sinceramente a todos… ¡y todas!, como hay que decir ahora. Pero eso depende de la publicidad, porque hay personajes muy populares que escriben vulgaridades y tienen éxito, por ser conocidos. Lo contrario me puede suceder a mí.

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