Cuando escucho las noticias nefastas sobre la elección por el Congreso de cuatro magistrados constitucionales, lamentando que sólo el diputado guipuzcoano, Odón Elorza, haya tardíamente criticado el acuerdo entre el PP-PSOE, he rebuscado en mi biblioteca un libro de Tomás Meabe (Vizcaya 1879-Madrid, 1915).
El libro de Tomás Meabe se titula Parábolas, y es un conjunto de narraciones, para mi gusto delicadamente escritas y con temblor de autenticidad, que fueron recopiladas por Julián Zugazagoitia (1899-1940), el escritor, periodista y ministro socialista vizcaíno; fue su amigo, hasta la prematura muerte de Meabe, abatido por la tuberculosis. Parábolas fue reeditado por Ramón Rubial en 1998, en un homenaje al fundador de las Juventudes Socialistas, con el que daba testimonio del pensamiento independiente, podríamos calificarlo de heterodoxo dentro del socialismo, de Meabe, durante su corta vida.
Voy a reproducir una de sus narraciones, y sostengo la opinión de que el grado de libertad interna dentro de los partidos -lo que afirmo para el PSOE se encuentra, incluso aumentado, en los demás partidos (¡el leninismo ha anidado hasta en los partidos conservadores!)- se podría medir por el hecho empírico (“medible”) de que sus dirigentes, para empezar, podrían escribir algo personal y sincero, y a continuación, que nos mostraran su pensamiento auténtico sobre las realidades vividas; es democráticamente obsceno, que la cultura de los representantes públicos, desde los diputados a los magistrados constitucionales, esté ahormada por las técnicas publicitarias, trasmitida a la sociedad como un argumentario más por los hábiles expertos en comunicación periodística, y ahora de las redes, al servicio de la partitocracia (hemos visto a Iván Redondo, que pasó del PP al PSOE).
Se titula Los mal pensados y los bien pensados: “En la nieve hay un cadáver. El petirrojo lo va cubriendo de hojas secas. Llega gente. Unos dicen del petirrojo: -Si lo ha cubierto de hojas ha sido por piedad, por ocultarlo a los buitres: hasta las aves son de buen corazón.
Otros dicen: -Si lo ha cubierto de hojas es porque así nacerán antes, debajo, miles de larvas: para vivir de ellas; es por egoísmo: hasta las aves son de mal corazón.
Pero los primeros, hasta cuando saben lo malo, necesitan muchas veces pensar bien: porque si fueran petirrojos están seguros de que serían la clase de petirrojos que dicen. Mientras que los segundos necesitan siempre pensar mal: porque son así, malos, hasta cuando ocurre que aciertan, hasta cuando ocurre que dicen la verdad.”
Tomás Meabe escribe este texto, como tarde, en los primeros años del siglo XX. Amigo de Miguel de Unamuno (1864-1936) , que evoluciona con él desde el tradicionalismo vasquista al socialismo, en este texto, comparando con los de Unamuno de los mismos años, Meabe tiene un superior estilo conceptual, moderno, aunque los dilemas morales son parecidos.
Hay una serie de estudios sobre el socialismo vasco, que empieza con Rafael Pérez de la Dehesa (1931-1972), el primer historiador que dio fe del pasado socialista de Unamuno; sigue la importancia de las investigaciones de Juan Pablo Fusi (1945); para llegar al libro, precioso, Tomás Meabe. Una puñalada luminosa en la sombra (2011), de Javier González de Durana (1951).
Me parece que la búsqueda de coherencia entre el compromiso ideológico y la forma de vivir, curiosamente, puso en contacto a políticos de partidos diferentes. Eso sucedió en la primera mitad del siglo XX, y se dio otra vez en los años de la Transición, al final de la centuria.
Tomás Meabe militó en el PSOE junto con Unamuno, y los dos mostraron su pensamiento con amplitud, y su dimensión religiosa no fue ocultada. Mientras en Unamuno su fe cristiana fue siempre una agonía, una lucha, sostenida por los escritos de Kierkegaard (1818-1855), Meabe profesó públicamente su ateísmo, aunque su confesión encaja perfectamente con los puntos de partida de la teología más reciente; Meabe escribió: “El ateísmo es la forma menos blasfematoria que respecto a Dios ha inventado el hombre”. Se adelantó en eso medio siglo a Karl Barth (1886-1968).
En realidad Meabe se introdujo en los ambientes socialistas porque Sabino Arana (1865-1903), su primer líder político, le ordenó que se infiltrase en el PSOE y conociese sus doctrinas; consecuencia: se transformó ideológicamente.
De esa historia intensísima, en la que entran nombres, por ejemplo, de Indalecio Prieto (1883-1962) y de los principales líderes del carlismo, liberalismo, monarquismo, fascismo, comunismo, e incluso del anarquismo, de España, y que convirtió la ría del Nervión en cauce de comunicación de esas ideologías con Europa, con todos sus excesos, movió la rueda del pensamiento político de aquellos años. Hechos como la elección de los magistrados al Tribunal Constitucional, ¿se quedará tan sólo como una prueba de la actual perdida de coherencia ideológica, o anuncia la quiebra moral de nuestra democracia representativa?