Pedro Sánchez ha pasado de prometer que derogaría la reforma laboral de Rajoy, compromiso que firmó en los acuerdos de coalición con Podemos, a sugerir que “se trata solo de modernizar los artículos más perjudiciales”. Se desconoce todavía qué decisión tomará. Pero ya no puede seguir con sus piruetas para contentar un día a su socio de Gobierno y tranquilizar al siguiente a la Comisión Europea, que ya ha amenazado con bloquear los fondos de recuperación si se le ocurre arrasar con la legislación actual.
Porque, como ha declarado el presidente de la CEOE, la reforma del Gobierno Rajoy ayudó a crear empleo e impulsar el crecimiento económico. Garamendi ha insistido, además que “quiere una interlocución seria con el Gobierno, que está abordando este tema como si se tratara de un trofeo electoral”. Y ha añadido que “no es momento de cambiar las normas laborales con la inflación disparada, el incremento del precio de la energía y los problemas de abastecimiento.”
Pedro Sánchez ya no tiene escapatoria. Y ante la urgente necesidad de abordar definitivamente la reforma laboral, se ha visto obligado a convocar en Moncloa a las dos vicepresidentas enfrentadas para evitar, además, que se recrudezca la crisis interna del Gobierno de coalición.
Aunque no hay que fiarse de sus palabras, Pedro Sánchez parece inclinarse por “modernizar” o “actualizar” la reforma laboral, como propone Nadia Calviño y apoya la patronal. Pero Yolanda Díaz no está dispuesta a ceder y amaga con romper la coalición si no se lleva a cabo la derogación acordada. De ahí, el comunicado que se ha apresurado a difundir Moncloa nada más comenzar la reunión con las vicepresidentas, en el que asegura que “el Gobierno cumplirá con su acuerdo de derogar la reforma laboral de 2012”. Un nuevo bandazo de Sánchez, ahora, para aplacar a Podemos en el comienzo de las negociaciones. Habrá que esperar para conocer el resultado final. De momento, el presidente se limita a jugar con las palabras.
Porque Pedro Sánchez se enfrenta al dilema de asegurar la llegada de los fondos de recuperación, mantener la creación de empleo e impulsar el crecimiento económico o poner en riesgo el acuerdo de Gobierno con el partido morado. Tiene a favor, que una vez que apruebe los Presupuestos, acordados ya con Podemos, puede prorrogarlos el próximo año para asegurarse su estancia en La Moncloa en caso de que su socio rompa la coalición. Comienza la partida definitiva entre las dos vicepresidentas. Pedro Sánchez busca una solución salomónica para contentar a ambas. Esta vez, sin embargo, no existe tal solución. Tendrá que decidir entre Nadia Calviño y Yolanda Díaz y atenerse a las consecuencias. Ya no puede seguir mintiendo.