Celebración en Estambul
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 19 de septiembre de 2008, 21:53h
El Presidente del Gobierno ha estado esta semana en Estambul celebrando el Iftar, la cena que rompe cada noche el ayuno diario del mes sagrado de Ramadán. Ha correspondido, así, a la invitación que le cursó el Primer Ministro turco Recep Tayip Erdogan. En años anteriores recibieron esta invitación otros líderes europeos, como Angela Merkel y su antecesor Gerhard Schroeder. El Presidente del Gobierno transmitió el "pleno apoyo y cooperación" de España en el desarrollo de las libertades y en la reforma de las estructuras administrativas y económicas de Turquía, al tiempo que reconoció el "admirable esfuerzo de modernización que está afrontando la sociedad turca". Rodríguez Zapatero declaró que se sentía "orgulloso de la influencia del Islam" en la historia de España y de su "rico legado" en su lengua y patrimonio históricos. El Mediterráneo es uno de los tres ejes naturales de la política exterior española, y en él nuestro país ha perdido el liderazgo que alguna vez tuvo. El proyecto de la Unión Mediterránea, promovido por Francia, pretende presentarse como una continuación del de Barcelona, pero lo cierto es que la política mediterránea parece gravitar más hacia la orilla norte que hacia la orilla sur. Junto a la relación necesaria con Marruecos y Argelia, España necesita tener sólidas relaciones con Turquía, que es ya una potencia regional con la que se debe contar. Los mares Egeo, Mediterráneo y Negro bañan las costas de un país de casi 72 millones de habitantes con una parte europea continental mayor que Holanda. Por sus reservas energéticas y alimentarias y por su posición geoestratégica, Occidente ha necesitado el apoyo de Turquía, que pertenece a alianzas internacionales como la OTAN y a organizaciones que promueven un espacio democrático y jurídico común como el Consejo de Europa. En diciembre de 2004, el Consejo Europeo de Bruselas decidió que se iniciasen negociaciones para la adhesión el 3 de octubre de 2005. Desde entonces, el proceso se viene dilatando con paradas y demoras. Conviene tener cuidado con esto: los turcos son un pueblo orgulloso de su pasado imperial, con una élite urbana muy sólida y con unas tasas de analfabetismo muy inferiores a las de algunos de sus vecinos mediterráneos y que, además, están decreciendo. El sistema educativo primario, secundario y superior está consolidado y dispone de centros de investigación de primer nivel. Toda la sociedad se ha embarcado en sucesivas reformas para acercarse a la Unión Europea. La promoción de los derechos humanos y la erradicación de la tortura han sido una prioridad, especialmente en lo relativo a detenciones e interrogatorios. Se ha reformado la legislación de asociaciones para fortalecer la sociedad civil. Las reformas constitucionales y civiles en derecho de familia han promovido la igualdad entre el hombre y la mujer en la familia aunque queda mucho trabajo por hacer. También ha habido reformas en lo que se refiere a las minorías; en las provincias surorientales, se imparten cursos de kurdo y se realizan actividades culturales en kurdo tales como teatro y conciertos. La Radio Televisión Turca emite desde junio de 2004 programas de radio y televisión en bosnio, árabe, circasiano y kurdo (dialectos zaza y kirmanchi). Su Santidad el Papa Benedicto XVI visitó Turquía hace casi dos años, y en un encuentro previo con periodistas declaró cómo afrontaba el viaje: lo afronto con gran confianza y esperanza. Sé que muchas personas nos acompañan con su simpatía y con su oración. Sé que también el pueblo turco es un pueblo hospitalario, abierto, que desea la paz. Sé que Turquía, desde siempre, es un puente entre las culturas y así es también un lugar de encuentro y de diálogo. El Presidente turco, Abdulá Gül, ha visitado recientemente Armenia y ha cursado la correspondiente invitación para acoger al Presidente de Armenia, Serzh Sarksyan.
A Turquía le queda un gran esfuerzo por hacer. Debe continuar en el camino de las reformas. Hay asignaturas pendientes, como la extensión de la libertad de expresión e información (la famosa cuestión del artículo 301), el reconocimiento de la objeción de conciencia y el reconocimiento de los derechos de las mujeres. La aceptación del acervo comunitario exige a Turquía profundísimos cambios, por ejemplo, en materia ambiental. Ahora bien, también España tuvo que implantar profundas reformas –y algunas de ellas muy cuestionadas en el pasado- para incorporarse a las Comunidades Europeas. Recordemos los cambios que han tenido que acometer Rumanía y Bulgaria. No hay, pues, que caer en el falso optimismo de creer que todo está ya hecho. Lo que tampoco puede hacerse es jugar con las cosas de comer. Turquía es un vecino de primer orden de la Unión Europea y quiere incorporarse a ella. Está en organizaciones regionales y mundiales. Es candidata a ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Por eso, es importante para España y para la Unión Europea tener buena relación con Turquía, que podrá ingresar en la Unión -o no- pero que jamás ha sido ajena a la Historia de Europa.
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Analista político
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