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Relatos

Josep Pla: La ceniza de la vida

domingo 26 de diciembre de 2021, 22:04h
Josep Pla: La ceniza de la vida

Edición de Jordi Cornudella. Varios traductores. Destino. Barcelona, 2021. 816 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. La publicación en un solo volumen y rigurosa y cuidada edición, de treinta y cuatro relatos del escritor catalán nos permite disfrutar de su menos conocida faceta narrativa, donde no es menos extraordinario que en los otros géneros cultivados mayoritariamente por Pla. Por Carmen R. Santos

Todos conocemos y hemos disfrutado de los magníficos artículos, crónicas de distintos asuntos, libros de viajes, memorias, biografías… de Josep Pla (Palafrugell, Gerona, 1897-Llofriu, Gerona, 1981), que le han convertido en uno de los mejores prosistas de la literatura española del siglo XX. En todos esos géneros que frecuentó tan brillantemente en su dilatada carrera periodística, ya se podían apreciar sus dotes narrativas, pues en cada uno de sus trabajos reflejaba de maravilla la situación, el ambiente…, con detalles muy significativos, y aparecían personajes perfectamente trazados.

En el prefacio a la recopilación de La vida amarga (1967) confesó Pla: “Es este un libro de literatura narrativa, que es la literatura que me habría gustado cultivar si no me hubiese dedicado al periodismo, es decir, si la dispersión angustiosa del periodismo me lo hubiese permitido”. No es en absoluto que reniegue de este, en el que señala muchos aspectos positivos, como, entre otros, “el provocar contactos humanos muy variados, alguno vez llenos de interés”. No obstante, Josep Pla, pese a esa absorbente dedicación, no desatendió la faceta narrativa en su sentido más neto, que tanto le agradaba. Lo podemos comprobar ahora en este extraordinario libro, que por vez primera en un solo volumen y en una edición revisada y pulcra, a cargo de Jordi Cornudella, especialista en Pla y responsable de sus ediciones desde hace más de una década, recopila treinta y cuatro relatos -y dos textos más en el Apéndice, junto a precisamente el prefacio a La vida amarga.-, aparecidos como definitivos entre 1949, momento en el que se publicó Cosas vistas, y La vida amarga, en 1967.

Variados y diversos son los temas y ambientes de dentro y fuera de nuestras fronteras -la Costa Brava, Barcelona, Madrid, Estoril, Londres, Berlín, Roma…- que se dan cita en las narraciones de este volumen -titulado muy sugerentemente por su editor como La ceniza de la vida-, en el que, junto a la ficción pura, no está ausente la autoficción –así, se nos sumerge en experiencias personales del autor del célebre El cuaderno gris, por ejemplo en algunas de las pensiones en las que recaló o en viajes realizados-, concebida por Pla de manera personal.

Se entrelazan descripción, narración, reflexión, estupendos diálogos..., todo presidido por una cosmovisión no ajena a Pío Baroja, quien no en vano era uno de sus escritores predilectos. La ceniza de la vida arranca con la curiosa “Historia de Gervasi”: “Los núcleos de la política del Empordà han sido siempre las tabernas. Hay tabernas antiguas, que en tiempos de elecciones se convierten en clubes, sobre todo si las votaciones coinciden con la llegada del vino nuevo. Entonces se mezcla la libación consciente y organizada con la dialéctica, que la administración de la cosa pública ha provocado eternamente. En estas tabernas hay un punto de confluencia muy curioso entre la broma oriental que colea por las sotabarbas de los bocoyes y las doctrinas políticas austeras y glaciales, aunque estas doctrinas se presenten, en estos establecimientos, con un aire chapucero y primario. Estas tabernas no varían. Antes se alternaban La Marsellesa y el Vals de las olas. Ahora se cantan La Internacional y el cuplé. La gente es siempre igual. Son las canciones las que pasan”.

Sí, en efecto, “la gente es siempre igual”, con sus contradicciones, perplejidades, miserias y alguna grandeza. Esa gente que Pla capta en su cotidianidad, de la que extrae visiones insospechadas. Y la vida suele ser amarga y con un regusto a ceniza, aunque esto no lo reviste Pla ni de grandilocuencia ni dramatismo ni trágica retórica, sino en la línea del espléndido “tono menor” barojiano, aderezado con una considerable retranca: “Tú eres uno de esos hombres que un día estornudarás tres veces seguidas y te morirás indefectiblemente”, le dice Rafel a su amigo el señor Peret en “No somos nada, pero no es fácil decirlo…” -uno de los más logrados relatos del volumen-, protagonizado por los dos y sus encuentros vespertinos en un café, donde “echaban cada tarde la partida”, y sobre todo mantenían singulares conversaciones.

“Las razones para proponer este libro al lector son elementales pero poderosas. Pla es un escritor admirable también como narrador, pero sus relatos quedaron tal vez demasiado desperdigados en el vasto océano de su obra completa. Son muy buenos y conservan toda la capacidad de emoción y de revelación que tiene la literatura verdadera”, afirma Jordi Cornudella en el prólogo. Y concluye: “Merecen ser leídos”. Naveguen por sus páginas -el mar no deja de estar presente en ellas-, y no se arrepentirán.

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