La editorial Galaxia Gutenberg ha publicado un libro extraordinario. Me refiero a “El siglo soviético. Arqueología de un mundo perdido”, del gran historiador alemán de Europa oriental Karl Schlögel (Hawangen, 1948). El autor, que ya es conocido en España gracias a la publicación de su colosal “Terror y utopía. Moscú en 1937” (Acantilado, 2014), realiza un fascinante y detallado estudio de la vida cotidiana a través de los espacios, los objetos y la cotidianeidad de la Unión Soviética. El resultado es aterrador y magnifico.
Desde los supervivientes del imperio de los zares desperdigados por toda Europa hasta los puestos fronterizos con Occidente o los campos de Solovki y Kolymán, Schlögel nos lleva de viaje a un mundo que ya no existe, pero que tampoco ha desaparecido por completo. En efecto, seguimos viviendo a la sombra del siglo XX, el “siglo soviético” en palabras de nuestro historiador y de otros como Moshe Lewin, que también publicó un libro de título parecido (“El siglo soviético. ¿Qué sucedió realmente en la Unión Soviética?”).
Resultan especialmente interesantes los pasajes que Schlögel dedica a los objetos de uso diario. Por ejemplo, el papel de estraza, el de periódico -que servía para liar el cigarrillo de tabaco barato llamado “papirosa”- o el papel de calidad para las publicaciones más valiosas. A partir de los carteles, conocemos el análisis de los efectos de las formas estéticas en la productividad de los trabajadores. El capítulo de la Gran Enciclopedia Soviética, el “monumento a nuestra gran época revolucionaria” -muchos de cuyos autores tuvieron destinos trágicos o directamente espantosos- atrapará al lector desde el primer párrafo y no lo soltará hasta dejarlo conmovido y tembloroso. Schlögel consigue resumir el horror y la dignidad de un siglo en unas pocas páginas.
Leyendo este libro, recordaba la entrevista a Reinaldo Arenas, el escritor cubano que llegó exiliado a Nueva York en 1987, en que consideraba a la dictadura cubana “minuciosa en su espanto”. En España, y en general en Europa occidental, el comunismo sigue gozando de una buena prensa desconcertante. El éxito de la propaganda soviética entre periodistas, filósofos, profesores, artistas, actores y, en general, lo que se daba en llamar “intelectuales” (un término genérico que ha terminado sirviendo casi para cualquier cosa) sigue produciendo terribles efectos. Aún hay nostálgicos de la URSS y del frente Popular. Sigue habiendo defensores de Lenin, de Stalin y de lo que ellos representaban. Los proyectos de ingeniería social como el que practicó la Unión Soviética durante más de setenta años siguen inspirando hoy algunas de las políticas más en boga entre educadores y pedagogos. En ciertos aspectos, pues, no estamos tan lejos de la sombra de ese siglo que Schlögel describe.
Esta “arqueología de un mundo perdido” es un instrumento valiosísimo para llenar de contenido los libros de la gran historia política o económica del periodo. Cuando les hablen de las “purgas” o del “homo sovieticus”, vuelvan a las páginas de Schlögel para comprender en toda su extensión lo que esos términos encierran.
No dejen de leer este libro erudito, ameno y estremecedor.