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Relatos

Haruki Murakami: Primera persona del singular

domingo 10 de octubre de 2021, 21:11h
Haruki Murakami: Primera persona del singular

Primera persona del singular. Traducción de Juan Francisco González Sánchez .Tusquets. Barcelona, 2021. 288 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El gran escritor japonés regresa con una colección de extraordinarios relatos para disfrutar con calma. Por José Pazó Espinosa

Resulta que, en este tiempo de desaparición del género epistolar de nuestras vidas, en estos momentos en los que recibir un sobre con nuestro nombre es sobre todo una experiencia inquietante (¿qué querrá el banco?, ¿qué pedirá hacienda?, ¿qué multa me habrá llegado?), cuando las cartas han pasado de ser un modo de comunicación íntima a un objeto oficial de asuntos serios y peticiones apremiantes, resulta que yo tengo un cartero ilustrado. Hace tiempo que se me presentó como amante de la literatura, de la poesía y de la literatura japonesa, en particular del haiku. Resulta además que, José María, como se llama mi cartero, conocía algún escrito mío, algo altamente improbable, por no decir casi imposible, y en cualquier caso rozando lo absurdo. Y resulta que los libros que reseño o critico desde mi pequeño rincón madrileño me llegan de manos de este delicado y culto cartero, dentro de un sobre almohadillado de color mostaza, que deposita en las mías (o en el suelo de la entrada si no hay nadie en la casa) con una amable sonrisa medio escondida tras sus gruesas gafas. Y resulta que yo, cuando abro el sobre, deseo y temo a partes iguales que ese libro sea de Haruki Murakami.

Si lo deseo, es porque me gusta su literatura, la levedad de sus historias, sus juegos de identidades, la juguetona mezcla, no diría de realidad y fantasía solo, sino de consciencia e inconsciencia, ese carácter onírico que tiñe siempre sus relatos; si lo temo, es porque esa lectura siempre se acaba, y me encuentro deseando más, algo impropio en un crítico que intenta ser severo, por muy humilde y modesto que sea. Así que hace unos días, mi cartero amante de la literatura y de la escritura depositó en mi pequeño patio delantero, bajo un bambú un tanto rebelde, un sobre color mostaza, y cuando lo abrí apareció su nombre: Haruki Murakami, Primera persona del singular, en letras blancas sobre la imagen de una chica multicolor con una bolsa con el dibujo de un disco y unas palomas revoloteando alrededor. El libro, de Tusquets, me era tan familiar como siempre, con la portada satinada no tan de mi gusto, pero con la misma buena calidad editorial acostumbrada. Y tras dejar mis cosas y lavarme las manos, me serví algo frío de beber, me preparé unos frutos secos y me dispuse a leer lo último de Murakami traducido al español, reclinado en una tumbona en la tranquilidad del patio trasero.

Este libro es una recopilación de ocho cuentos del autor, y su título es también el del último cuento de la compilación. Al repasar el índice, recordé que el cuarto cuento, “With the Beatles”, lo había leído ya en The New Yorker durante el confinamiento, en su edición digital. Me había dejado un buen recuerdo. Así que comencé mi ya ritual y acostumbrado viaje onírico por los familiares recovecos de la mente de Murakami.

El primer cuento, “Áspera piedra, fría almohada” es en realidad el título de un libro de poesía tanka japonesa que una pasajera conquista femenina le regaló al autor. El relato está tejido en torno a la peculiar conducta amatoria de esa mujer, junto con el recuerdo de algunos de los poemas de aquel libro artesanal y cosido con hilo de cometa, que el narrador guarda en un cajón. Percibí en él una sutil reflexión sobre el valor de la escritura, sobre la futilidad de la memoria asociada a los recuerdos íntimos e inexplicables, aleatorios. Saboreé también ecos del magnífico libro de poesía El aniversario de la ensalada de la inclasificable Tawara Machi, quizá el mayor éxito comercial de un libro de poesía en el mundo.

Tras este inicio, la lectura comenzó de forma ligera y morosa en el segundo cuento, “Flor y nata”. Partiendo de un escenario contemporáneo, de una cita frustrada con una amiga, Murakami y su narrador nos llevan de la mano a uno de los corazones del zen, el koan, el acertijo verbal encaminado a desmontar la lógica mental: “¿puedes imaginar un círculo con muchos centros?” Como en el zen, la revelación viene de un vacío creado por las circunstancias y de un viejo maestro camuflado que desaparece tras cumplir su función. En sus obras novelísticas, Murakami ya había dado pistas de su interés en el zen, siempre de forma indirecta, y siempre situado en un escenario contemporáneo.

A continuación, en “Charlie Parker Plays Bossa Nova”, el narrador introduce al lector en un semisueño que acaba en sueño relatado en primera persona. Y en otra de sus pasiones, la música de jazz y un posible disco de Charlie Parker, insertados en la vieja cuestión sobre la naturaleza de la realidad y del sueño, y de sus misteriosas relaciones. El cuento está construido en forma de muñecas rusas, con una realidad dentro de otra, y con otra coda final en forma de una curiosidad que el lector puede encontrar en youtube: un músico polaco, Milosz Konarsky, decidió crear ese disco imaginario, pero con composiciones suyas, en homenaje a esa realidad inexistente.

Tras el jazz, nos trasladamos a la música pop. “With the Beatles” está, como todos, narrado en la primera persona del singular, y nos introduce en un recuerdo de juventud y en las imprevisibles consecuencias de nuestros actos. Es un cuento, como casi todos en esta recopilación, de adolescencia e iniciación, y en él subyace un peterpanismo muy de Murakami. Muchas de sus historias parecen decirnos: “lo real ocurrió en la edad de los anhelos y de la desorientación. Lo demás es memoria”.

En el resto de los cuentos, hay un poco más de los mismos ingredientes: introspección, béisbol (otro de sus amores iniciáticos) combinado con poesía algo estrambótica, más música con el “Carnaval” de Schumman, fantasía tradicional en “Las confesiones del mono de Shinagawa”, y de nuevo un mecanismo de relojería hecho con fantasía y materia del subconsciente en “Primera persona del singular”. No me resisto a incluir una cita de “Carnaval”: “Habitaba en el resquicio entre la máscara y el rostro”. Así son todos estos cuentos, pequeñas residencias en los resquicios que hay entre la máscara y el rostro.

Cuando terminé de leerlos, la noche caía sobre Madrid. Mi patio era un pozo cuadrado lleno de grietas. La oscuridad del cielo era el mejor colofón para este conjunto de excursiones casi psicoanalíticas a la juventud de cualquiera. Porque “hay ángeles bajo máscaras demoníacas y hay demonios bajo máscaras angelicales, y resulta imposible distinguirlos”. La sombra de un gato caminó lentamente por el muro este del patio. Me acordé de la eviterna disquisición sobre su Nobel. Y de la corte de escritoras jóvenes y no tan jóvenes japonesas, casi todas a su estela, surfeando su ola, superheroínas de un manga taoísta. Haruki Murakami el solitario, el eterno joven que se quedó en un punto de inflexión vital. Y entonces, antes de levantarme y entrar en casa, recordé la frase final del libro: “Adelante, ahógate en tu propia vergüenza”.

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