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EDITORIAL

El júbilo de Sánchez por la farsa de Otegui

EL IMPARCIAL
martes 19 de octubre de 2021, 11:37h

El PSOE, pese a la burda maniobra de convertirse en socialdemócrata, sigue necesitando los 5 escaños de Bildu para aprobar los Presupuestos y aguantar la legislatura. A su vez, el partido proetarra se ha instalado cómodamente en las instituciones: es socio privilegiado del Gobierno, una pieza fundamental del Ejecutivo navarro y se ha convertido en la segunda fuerza política del País Vasco.

Solo faltaba que la alianza entre Otegui y Sánchez se sellara políticamente. Y nada mejor para el presidente del Gobierno que el líder de Bildu escenificara un distanciamiento de la banda terrorista. Un distanciamiento que ha resultado tan falso como cínico. Porque el político terrorista ni ha pedido perdón a las víctimas, ni ha mostrado su arrepentimiento, ni ha condenado a la banda terrorista, ni se ha ofrecido a colaborar para esclarecer los más de 300 asesinatos que están todavía sin resolver. Se ha limitado a declarar que “nunca debió haberse producido”, como si se tratara de la erupción de un volcán que irrumpe de una manera natural e inesperada. Porque Otegui formó parte de la banda terrorista que asesinó a casi mil españoles. Y, por ello, fue condenado y encarcelado.

Hay que denunciar también el júbilo mostrado por los socialistas con el comunicado de Otegui. Y ha que aclarar que el fin de ETA no se produjo por la gestión de Zapatero, como ha alardeado el expresidente socialista. La banda terrorista ya había sido derrotada por el Estado de Derecho, por la actuación de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Por eso, Eta se rindió.

Pero ahora, los herederos de la banda terrorista han logrado colarse en las instituciones con la creación de Bildu, un partido que casualmente es esencial para que Pedro Sánchez siga en La Moncloa. Aunque las víctimas se sienten humilladas por el festejo de los socialistas tras las declaraciones de Otegui.

Mientras, el presidente del Gobierno no cabe en sí de gozo al contar entre sus socios con un partido que aparenta acatar las normas democráticas y, por lo tanto, puede pactar con un PSOE socialdemócrata. Pero la tozuda realidad indica que ni uno respeta la democracia, ni el otro es socialdemócrata. Pero su sociedad parece ser inquebrantable. Porque se necesitan.

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