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Novela

Antonio Lucas: Buena mar

lunes 01 de noviembre de 2021, 14:41h
Antonio Lucas: Buena mar

Alfaguara. Barcelona, 2021. 216 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Soledad Garaizábal

El poeta y periodista Antonio Lucas (Madrid, 1975) ha publicado la primera de sus novelas, Buena mar, con la que confirma su extraordinaria sensibilidad para contar historias. Inicia así una senda nueva en su trayectoria literaria, a medio camino entre los artículos periodísticos, los reportajes y la poesía, la realidad y la emoción, con un género que aúna todas las vertientes de la producción literaria porque parece basado en conseguir un solo propósito, escribir y que rebose autenticidad.

Nos habla de personajes auténticos, completos, llenos de humanidad, que viven situaciones reales y arriesgadas, en un ambiente tan rigurosamente descrito que el lector se transporta sin remedio a él. Aborda el modo de acercarse a estos personajes mediante la utilización magistral de diálogos envolventes, pausados y profundos, siempre recubiertos de toneladas de sinceridad, para que cada frase pronunciada suene casi a confesión y cada palabra pese lo justo en la balanza de lo que las personas somos capaces de expresar. Te lo crees, te lo crees absolutamente todo, tiene esta ficción el ingrediente imprescindible de la veracidad y la belleza de la más lírica poesía. Habla del mar, en una poética combinación de horizontes amplios y profundas simas, de todo lo que el mar puede dar de sí, para construir una narración que no se sabe si es inventada o vivida pero que indudablemente respira como real y crece como humana.

La trama es sencilla y puede resumirse en diez palabras: periodista embarca en un pesquero para faenar en Gran Sol. La travesía, desde el puerto de Castletownbere, en la costa de Irlanda, hasta el peligroso caladero situado entre los paralelos 48 y 60 del Atlántico Norte, tiene mucho también de viaje al interior del género humano. La novela fluye rítmica como las olas, construida a base de frases cortas y breves capítulos, jornada a jornada mientras el protagonista va habituándose penosamente a su nueva realidad. Entre vomitonas, el constante ruido del motor, el vaivén continuo, los golpes de mar y los penetrantes olores, Mauro descubre que “un marinero siempre habla en serio” y que las charlas que mantiene con el resto de la tripulación van a enseñarle un nuevo modo de mirar las cosas. En el Carrumeiro trabajan y viven once hombres más, cinco son gallegos y seis africanos; Lolo, Bieito, Antxo, Xouba, Graxa, Mamadou, Babacar, Ahmed, El Hadji, Paul y Fabac, once razones para jugarse la vida en alta mar y once modos distintos de afrontar el miedo y encarar la inmensidad.

A medida que el barco se aleja de costa cambia también el tipo de novela. Al principio parece casi de aventuras, concentrándose en las bellas descripciones de un paisaje sobrecogedor y las arriesgadas faenas de los hombres, pero poco a poco se va estableciendo una estrecha relación entre el periodista y los marineros, principalmente el grupo de los gallegos, que hace que se profundice en los caracteres y aflore una narración cada vez más psicológica e introspectiva. Mauro se va ganando su confianza hasta llegar a conocerles en lo más íntimo y expresa para con ellos sentimientos de gratitud tan sinceros como “cómo no abrazar a quien te habla en una lengua clara y admirable, desde una naturaleza tan distinta, tan ajena a la tuya, y a la vez te presta su vida inesperadamente para que la recorras por dentro”.

Las charlas funcionan como un espejo en el que mirarse a sí mismo. A fuerza de hablar, los marineros sueltan confidencias que suenan a sentencia y a valiosa pauta de vida: “desde aquí entiendes mejor lo que no funciona… Pregunta a cualquiera de los que estamos qué han descubierto en el mar. Yo te lo voy a decir: lo que no tienes. Ésa es la peste del miedo”.

Desde tierra deseamos Buena mar para esta conmovedora aventura.

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