La crítica no proviene del Partido Popular. Tampoco de Ciudadanos. Ni siquiera de Vox...
La crítica no proviene del Partido Popular. Tampoco de Ciudadanos. Ni siquiera de Vox. Quien ha afirmado que Alberto Garzón, ministro de Consumo, “es en sí mismo un insulto a la inteligencia”, ha sido Javier Lambán, presidente socialista de la Comunidad Autónoma de Aragón. El ministro del Frente Popular sanchista se ha expresado, y no es la primera vez, como si fuera un jovencito provocador en un periódico mural de preuniversitario.
El ministro ha declarado a The Guardian, prestigioso diario británico, que la carne que exporta España es de mala calidad y procede de animales maltratados. La reacción a semejante despropósito ha sido general, pero nadie se ha expresado con la rotundidad de Javier Lambán. “Estas desgraciadas e insensatas declaraciones constituyen una agresión directa a una parte importante de la economía aragonesa, que se esfuerza por ser competitiva y sostenible”.
Y ha concluido el presidente aragonés de forma contundente: “El que las ha hecho no puede ser ministro de España ni un día más. Es en sí mismo un insulto a la inteligencia”.
En cualquier Gobierno serio del mundo un despropósito de tal calibre significaría el inmediato cese del ministro. Pero Javier Lambán no ha contado con que Pedro Sánchez no puede hacerlo. Su objetivo es mantenerse en el poder con el antifonario bien asentado en su poltrona monclovita. Y para eso precisa de los votos parlamentarios de comunista, podemitas, secesionistas y bilduetarras. Pedro Sánchez ha pasado por alto el dislate de su ministro que permanece impávido en el poder, apoyado por la extrema izquierda.
La dignidad de España se deteriora con las actitudes públicas no solo de Garzón sino de varios representantes de los partidos que apoyan al presidente. Pedro Sánchez se traga todos los sapos y puede afirmar que anda caliente por los corredores de Moncloa aunque se ría la gente.