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POR LIBRE

Se avecinan unas elecciones generales a cara de perro

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 26 de diciembre de 2021, 18:36h

Nadie lo dice, casi nadie lo cree, pero empieza a extenderse por el foro cierto tufillo a adelanto electoral. Los partidos parecen estar, más de lo habitual, en plena campaña. Y, sobre todo, hay que tener en cuenta las recientes declaraciones de Pablo Iglesias, que vaticina que Sánchez disolverá las Cortes antes del final de 2023, incluso en 2022. Porque por mucho que quiera disimular, el presidente empieza a ver las orejas al lobo, empieza a temer una derrota descomunal. Y no conviene olvidar las palabras del fundador de Podemos, pues sigue manejando información privilegiada. Es un zorro de la política. Puede parecer que se ha alejado. Pero sigue al acecho y antes de irse, dejó las alcantarillas de La Moncloa repletas de topos morados.

Luego está la indiscutible decadencia de la imagen de Pedro Sánchez. A pesar de la nefasta gestión de la pandemia, de las humillantes cesiones a los separatistas y proetarras, de elaborar unos presupuestos desfasados y de tantas y tantas barrabasadas políticas, mantiene una arrogante, impostada y engolada actitud que ya resulta enfermiza. “España va bien”, dice. Quiere aparentar que vive en una realidad imaginada, psicodélica. Como broma, si non e vero e ben trovato, se ha difundido por las redes sociales que los asesores de La Moncloa tuvieron que convencerle para que desistiera de convocar una declaración institucional y declarar que él solito había logrado terminar con la erupción del volcán de La Palma; como en su día, tres días para ser exactos, dio por extinguido el coronavirus. Porque el presidente sigue convencido de que es el protagonista de todo lo bueno que ocurre en España, incluso cuando es mentira, incluso antes de que ocurra, incluso cuando es una insensatez sugerir que se apaga un volcán con las mangueras de los bomberos, como llegó a decir alguien. Pero todo se andará. Los canarios, de momento, siguen desesperados a la espera de recibir el primer euro de los fondos que prometió en su primer paseíllo por La Palma. Y los españoles están indignados con la otra mentira: que la factura de la luz de 2021 sería un calco de la de 2018. Al final, es 9 o 10 veces superior. Casi, casi igual, según él.

Pero ahí sigue impertérrito. Ahora, relajado contemplando el crujir del Atlántico desde su hamaca en el palacio de La Mareta. Como si de verdad, hubiera extinguido el coronavirus y apagado el volcán. Debe desconocer que su gran éxito, la no derogación, sino retoque, de la reforma laboral puede ser tumbada en el Congreso por el rechazo de sus socios más queridos. ERC y Bildu, incluso el PNV, han anunciado que están dispuestos a votar en contra de la nueva normativa en el Parlamento con un argumento que, por otro lado, es cierto. Que las advertencias de la CEOE y la Comisión Europea han impedido desguazar la ley de Rajoy. Que se trata de un mero maquillaje que, curiosamente, se han tragado la comunista Yolanda Díaz y los sindicatos solo para alardear de una inexistente hazaña.

Pedro Sánchez empieza a meditar si va a ser capaz de aguantar la entera legislatura a costa de todo, de seguir mendigando los votos de sus siniestros socios con cesiones, transferencias y regalos. O de Yolanda Díaz, que le come el turrón desde mucho antes de Navidad. Ante la probable victoria electoral de Pablo Casado, se ha inventado una formación política, “La España vaciada”, para frenar el ascenso del PP. No es casualidad, que el nuevo partido se propague por Castilla y León, donde el centro derecha siempre obtiene la mayoría de votos. Pero Sánchez quiere ganar tiempo para inventarse más triquiñuelas con el objetivo de revalidar su mayoría electoral, por escasa que sea ahora. De momento, urde una maniobra para bajar los humos a Yolanda Díaz, su gran contrincante y, además, llenar las arcas de los medios de comunicación adictos con los dineros de los contribuyentes.

Aunque nadie sabe de verdad la fecha de las próximas elecciones generales, la contienda será a cara de perro. No solo el PP y Vox. También Yolanda Díaz, Podemos, ERC y Bildu atacarán a Pedro Sánchez por sus muchos errores y por incumplir todos los compromisos. Pablo Casado y Santiago Abascal se insultarán sin remilgos. Y Ciudadanos se despedirá de la política con un emotivo poema sobre la belleza del centro.

Salvo sus cuatro acólitos, todos quieren que Pedro Sánchez deje de gobernar, de mentir, de alardear sin pudor, de envenenar la atmósfera con sus incesantes y costosos viajes en el Falcon. Pero nada sustancial cambiará. Porque si no gana el todavía presidente, el bloque de izquierdas liderado por Yolanda Díaz, en evidente alianza con ERC, Bildu y compañía, podría hacer frente al PP, que aunque acapare hasta la última papeleta de Ciudadanos, tendrá que contar con los pocos o muchos escaños de Vox si quiere gobernar. Se celebrarán en 2022 o al final de 2023, cuando Tezanos decida el mejor momento para su jefe, pero las próximas elecciones generales serán, más que nunca, a cara de perro.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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