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TRIBUNA

Si acaso

domingo 31 de octubre de 2021, 18:44h

En esto de la famosa ideología de género estoy con Shakespeare, pues no sé bien qué género dialéctico emplear con la cuestión del género, si “primero, la réplica cortés; segundo, el sarcasmo moderado; tercero, la réplica brutal; cuarto, el rechazo valiente; quinto la negativa pendenciera; sexto, el desmentido indirecto; y aun este puede evitarse con un ‘si acaso’. Este ‘si acaso’ es el único pacificador; mucha virtud hay en este ‘si acaso’[1].

Así que, si acaso, ¿qué es género?, ¿existe un género humano común a varones y varonas, o son dos géneros totalmente diferentes, genero her y género his? De ser así, ¿estaría la relación entre ambos sometida a tensiones y descalificaciones recíprocas, si acaso?, ¿es, si acaso, el género un ente metafísico abstracto, una masa social manifesteril gregaria, una determinación psicoafectiva, sentimental?, ¿es un constructo político elaborado por el poder de turno para actuar totalitariamente en nombre de la democracia, si acaso? Con tanta complicación (hoy se dice con la fabla progre que el fenómeno es muy complicado, aunque debería decirse complejo, pues ni todo lo complicado es complejo, ni todo lo complejo complicado), la cosa se tornaría irresoluble (que no es lo mismo que insoluble). En resumen, ¿es el género un concepto unívoco, equívoco o análogo, si acaso es un concepto?

La expulsión del Partido Feminista de España de Izquierda Unida, la querella criminal contra su presidenta Lidia Falcón, el acoso, insultos y amenazas graves de algunas feministas históricas por parte de otras feministas, el manifiesto contra la ley Trans de Irene Montero hecho por feministas del mismo partido político Unidas Podemos y también del PSOE, la creación de la plataforma Contra el Borrador de las Mujeres para luchar “contra la imposición de la doctrina Queer”, todo eso no son meros enfrentamientos suscitados por diferencias personales. Yo, ante la acusación mutua de unas y otras feministas, ni quito ni pongo rey, pero tampoco tengo señoras o señores, o señoras y señores, a los que ayudar.

A mí tienen que enseñarme mucho conceptualmente, porque lo necesito, aunque un mínimo de pudor me impide buscar esa formación en los libelos de texto escolares distribuidos para la causa por el sistema “educativo” con cargo a los presupuestos generales del Estado, sean de la Fai o de la Failange. Nada necesitamos más que saber de la forma más objetiva posible qué relación existe entre cuerpo, sexo, libertad, fidelidad, etc, en lugar del menú de hacernos tragar la bazofia del poliamor, esa palabra espantajo y descangallada. La verdad es que la mayoría de las publicaciones de género no resisten un mínimo análisis reflexivo.

Para mí, ser macho es algo tan inevitable como respetable, del mismo que ser hembra. Tampoco tengo nada contra los homosexuales de ambos sexos. Pero ¿por qué si yo, el macho, miro a la hembra y a esta no le gusta un pelín mi mirada me convierto en peligroso violador potencial? Esta nueva inquisición que me juzga puro o impuro y me condena sin pruebas me resulta intolerable sin más, lo intolerable. De paso, me avergüenza también la camada de legisladores, jueces y resto de aparatos ideológicos del Estado por la vileza cómplice de su cobardía. Una cobardía que se proclama democrática sin virtudes cívicas.

Al así escribir ya sé que seré juzgado. Si hasta Gonzalo de Berceo era machista porque no escribía ellos y ellas, un triste plumilla como yo debería ser colgado de los huevos, y digo huevos, o mejor de los testículos, porque yo sigo la tradición de jurar por mis testes, como los viejos castellanos que así demostraban su honorabilidad. Y si la mujer tiene ovarios y así lo desea, que jure por sus huevos: jurar es poner por testigo lo que uno es, de ahí su testimonio, vocablo igualmente derivado de testes; los demás son juros y perjuros de ponedores y ponedoras de huevos de gallina. Pero yo digo con La Codorniz censurada por don Francisco: “Bombín es a bombón como cojín es a X, y nos importan tres X que nos cierren la edición”.

Existen machos alfa, machos beta y machos zeta, no todos son iguales. El machismo es un hijo mimado del desempleo conceptual (la burricie) cuya enseña es esa banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda que flameaba Marujita Díaz (lo siento por el apellido), y que tan bien combinaba con la manutención de las mujeres con la pata quebrada y en casa. Pero eso no hay Ministerio de la Mujer ni del Hombre que lo impida. Los famosos “observatorios” feministas o afeminados para ministras de casoplón nos cuestan a los contribuyentes un huevo y la yema del otro, más que ETA antes. ¿No habría mejores formas de invertir los fondos estatales en cosas mejores que en tamaña mamandurria? ¡A cuánta gente está alimentando la ideología de la mamandurria!

El tonto emocional abducido por este penoso espectáculo se rasgará las vestiduras de moda y quedará a punto de desmayo telegénico por estas supuestas barbaridades escritas por mí, pobre pecador, y volverá a bramar como mares que braman, pero es su problema, no el mío. Yo a mi trabajo acudo y con mi dinero pago el pan que me alimenta y la mansión que habito. Marias Cristinas que me queréis gobernar, ite retro. Lo que tenéis que hacer es luchar por la justicia, por la libertad, la igualdad y la electrificación de barriadas como la Cañada Real. Claro que eso es una herejía, una infidelidad y una apostasía pedirlo a los neomodernos y las neomodernas. No hacerlo, eso sí que es potenciar las agresiones que sufren muchas mujeres, y no sólo a mano de sus abominables parejas, sino del poder político mismo, experto en la ocultación de su violencia partidista. Todo esto es la Constitución para unos, y al mismo tiempo la Destitución para otros. Retorciendo el argumento “de género”, todo Estado es un violador en potencia.

Y esto por no hablar de un determinismo biológico sexual convertido por la ideología de género en una entelequia performativa, que “niega la existencia de hombres y mujeres, y afirma que solamente existen sujetos que pueden cambiar de una conducta y una apariencia masculina a otras femeninas, indistintamente” (Comunicado del Partido Feminista de España, 4 de diciembre de 2019). Y además nos paga el Inserso.

Resumiendo: Simplemente a mí hay varias cosas que me resultan incomprensibles conceptualmente, aunque a lo incomprensible ya esté acostumbrado, a) La conversión en ideología de una cuestión tan grave. b) Su indoctrinación forzosa a cargo de los presupuestos generales del estado, habiendo muchísimas causas más urgentes. c) Hay mucho macho alfa suelto, es un mal profundo de cultura, mismo que encuentro en general entre las feministas de mamandurria, tan parecidas a los machistas de mamandurria. d) Me espanta el seguimiento viscoso de las gentes que piensan pero son cobardes y siempre andan tras lo ideológicamente correcto, o se columpian en el sí pero no, "esto es muy complicado", mientras sube la marea. El mensaje de inidentidad me parece devastadoramente contradictorio, al defender la identidad de la inidentidad. e) En el relativismo me muevo mal, y menos bien aún en el relativismo absolutista de una minoría sin media hora de estudio. Si acaso, claro.

[1] Shakespeare: Como gustéis. Editorial Cátedra, Madrid, 1997, p. 53.

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