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Ensayo

Fernando Peña: Flaubert y el viaje a Oriente

domingo 10 de octubre de 2021, 20:51h
Fernando Peña: Flaubert y el viaje a Oriente

Fórcola. Madrid, 2020. 368 páginas. 26,50 €.

Por Luisa Martínez

Todos nos imaginamos a Gustave Flaubert encerrado en Croisset, esa casa de campo comprada por su padre, donde el autor de la celebérrima novela Madame Bovary primero pasaba sus veranos y luego convirtió en su santuario, en su torre de marfil donde dedicarse en cuerpo y alma al paraíso e infierno que supone la creación. En Croisset, a la luz de las velas hasta bien entrada la madrugada, buscaba ansiosa y obsesivamente le mot juste (la palabra exacta). Y así podía pasarse veladas y veladas este sacerdote de la literatura.

Pero existe un Flaubert, quizá menos conocido que ahora nos describe minuciosamente el escritor y docente Fernando Peña (Castellón, 1971) en su ensayo Flaubert y el viaje a Oriente, que, al hilo de segundo centenario del nacimiento del autor francés, nacido en Ruán el 12 de diciembre de 1821, nos llega de la mano de Fórcola, en una edición preparada con la pulcritud que caracteriza a esta editorial independiente, y enriquecida con material gráfico. Es el Flaubert viajero, en concreto, el Flaubert que realiza un gran periplo, en cierta forma un Grand Tour como el que popularizaron los viajeros ingleses, muchos de ellos de cuna aristocrática que completaban así su exquisita educación, o escritores que hacían de su recorrido la materia para un libro. Pero en este caso, el destino no es Europa, la visita a algunos de sus diferentes países, sino el exótico Oriente, La oportunidad de realizar ese viaje fue un regalo, quizá de los faraones que le esperaban con una paciencia de siglos, sabedores de que en el corazón de Flaubert había prendido la llama oriental desde hacía tiempo. Quizá también perseguía ahogar la pena por la tristeza que le ocasionó que La tentación de San Antonio no fue precisamente acogida con entusiasmo por sus amigos.

Flaubert no se embarcó en solitario en esta aventura que duró casi dos años, entre octubre de 1849 y junio de 1851. Le acompañaba su amigo Maxime Du Camp, también escritor y uno de los fundadores de la influyente Revue de Paris, en la que apareció primeramente por entregas Madame Bovary, y sobre todo fotógrafo, pionero de las primeras imágenes de Egipto que llegaron al Viejo Continente. El viaje comprendía visitar Egipto -un recorrido por el delta del Nilo, el Cairo y, naturalmente, las ineludibles pirámides-, Tierra Santa, Constantinopla, Grecia e Italia.

“El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos”, leemos en El Quijote. A Flaubert esto también le sirvió, según estudia y defiende Fernando Peña, para encontrar su voz definitiva y única como escritor: “Solo tras haber vivido Oriente -sentencia Peña-, Flaubert supo explorarse a sí mismo y se retiró a su refugio de Croisset a vivir una vida en relación íntima y total con la escritura”.

El trabajo de Fernando Peña analiza perfectamente esa “fuente de todos los sueños”, como se subtitula su libro, que fueron las tierras orientales para Flaubert, y se lee como una novela con un protagonista de excepción. Además de resultar el complemento imprescindible si queremos adentrarnos en las páginas del Viaje a Oriente del ermitaño de Croisset.

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