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Y DIGO YO

Sánchez traga y no le importa tragar

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 14 de diciembre de 2021, 20:25h

Hablamos siempre y opinamos todos sobre lo importante que es la educación en la vida de las personas. ¿A dónde vamos sin educación? Realmente, a muy pocos sitios, coincidirán conmigo. Pero cuando hablamos de Educación, con mayúsculas, no nos referimos solo a saberse la tabla de multiplicar, los ríos de España, los verbos o cómo se dice la hora en inglés, queremos creer que algo tan importante también engloba valores, respeto, el desarrollo de una cierta capacidad intelectual y moral y todo según las normas de convivencia que nos hemos dado para vivir en sociedad.

Saber inglés es importante y es mejor conocerlo junto al español y el catalán. Pero creo que es más importante saber cumplir la ley, respetar al vecino, opinar, incluso, sobre la conveniencia o no de las normas. De esta forma, viviremos y nos trataremos mejor, tanto si hablamos en un idioma, en otro o los dos.

La portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez, ha dicho este martes que “la lengua es un elemento de riqueza en nuestro país y no puede ser utilizado como un elemento de confrontación, de enfrentamiento”. La afirmación es tan obvia que parece imposible, siquiera, que haya que recordarlo. Resulta casi imposible no estar de acuerdo con ese espíritu.

Pero esto es España y cualquier cosa, por evidente o indudable que pueda parecer, finalmente es siempre cuestionable y discutible. Para empezar, ¿a quién se dirige la ministra portavoz, a los que defienden que se cumpla la Ley en Cataluña por el uso del castellano en los colegios o a los que apuestan por no cumplir la ley?

Hay que destacar que la portavoz, por una vez, no ha culpado al PP, pero tampoco me negarán que es una muy pobre contestación del Ejecutivo al órdago de la presidenta del Parlament, Laura Borràs, que propone que la Conselleria de Educación asuma la dirección de los centros con el único objetivo de blindar el catalán como lengua vehicular frente a la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que ordena impartir el 25% de materias en castellano.

(Todavía me pregunto por qué si son lenguas cooficiales la relación es 75-25 y no 50-50).

Que me perdonen todas personas que asesoran a nuestra ministra, pero ¿esta es la contestación que se da? ¿Este es el nivel de respuesta? ¿Esta es la contundencia del Gobierno ante un asunto de vital importancia como es que una familia o dos o 100 en Cataluña pidan que se cumpla la ley y la Generalitat amenace con no hacerlo?

Si un Gobierno autonómico mueve ficha para rebelarse contra la lengua de un país, para eliminarla, erradicarla de la vida de miles de estudiantes catalanes que quieren estudiar en castellano, el Gobierno central no puede contestar algo tan blandito como: “Tenemos que procurar que las escuelas sean siempre un espacio de convivencia y, por tanto, desde el ámbito político de la responsabilidad que cada uno tenemos, hemos de contribuir a que efectivamente la escuela sea convivencia y no cualquier otra cosa”.

El Gobierno “traga” y las redes sociales se llenan de amenazas porque no pasa nada. Los Mossos han tenido que ofrecer protección a la familia de Canet y el Ejecutivo vuelve a hacer el ridículo no haciendo nada para evitarlo. Todo, como es público y sabido, para no enfadar a los socios que tienen todavía que dar su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.

Y estas son las cosas que se tienen en cuenta a la hora de saber si alguien es una persona bien o mal educada. ¿Qué es más importante, defender la lengua del país del que eres presidente, que representa a 500 millones de hablantes en todo el mundo, que simboliza una gran parte de la riqueza cultural de España o aprobar las cuentas para 2022 y seguir gobernando tranquilamente un año más? Estoy seguro de que “dignidad” es una palabra que significa lo mismo en inglés, español y catalán, de lo que dudo es que forme parte del diccionario de cada persona.

Y digo yo: si los partidos independentistas están en contra de que se estudie un 25% del tiempo lectivo en castellano, frente al 75% en catalán, en los colegios de Cataluña, ¿por qué no se manifestaron cuando se aprobó? ¿Por qué prefieren esperar a que el padre de un niño de 5 años se queje de que no le están aplicando ese porcentaje, para hacerse las víctimas y reaccionar amenazando a la familia?

Diría más: ¿Cómo consiente el Gobierno que la Generalitat afirme que incumplirá la ley y exige dirigir e intervenir, de la misma forma que se haría en una dictadura, los centros educativos en los que pueda haber alguien que pida que se cumpla? ¿Piensa hacer algo la ministra de Educación, el presidente Sánchez, el defensor del Pueblo y la Justicia española frente a este atropello?

Lo decía un día antes el padre de la familia de Canet de Mar: “A todo el mundo que mantenga la serenidad y las reglas que facilitan la convivencia”. Y otra reflexión, más admirable aún: “Hay que dejar de tragar y tragar y tenemos que ser capaces de ser valientes para decir lo que uno piensa, levantarse para hacerlo y reclamar democráticamente nuestros derechos”.

Pero ya sabemos, el Gobierno de España no tiene problema en “tragar”. Sánchez pasará a la historia como el presidente con más “tragaderas” y se ha especializado en ponerse de perfil cada vez que los separatistas sacan su cabreo a paseo. No ha demostrado ser nada valiente, pero el Falcon bien lo vale. ¿Hasta dónde es capaz de llegar el presidente por seguir en la Moncloa?

Es lo que hemos votado. Usted decide.

Javier Cámara

Periodista

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