Pedro Sánchez está pagando las consecuencias de los indultos concedidos por el Consejo de Ministros a los dirigentes catalanes que intentaron dar un golpe de Estado el 1-O. Los proetarras de Bildu han visto la puerta abierta para exigir ahora la liberación de los presos etarras a los que califican de “presos políticos”. Y cada fin de semana organizan multitudinarias manifestaciones en el País Vasco y Navarra para reivindicar la excarcelación de los criminales de ETA.
Aún más; los dirigentes separatistas catalanes de ERC y JxCat se han unido a Bildu en las más de 200 concentraciones que acaban de celebrarse. Los socios de legislatura ponen así a Pedro Sánchez contra las cuerdas en el ecuador de la legislatura con la amenaza de abandonarle a su suerte si no atiende sus exigencias. Le presionan, conscientes de la debilidad parlamentaria del PSOE, que también sufre una crisis interna en su coalición de Gobierno con Podemos, en especial después de la astracanada de Alberto Garzón en vísperas de las elecciones en Castilla y León.
El presidente se encuentra en uno de sus peores momentos desde que se instaló en La Moncloa. De ahí, que los escaños de ERC y Bildu sean más imprescindibles que nunca para poder culminar la legislatura. Y esa dependencia resulta inquietante. Porque, como se ha demostrado, Pedro Sánchez siempre termina complaciendo a sus socios de legislatura para no quedarse en la estacada. Al igual que indultó a los amateurs golpistas catalanes, es de temer que busque una fórmula para excarcelar, antes o después, a los criminales etarras. De momento, Marlaska ya se ocupa de trasladarlos a las cárceles vascas, donde reciben todos los privilegios que les conceden unas Instituciones Penitenciarias en manos de Bildu, cuyo traspaso aprobó el Gobierno. Ya solo falta que el Consejo de Ministros les indulte cualquier día. Pedro Sánchez es muy capaz.