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Nadal, el último patriota

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 21 de septiembre de 2008, 20:53h
Rafa Nadal, desde el ruedo de las Ventas, como un torero, ha dado la puntilla al equipo americano de tenis como él suele hacerlo. Con coraje, con seriedad, con concentración, con esfuerzo, con sacrificio, con fe en la victoria y, sobre todo, con su gran virtud, con humildad. Porque este hombre que ha logrado doblegar a Federer, al que muchos consideraban el mejor tenista de todos los tiempos, que ha llevado al equipo español a la final de la Copa Davis, mantiene esa sonrisa tímida, ese gesto de hombre sencillo y bueno que lucha por lo que cree, ya sea la victoria con una raqueta en la mano o la defensa de su país, de su idioma, de su Historia.

Nadal nació y vive en Baleares, una región que ha caído en manos del nacionalismo radical, ese amago de ideología que se alimenta de odiar a España. Con el apoyo de los socialistas, como en Cataluña, como en Galicia, los independentistas construyen muros con el idioma, con los símbolos, con la bandera, con la Historia. Y el mejor tenista del mundo también ha plantado cara, como en la pista, a los que quieren arrollar ese idioma, esos símbolos, esa bandera y esa Historia. Como Fernando Alonso, como Pau Gasol, el trío de ases del deporte español, se siente orgulloso de ser español.

Es verdad que a estas alturas de la Historia, escudos y banderas huelen a rancio en un mundo que borra fronteras para unir países, para evitar que el idioma o las costumbres se conviertan en brechas que separan y enfrentan. Pero también es verdad que los escudos y las banderas son utilizados por esos políticos que se llaman nacionalistas para agredir a los que se oponen a sus tropelías e insensateces.

Por eso, Nadal, para hacer frente a esa tropelía, casi para provocar, esgrime la bandera española cada vez que tiene ocasión. Y lo hace con valentía, porque sabe que esos radicales que gobiernan en su tierra se lo harán pagar. Y lo hace, no por patrioterismo trasnochado, sino como muestra de que no está de acuerdo con las senyeras o ikurriñas cuando se utilizan para atacar la Historia de su país.

Nadal, ayer, desde el centro de la plaza de toros de las Ventas, se convirtió en el último patriota. Y salió a hombros por su valor y, como siempre, por su humildad. Esa humildad que le ha llevado a ser, a sus 22 años, el mejor tenista del mundo.














Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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