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TRIBUNA

La libertad y los comunistas

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 10 de diciembre de 2021, 20:53h

Si Suárez no hubiera legalizado a los comunistas en la Semana Santa de 1977, es seguro que las primeras elecciones de la Transición no hubieran sido creíbles para cualquier demócrata de corazón. Ahora, con los comunistas en el Gobierno y el proceso de comunistización del PSOE en marcha, es seguro para cualquier demócrata de corazón que la libertad corre el riesgo seguro de ser asesinada. Aunque los liberales de entonces ( Antonio Fontán, Joaquín Satrústegui, Luis María Anson, los Garrigues o Antonio García-Trevijano ) ya sabían que no se ha registrado jamás en la tabula dealbata de la Historia Universal el caso de que un comunismo aupado a un gobierno no aniquile todo atisbo de libertad política y las libertades civiles, estaban obligados, sin embargo, “en conciencia” a legalizar la participación de los comunistas, por propia coherencia ética y filosófica. Además, el eurocomunismo de entonces, el de Carrillo y Enrico Berlinguer, parecía que había conseguido inocular en el cuerpo de metal de la doctrina comunista los principios sagrados de la democracia liberal. Mas ¿puede inyectarse democracia a lo contrario a la democracia? Y la verdad es que el eurocomunismo fue un breve espejismo feble que terminó en Italia con la muerte del aristócrata Berlinguer y en España con el abandono del PCE de Ramón Tamames y la ulterior retirada de Anguita de la cúpula de IU. Y lo que vino después, la restauración de la verdad del monstruo, lo mismo que ha ocurrido con el repugnante sandinismo o el aterrador bolivarianismo, les ha demostrado a aquellos liberales de la transición que estaban en un grave error político, el error antropológico de la buena fe respecto a comunistas.

Y es que no es posible disimular los pavorosos vicios de esta facción cuando se ejerce el poder. Las almas comunistas con poder siempre dejan escapar sus deseos morbosos, sus rencores criminales, sus iras, su orgullo rastrero y su horrible gusto. Un comunista reciclado ( v. gr. Gyula Horn ) es siempre un comunista. Pero ¿puede prohibir la democracia la existencia en su seno de la expresión política antidemocrática? ¿Puede la libertad impedir la libertad de expresión que ataque a la propia existencia de la libertad? Es evidente que la libertad general no puede claudicar ante una libertad individual. Es metafísicamente indivisible, y los malvados fascistas y comunistas tiene el derecho legítimo de expresar lo que piensan y proponer a lo que aspiran.

En realidad la libertad política siempre se ha sostenido por la fe de que las sola razón política y la verdad siempre acaban triunfando en los debates de la libertad que son las elecciones libres. Ahora bien, los pueblos caen a veces en profundas crisis morales cuando son guiados por la mentira durante largo tiempo, y ello puede producir ruido en las confrontaciones electorales que impida escuchar la voz de la verdad. En ese caso se necesita descubrir entre algún líder nacional una dirección moral que encarne de modo contundente la aspiración del pueblo a la verdad, a lo honesto y a la justicia.

Suárez, Felipe González y José María Aznar encarnaron en su día, en los primeros años de su mandato, ese liderazgo ético que España necesitaba. Y uno de los rasgos característicos en los tres fue estar abiertos a cualesquiera demócratas que sin ser necesariamente de su propio Partido pudiesen aportar algo positivo a España. Esto es, ninguno de ellos fue sectario. Vivimos ahora tiempos estúpidos en que se dice que lo moderno, lo chic son los equipos, los grupos, el colectivo, olvidándose de que la Democracia no es una tecnocracia fría, la gobernanza de un supermercado, sino que se asienta en el corazón palpitante de la persona que, interpretando al destino histórico de su nación, abre un camino de verdad, fuerza y unión por el que invita a sus conciudadanos a empezar a recorrer. Que puede ser duro y difícil, pero que siempre sigue las líneas de la verdad, la justicia y el honor. Pericles, Demóstenes, Catón, Washington, Lincoln, Churchill, Fanfani, De Gaulle, Adenauer, Kennedy o Reagan fueron de estos intérpretes de sus pueblos a los que la Democracia encargó pilotar la salida de graves crisis morales que padecía la nación. Ningún equipo de técnicos sacará hoy a España del estercolero socialcomunista en el que vivimos. Sólo un líder, una persona con pasión hacia la verdad, el honor y la libertad puede levantarnos de esta postración morbosa en la que pateamos en el fango de la inmoralidad estatal y administrativa. España necesita imperiosamente el aire puro que se respira en las altas tierras de Palencia, allá por Valdecebollas. Este aire puro de la libertad y la honestidad triunfarán siempre en cualquier debate electoral y conducirá a los comunistas a la pocilga de la Historia.

Hoy se impone un “delendus est petrusanctismus” si queremos limpiar a nuestra democracia de uno de sus peores enemigos. Si la primera ventaja de gobernar es no ser gobernado, si encima esa ventaja impide ser gobernado por comunistas, esa primera ventaja se convierte en estos momentos en la clave de bóveda de la supervivencia de nuestra democracia. Evitemos que la roca de Tántalo siga suspendida sobre España. No fue suficiente con desmoronar el muro de Berlín, porque desgraciadamente, al reproducirse con magia negra en otros lugares del Globo, no se ha convertido aún en una reliquia de arqueólogos, sino que sigue vivo su veneno letal.

Por otra parte, los comunistas hodiernos participan muy activa y astutamente en la construcción de la dogmática de lo políticamente correcto, hasta tal punto que han conseguido que la gente viva obsesionada por las herejías de la libertad, del mismo modo que el español creyente, allá por los siglos XVI y XVII vivía obsesionado por la herejía…, y la herejía se veía sobre todo en la vida académica, cortesana o científica, siempre en entredicho. Es evidente que el espíritu grosero de lo políticamente correcto se compagina a la perfección con la plebe indocta y brutal.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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