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Relatos

Ueda Akinari: Cuentos de la lluvia de primavera

lunes 08 de noviembre de 2021, 00:08h
Ueda Akinari: Cuentos de la lluvia de primavera

Traducción de Yoshifumi Kawasaki. Introducción de Carlos Rubio. Satori. Gijón, 2021. 280 páginas. 22 €.

Por David Almazán Tomás

Con una nueva portada, La cortesana del infierno de Tsukioka Yoshitoshi, la editorial Satori reedita en su colección “Maestros de la Literatura Japonesa” la antología de relatos de Ueda Akinari (1734-1809) Cuentos de lluvia de primavera. La elección de Yoshitoshi para ambientar con una atractiva portada los relatos de Ueda es apropiada, pues nos remite directamente al gusto por lo fantástico que siempre ha habido en la cultura popular japonesa. Todo el éxito de los videojuegos, el anime y el manga del moderno Japón no son otra cosa que la actualización de la cultura del mundo flotante, ukiyo, en japonés. Ukiyo comenzó siendo un término budista para referirse al mundo de las ilusiones que te apartan del recto camino hacia la iluminación, pero acabó siendo un sinónimo del mundo de las diversiones.

Los escritores y artistas del ukiyo trabajaban para satisfacer la demanda del ocio de las clases medias urbanas. Gracias al desarrollo del grabado xilográfico, los editores de las principales ciudades japonesas trataban de hacer negocio imprimiendo lo que escribían los pinceles de los escritores y lo que dibujaban los artistas. No eran escritores o artistas protegidos por el emperador, el sogún o algún gran samurái. Más bien eran artesanos del pincel, que vendían su talento a los editores por dinero.

Los grandes maestros de la literatura y del arte japonés del período Edo (1615-1868) no fueron los que trabajaron para la alta cultura, sino los que trabajaban en el ukiyo, en el negocio del ocio del mundo flotante. En las ciudades japonesas del siglo XVIII la mayor parte de la población sabía leer y había numerosas librerías e incluso locales de alquiler de novelas populares.

Ueda Akinari vivió en Osaka, una de las grandes urbes nipona, que se caracteriza, ayer y hoy, por una viva actividad comercial, por un sentido hedonista de la existencia y por una intensa actividad cultural y editorial. La introducción de Carlos Rubio, escrita para la primera edición de 2013, nos presenta de forma completa y acertada las principales claves para situar a autor en su época. Los cuentos, como un repentino chubasco, son inesperados, impredecibles y refrescantes. Los diez relatos que componen el libro no tienen, ciertamente, una ordenación precisa y parecen amontonados casi sin cuidado. La intención es no cansar, no aburrir, entretener: máximas del arte del mundo flotante.

Estos cuentos son como los pequeños platitos de un banquete japonés. Como entrantes unos relatos históricos: “La tela ensangrentada”, “Las doncellas celestiales” y “El pirata”. Como platos principales unos relatos satíricos e idealistas: “El lazo de las dos vidas”, “El dios de un solo ojo”, “La sonrisa de la muerta”, “Suteichi Maru” y “La tumba de Miyagi”. Y para cerrar el festín, un tratado poético, “Enaltecimiento de la poesía” y una historia picaresca “Hankai”. Todos fueron escritos con un lenguaje llano y coloquial y están llenos de ingenio y fantasía. Para los cinéfilos, los relatos de Ueda Akinari son conocidos gracias a la cinematografía de algunos de los más destacados cineastas nipones, especialmente por la gran película clásica Cuentos de la luna pálida (1953) de Kenji Mizuguchi. Quien quiera leer más cuentos de Ueda Akinari en castellano también tiene a su alcance Cuentos de lluvia y de luna, en Trotta, y La luna de las lluvias, en José J. de Olañeta editor.

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