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DESDE ULTRAMAR

Locuacidades de la FIFA y Mundial 2026

Marcos Marín Amezcua
jueves 21 de octubre de 2021, 20:08h
Actualizado el: 21/10/2021 20:13h

Después del torrido verano reciente con la salida de Messi del Barça (para mí, a estas alturas un cartucho quemado, sobrevalorado a su edad) y con el sarao montado para crear ese torneo extraño de la Superliga, paralelo y retador de los estamentos, de los bolsillos y sobre todo, de la UEFA y de la FIFA misma; embarrando a equipos que se creen tan superiores que olvidan que necesitan a los rivales que hagan que lo parezcan y donde al final, la cosa ha quedado bastante deshilachada, digamos escacharrada –aunque un culebrón no concluido del todo– y donde nuevamente, dígase, hay que diferenciar que una cosa es los dueños de los equipos (vgr. Real Madrid) y otra es los dueños del negocio; y así, pasado todo eso, ahora nos enfrentamos a nuevos desafíos a la lógica, a la vehemencia, a la conveniencia y al negocio mismo.

Recién, a raíz de la propuesta de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para efectuar Mundiales bianuales de fútbol, un comentarista deportivo mexicano puntualizaba acertadamente que Infantino era peor que Blatter, señalando con ello que era, digámoslo elegantemente, más voraz, que ya es decir.

Claro, Blatter acabó procesado, demostró hasta la saciedad no exenta de desvergüenza que lo de Fair Play no aplicaba para los intereses de la FIFA, como sucedió con la asignación de candidaturas mundialistas tales como la de Catar y ahora, sin pudor alguno, Infantino enseña los colmillos cuán largos los tiene.

Sí, ya es bastante que el fútbol no ha parado al cien durante esta terrible pandemia. Qué sí, que ya sabemos que es un negocio. Si pese a todo, el rubro reclamara pérdidas sería sumamente desvergonzado en afirmarlo; han podido más los intereses creados a costa de futbolistas y aficionados que la mesura y la pandemia. Que los jugadores prosiguieran laborando, que se retara los aforos recomendados, que en tantas partes se elevara los riesgos por clamar asistencia y conseguirla frente a la COVID-19 y que los dueños del negocio se significaran frente a todos, evidenciándose y confrontándose con las autoridades, dista de ser Fair Play. Ahora, el titular de la FIFA propone Mundiales cada dos años. En general, le han respondido desde distintas trincheras que es un disparate, que no es sostenible, que su despropósito sería desgastante y ajaría al futbol. El sujeto no se arredra y sostiene que su propuesta impulsaría la universalidad del balompié, léase “elevaría el negociazo a beneficios insospechados”. De comparar la inusitada iniciativa con el Súper Tazón de la NFL para tratar de convencernos ya ni hablemos, pues son dos cosas harto diferentes con dinámicas muy distintas que no merecen siquiera mezclarse ni aludirse por tratarse de una ridiculez mayúscula.

Y mientras el planeta se la juega y nunca mejor dicho, para calificar al Mundial del 22 y como cada cuatro años, unos la sufren más que otros para conseguir el pase, FIFA metida a proponer, propone otro Mundial dual, el de 2030, que sería el del centenario del certamen impulsando la candidatura conjunta de Israel y Emiratos Árabes Unidos (EAU) en un cierto aparente sí o sí. La verdad es que son muchos asegunes los que adelanta esa posibilidad. No solo es comprometer para mal la cantaleta de la supuesta rotatividad de los continentes, que vuelve el tema mucho más ilusorio en un tándem Asia-América (Qatar 2022, Norteamérica 2026, Israel-EAU 2030), sino que también es verdad que otras candidaturas para el 2030 se quedan como en entredicho. Por fuertes, débiles o quiméricas que lo fueran. Puras locuacidades de la FIFA. Y mire que yo no soy futbolero, que si no….

Y no solo es eso: tenemos severas dudas puntuales acerca de la viabilidad y pertinencia del Mundial de fútbol en los términos propuestos de ahora en adelante, tales como son el creciente número de selecciones participantes ya fijado, ver cómo se desempeñarán las que acudan a Catar con ese clima de invierno para evitar el rusiente verano de miedo, ver cómo se recibirá y se comportará la afición de y en un país árabe y, desde luego, el aún desconocido cómo vayan las relaciones no únicamente de Israel con EAU (que de momento están a partir un piñón, de no creerse, de vértigo, ya le digo), sino que también desconocemos cómo estarán entre Israel y el Mundo Árabe para entonces y si desea aquel jugar en suelo israelí. Recuerde el desdén del atleta argelino al contendiente israelí en los pasados JJ.OO. de Tokio. Así que tales relaciones de Israel con todos aquellos son de pronóstico reservado y la FIFA sabe perfectamente bien que echan chispas, son de mecha corta y en diversos partidos donde figura Israel ha tenido que disponer el jugarlos a puerta cerrada. El miedo no anda en burro y un Mundial como se propone suena osado, retador de la suerte y, si me apura, además de tentar a la suerte, retándola, también tienta al Diablo.

La FIFA debería de aprender del COI. Le ha dado la sede olímpica de 2032 a Brisbane sin nadie retándola y tendría que hundirse Australia toda para que tal edición no se verificara. Apostó a lo seguro. 2030 en Oriente Medio….Y la sugerencia de sede dual parece la única valedera para FIFA. En eso de sugerir candidatura única como pinta a serlo sí se parece más al COI reeligiendo al único candidato, el conspicuo señor Bach.

Ya que hablamos de Mundiales, la semana anterior se anunció la muy necesaria y esperada megainversión para modernizar el emblemático, pero muy avejentado Estadio Azteca, en Ciudad de México. Es que urge cirugía mayor y más cuando los estadios de las otras subsedes de 2026, Monterrey y Guadalajara, lo opacan en modernidad, aunque no posean el estruendoso prestigio del Coloso de Santa Úrsula, cual se le apoda. Los dueños solo se han dedicado a sacarle y no a meterle una inversión verdaderamente de fondo. Parece ser que ya reaccionaron. Para fines prácticos, el Mundial está al caer. Y tratándose del país que por tercera vez organizará uno, merece tal rehabilitación a profundidad, así sea uno de los tres organizadores, los países de América del Norte, donde se sitúa México y siendo un escenario dos veces mundialista (México’70, México’86).

Pinta formidable lo propuesto para 2026, no obstante que igual está por verse. Se deben analizar por igual la pertinencia que el impacto urbano y en eso están. Lo que sí es cierto es que el Azteca requiere una urgente remodelación y una superlativa mejora de conectividad. No está en condiciones y requiere eficientar sus vías de traslado, sí o sí. Y se antoja complejo contar con el gobierno para tales fines. La siniestrada Línea 12 coloca toda la atención en ella y no en planes futuros de conectividad, pensando por ejemplo, en contar con una estación del metro a sus puertas. Sueño guajiro. El debatido nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México no se construye por el Mundial, pero debería de tenerse en el horizonte, pandemias aparte, que ya Tokyo 2020 puso la muestra de estadios vacíos.

Mientras que varias ciudades estadounidenses o canadienses candidatas como subsedes, se bajan del tren de 2026 por diversos motivos –de dudas a viabilidades cuestionadas, costos o por aficiones dudosas– México no incrementa merced a esas bajas a sus sedes con sus metrólopolis, pese a su más probada tradición mundialista. Así que no se avistan cambios en las propuestas formuladas hasta ahora para desarrollar esa cosa extraña que será el Mundial tripartita de 2026, cuya principal tajada se la llevaría Estados Unidos. Falta tanto por definir y al mismo tiempo, cada vez falta menos para que se realice esa edición del año 26, que vista desde aquí a finales de 2021 ribeteado de pandemia, parece darnos más incertidumbres que certezas. Visto como está el patio, es perfectamente lógico.

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