El año 21 el siglo XXI ha sido todo cuanto jamás imaginamos: tenso, denso e intenso. Tres adjetivos califican de manera soberbia e insuperable a 12 meses atropellados. Fue siniestro. Sus zarpazos, sus golpes inesperados –de Afganistán a La Palma u ómicron– traducidos en pérdidas irreparables de múltiples formas, resumidos en una pandemia prolongada –pero afrontada, también dígase– pergeñan un intervalo difícil cuesta arriba, uno que lacera.
La Humanidad prosigue pese a los más de 5 millones de muertos por el virus y el azaroso y descorazonador informe de la ONU señalando que ningún país hizo bien las cosas afrentándola, ninguno (carecimos de manuales) pero no hemos sido indiferentes, si es que fuéramos algo responsables –personas y gobiernos– y aunque pague tanto descalificar los esfuerzos de los gobiernos, sobre todo si son de un partido adverso.No nos hagamos tontos: muchos hemos atestiguado procesos de vacunación complejos, innegables, continuos y quien persiste en no vacunarse o en no cuidarse es por su cuenta, derecho y riesgo. Y eso no resta la pena y la desgracia por los cercanos, muertos. Por ellos y en su memoria, redoblemos esfuerzos de cuidarnos, de informarnos y en rechazar toda politiquería e infodemia por la pandemia. La de gobernantes y la de gente de a pie –más grave, aún– que solo pretende desahogar sus complejos políticos. Rechacémosla por mendaz y mezquina.
También téngase en cuenta y no lo desdeñemos, que 2021 ha sido un año de tantos claroscuros, de tanta grisura y de tanta ansiedad ante una pandemia que se extiende pese a los tantos afanes y restricciones, que desde luego compromete economías y bienestares y que la tercera dosis reclama no desatender a países que apenas si han recibido alguna o ni una. Nadie estará seguro mientras tantos falten de vacunarse y que a nadie le quepa la duda. Como nunca, hemos valorado nuestra salud y nuestra vida por encima de tantas cosas. Pese a que hay quien en su egoísmo o en su incapacidad de entender, quiera seguir una vida como la de antes, como si nada pasara, aunque sí pasa. Si no se comprende que de momento no es posible retomar una vida normal, estamos fritos. Lo demás, sobra.
Cuando el jueves 15 de julio entré a quirófano me preguntaba si saldría vivo, no tanto por las excelentes manos que atendieron mi padecimiento, sino por estar en un hospital que sin ser COVID, no es el mejor lugar para estar alejado de. Me parece. Ante una pandemia que persiste y pintándonos un sombrío futuro o, cuando menos, incierto, para el año entrante 2022, no puedo sino agradecer verme vivo. Después del terremoto de 2017, es la segunda vez en mi vida en que me he sentido en peligro y ha sido debido a la presente pandemia. A la distancia, luego de todo lo que hemos dado y visto, quienes seguimos vivos no podemos sino ser agradecidos, o deberíamos, porque llegar a la Nochevieja de 2021 desgraciadamente no ha sido la feliz ocasión de tantos millones. Y hay quien sigue neceando y culpando a gobiernos y a lo que sea con tal de no asumir su responsabilidad, recriminando.
La posibilidad de llegar a esta fecha siempre tan significativa y por tantos y tantos motivos, debe sacudirnos y dejarnos elucidar que solo extremando precauciones seguiremos vivos o que, al menos, por cada uno de nosotros, no sea lo contrario. No hay más remedio. Ahora bien, después de dos años de pandemia uno relativiza el valor de tantas cosas superfluas, reconsiderándolas y sabiendo que es menester hacerlo para seguir adelante. Que hay hechos que deberemos transar y otros tantos, quizá, perdieron valor sin que aún lo sepamos y es verdaderamente, un parteaguas. ¿Seremos mejores después de la pandemia? Lo dudo.
Y no somos indiferentes al mundo que gira alrededor. Se va 2021 dejando a la oposición mexicana con su batea de babas. Tragándose tres mentiras: que ganaron las elecciones de junio pasado, que la gente votará lo que sea en 2024 mientras no sea Morena y que son mejores opositores que Morena. Pero sépase: no lo son como no ganaron la mayoría de puestos; la gente sí se movilizó porque sabe que cuando lo hace, el PRI pierde y perdió 15 gubernaturas en juego. Y no, la gente no votará lo que sea. Si le pones un opositor a Morena, ladrón, perseguido por la justicia, inepto o que solo sepa insultar, como está sucediendo, los electores lo abandonarán. Es tan sencillo de comprender y parece increíble que haya sobre todo panistas, que no acaban de entenderlo. Patéticos. El líder del PAN por falsario y burdo decirle que es quien se ganó el carbón, en respuesta a su cateto mensaje de Navidad.
Si el Papa ya enfilado a cumplir su noveno año de pontificado, ha convocado una comisión dirigida a encaminar el Año Santo 2025 –en efecto, ya toca uno– el cardenal Sarah increpa su proceder cuestionando qué perjuicio entraña la liturgia tradicional (en latín, preconciliar, la tridentina). Si su eminencia se refiere a tal, respondo que no ayuda contar con dos liturgias al mismo tiempo y el mandato del Concilio Vaticano II recalca unidad y esos tradicionalistas –que no poseen el monopolio de la fe ni de la verdad– apelando al latín apostando más al misticismo que a la fe y al entendimiento, sectarios, no abonan a propiciar un mejor clima al interior de la Iglesia de todos. Si esa minoría la quiere, que haga su concilio y se brinque las normas del Vaticano II con todas sus consecuencias. ¡Basta! de argüir que la tridentina sea bimilenaria a riesgo de ser verdaderos ignorantes. Detestables ¿confunden tridentina con trinitaria? Y no son los mejores católicos como asumen, los muy soberbios.
Se agota el 21 dejándonos algunas excentricidades. Resulta pintoresco que Barbados ha abandonado la jefatura de estado simbólica delegada en Isabel II. Se suma a países que en las últimas tres décadas lo hicieron, como Fiji. Más extraño es que el príncipe de Gales presenció el acto de transición de monarquía a república, con lo que cesa sus derechos sobre la ínsula, como ya atestiguó al cese de la soberanía británica sobre Hong-Kong, donde China violenta lo acordado con Gran Bretaña no respetando los plazos de vigencia sobre determinadas libertades. Otrosí, se piensa que al fallecer Isabel II cesará su rango simbólico en otros países. A saber si eso suceda. Es una incógnita como la del nombre que adoptaría su heredero, ya que unos apuestan por ser Carlos III y otros, Jorge VII. Ya lo sabremos.
Lazos igual de difíciles de estrechar lo son las Cumbres Iberoamericanas que cumplieron sus 30 años desde la que se lanzó en Guadalajara. Para mí no acaban de cuajar, requieren dinamismo, tienen ausencias inaceptables como Puerto Rico, Filipinas y Guinea Ecuatorial, que es dictadura pero se le compra petróleo y eso lo vale, tal parece. No fuera Cuba, que ya vociferarían allí donde se rasgan las vestiduras porque otros se acerquen a ella, también por razones históricas, que la Historia no es de nadie en exclusiva. ¿En verdad, Andorra es iberoamericana? Va. Me queda claro que tampoco tiene hacia donde más correr. Venga…
La crisis ucraniana persiste. Rusia ha usado un lenguaje ríspido, diáfano, definitorio y sin ambages: la OTAN se frena o se frena. Hace algunos años le dije en esta columna que era ridículo pensar que los misiles de la OTAN apuntaran hacia ¿el espacio? ¿África? firmando acuerdos con Rusia para no apuntarle. No, no se hagan los suecos. La OTAN apunta a Rusia, le quepa o no razones para ello. ¿Esperaban amilanar a los rusos o su indiferencia? Qué tontos y que poco o nada han aprendido de su propia historia, europea y mundial. Párvulos.
El cambio climático nos alertó este año de que aumentó la temperatura superficial (0,81º C), la mayor desde los tiempos preindustriales y de que no disminuyeron los índices de contaminación, pese a la pandemia paralizando al planeta. Filomena o agotar los nombres de huracanes y tifones, siendo más que antes, son, en suma, una alerta palpable. La pandemia debiera movernos a cambiar modelos económicos, pero no es cosa de eliminar autos de combustibles fósiles si no se recala en una red de transporte público notable, por ejemplo. Si prescindimos de ellos sin lo otro, serán medidas incompletas tirando a inútiles.
Termino. A todos ustedes, que me hacen el honor de leerme semana a semana y al equipo de El Imparcial, extiendo mis más sinceros parabienes por el año venidero y mis deseos de que sea aquel, uno rebosante de salud, prosperidad y bienaventuranzas, repleto de bienquerencias y bienandanzas. Por todos ustedes ¡salud!