Las autonomías se centran en los no vacunados tras el repunte de contagios, que se han triplicado en lo que va de mes.
Cuando comenzaba a pensarse en la pandemia como en un mal sueño, el repunte de los contagios en muchos países europeos ha vuelto a resucitar viejos fantasmas, provocando que muchas naciones estén aplicando ya restricciones para tratar de frenar esta nueva ola. En este sentido, el pasaporte de vacunación es, sin duda, la medida estrella en torno a la que están girando todas las políticas de salud pública.
Media Europa, asolada por una nueva ola
Hasta ahora, el Gobierno austriaco ha sido el más directo y agresivo, impidiendo que los no vacunados puedan realizar cualquier actividad pública, más allá de las esenciales, como trabajar, estudiar o ir al médico. Con poco más del 65% de su población con pauta completa (a la cola de la UE) y una incidencia de 1.700 casos entre los no vacunados, el país alpino trata, de esta forma, de obligar a que sus ciudadanos se pinchen. Por el momento, esta medida ha tenido efecto en cuanto al número de nuevas solicitudes, que han colapsado sus centros de vacunación. No así en el número de contagios, que este miércoles ha alcanzado un nuevo máximo, con 14.416 casos, récord absoluto desde el comienzo de la pandemia.
En Alemania, con más de 50.000 positivos diarios, los tres partidos que negocian la futura coalición de gobierno están de acuerdo en imponer restricciones para los no vacunados y afrontar el recrudecimiento de la pandemia en el país, donde las tasas de vacunación son de las más bajas de Europa. Este acuerdo incluye medidas para la reducción de contactos y la exigencia de tener un certificado de vacunación o un test negativo para subirse a un medio de transporte público.
Otras naciones, como Francia, Bélgica o Portugal, además de nuevas aplicaciones para el pasaporte covid (ya obligatorio para acceder a la hostelería) barajan otras medidas como la vuelta al teletrabajo obligatorio para reducir la escalada de los contagios.
El caso del Reino Unido es quizás el más paradójico. Fue uno de los países del planeta que más rápido comenzó a vacunar a su población, pero su campaña se ha estancado en cifras similares a las del resto de sus vecinos continentales, con un 67% de vacunados completamente y un 74% de forma parcial. Ahora, pese a contar más de 40.000 infecciones diarias, el premier británico, Boris Johnson, ha asegurado que no ve la necesidad de planear nuevas restricciones.
El caso de España
A diferencia de lo sucedido en otras olas de la pandemia, España se encuentra, de momento, en una situación mucho más favorable que la de sus socios europeos. Nuestro país es, junto a Portugal, el que más pinchazos ha puesto en relación a su número de habitantes, con 37,3 millones de personas con pauta completa, el 89% de la población diana, según el último informe del Ministerio de Sanidad.
No obstante, pese a la elevada cobertura vacunal, España no es ajena a la nueva ola que vive Europa y, en consecuencia, las infecciones están incrementándose. En lo que va de noviembre, los contagios diarios se han triplicado, pasando de dos millares escasos a los de 6.667 notificados este miércoles. Además, la incidencia ha repuntado desde los 49 hasta los 96 casos por 100.000 habitantes, y subiendo.
Afortunadamente, hasta la fecha, este incremento no ha tenido una repercusión directa en los ingresos hospitalarios, que se mantienen en el 1,82% para la población general y en el 4,9% en las camas de cuidados intensivos; datos "razonables", en palabras de la propia ministra de Sanidad, Carolina Darias. Entre un 70 y un 80 por ciento de los ciudadanos hospitalizados no están vacunados.
Sin embargo, si esta tendencia alcista continúa, es solo cuestión de tiempo que el virus termine llegando a los no vacunados. Además, no hay que olvidar que la eficacia de las vacunas no es absoluta y que ésta se va reduciendo a medida que transcurren los meses desde el primer pinchazo, razón por la que se ha aprobado ya una dosis de refuerzo para los mayores de 60 años.
A todo ello hay que añadir que la irrupción de la variante Delta Plus, cuyos primeros casos comienzan a registrarse ahora en nuestro país. Esta estirpe del virus es entre un 10 y 15% más transmisible que la versión Delta original, que ya de por sí era el doble de contagiosa que el original SARS-CoV-2.
Ocho comunidades estudian implantar el pasaporte covid
En vista de esta situación, hasta ocho autonomías se están planteando seguir el ejemplo de países como Austria y exigir ya el pasaporte covid para todo tipo de actividades públicas, como el acceso a la hostelería, el ocio nocturno, teatros, cines, gimnasios o recintos deportivos.
La consejera de Sanidad de Castilla y León, Verónica Casado, ha avanzado en una entrevista con Efe que se plantea pedir el pasaporte covid en los lugares cerrados en los que hay que quitarse la mascarilla, como ocio nocturno, albergues y hostelería, una medida que aboga por aplicar por territorios e indicadores y de forma temporal y proporcional. Y ha avisado de que, de no aplicarse de "forma coordinada" por todas las comunidades, la suya sí lo hará, aunque necesitará del aval del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. "No queremos cerrar", ha dicho la consejera, que defiende que esta opción es una buena forma de limitar el riesgo y fomentar la vacunación.
De la misma opinión es el Gobierno Vasco, que va solicitar esta semana al Tribunal Superior de Justicia autorización para exigir el certificado covid en determinadas actividades ligadas al ocio nocturno, como conciertos, y en restauración. Su consejera de Salud, Gotzone Sagardui, ha explicado que, a partir de mañana, se requerirá a las autoridades de los municipios que superen los 150 casos de incidencia (la general roza los 200) que suspendan o pospongan temporalmente la celebración de actividades en las que no se pueda garantizar las medidas preventivas.
Navarra, la comunidad con mayor incidencia de España, ya ha anunciado que el paquete de medidas que planean poner encima de la mesa para hacer frente al aumento de los contagios no afectarán al conjunto de la población, sino que se centrarán en quienes generan más riesgo, es decir, las personas que no están vacunadas.
También Cataluña ha abierto la puerta a exigir el pasaporte covid más allá de las discotecas, como hace ahora, aunque el conseller de Salud, Josep María Argimón, coincidió en que para ello siempre hay que contar con el visto bueno del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).
También Aragón sopesa el uso del pasaporte vacunal. Su presidente, Javier Lambán, ha considerado que para controlar la extensión de contagios en los lugares donde fundamentalmente se producen "habrá que distinguir entre las personas vacunadas de las no vacunadas", y su Gobierno sigue pensando que deberían establecerse los llamados "pasaportes covid", como han vuelto a solicitar algunas comunidades que también tienen incidencias bastante altas.
La Comunidad Valenciana y Galicia son otras regiones que no se cierran a aplicar esta solución contra el repunte de casos: el presidente Ximo Puig, ha señalado que la Generalitat "acelera los procesos de carácter legal para que se pueda implantar el certificado covid en determinados centros" y la Xunta, que lo pedirá a las visitas en los hospitales, no descarta "medidas de ningún tipo", en palabras del consejero, Julio García Comesaña.
Un paso más ha dado el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, que ha pedido, más que establecer nuevas restricciones por la covid-19, que "se vacune a todo el mundo, por las buenas o por las malas, por lo civil o por lo militar", o se obligue a los no vacunados a "quedarse en casa, cerrados a cal y canto".
Por el momento y pese a las peticiones de las distintas administraciones autonómicas, Sanidad continúa con su política de 'cogobernanza', asegurando que esta es una competencia de las autonomías. Recuerda el Ministerio que el Tribunal Supremo ya ha aclarado en una resolución que se puede exigir en determinados ámbitos territoriales concretos y en un espacio temporal acotado, siempre que la situación epidemiológica lo requiera.