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Relatos

Marcos Giralt Torrente: El final del amor

domingo 16 de enero de 2022, 19:09h
Marcos Giralt Torrente: El final del amor

Anagrama. Barcelona, 2021. 146 páginas. 17,99 €.

Por Concha D’Olhaberriague

Con buen criterio, la editorial Anagrama reedita ahora El final del amor, de Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968), libro que vio la luz hace diez años en Páginas de Espuma y fue galardonado con el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero.

Desde que en 1995 hizo su presentación en el mundo literario con Entiéndame, compilación de siete cuentos ágiles y amenos, de temática variada, narrados en primera persona, pudimos apreciar la buena pluma y la búsqueda de lo esencial que caracteriza la prosa mesurada y certera de Giralt Torrente. Jorge Luis Borges, probablemente uno de sus maestros, sostenía, por cierto, que en el cuento todo es esencial.

Con el tiempo, los rasgos del estilo inicial, tales como la dosificación, la morosidad o el ritmo zigzagueante, propicio para vislumbrar los recodos y las sinuosidades del alma humana, se han ido aquilatando, y, sobre todo, en Marcos Giralt Torrente tenemos uno de los escasos escritores que posee un mundo propio desde su segunda obra, París, Premio Herralde 1999, novela de iniciación en cierto modo, con un protagonista narrador en primera persona, quien, al final de la treintena y ya casado, se sumerge en los recuerdos de su infancia y adolescencia de hijo único con el propósito de elaborar una interpretación que le alivie y ayude a entender zonas nebulosas y zozobras de la relación con sus progenitores: una madre presente y dominante y un padre problemático y ausente, desde muy temprano.

Pues bien, los afectos y resquemores, el peso de la culpa, las suspicacias, ofensas, traiciones, medias verdades y recelos en las relaciones interpersonales en el seno de la familia de clase media ilustrada constituyen el territorio propio de la narrativa de Giralt Torrente desde París hasta Mudar de piel, su última obra publicada.

En una entrevista concedida a Babelia, suplemento cultural de El País, al poco de salir este libro, ante la extrañeza del periodista por el largo lapso de tiempo transcurrido desde el precedente -la primera edición de El final del amor-, respondía el escritor: “Un libro tiene que nacer de un lugar íntimo muy profundo y cada dos años no mudas de piel, no tienes ese lugar nuevo desde el que escribir y plantear cuestiones que te atañen como individuo, algo verdaderamente relacionado con la vida¨.

Partiendo de la convicción -compartida por escritores de la talla de André Gide- de que en la familia se da en abreviatura lo que se halla en los restantes ámbitos sociales, Giralt Torrente contempla las zonas semiocultas y penumbrosas de las ligazones intrafamiliares y ausculta las corrientes que avanzan en sordina, persuadido de que, en este reino, el silencio es un gran decidor. Antes que atender a lo fáctico, se interesa por atisbar los recuerdos, anhelos, sueños y deseos, y su quiebra, y a plasmarlos de una manera sutil y contenida.

Es posible que la obra cumbre de Marcos Giralt Torrente sea Tiempo de vida (2010) -celebrada por la crítica y premiada por partida doble-, imponente novela confesional y autobiográfica, verista y lírica, acerca del pacto de reconciliación entre un hijo y un padre mortalmente enfermo.

Son varios los autores que han cultivado este tipo de novela de temática paternofilial, intimista y de autognosis en los últimos años, no obstante, tal vez sea Ricardo Menéndez Salmón, con el lirismo desgarrado de No entres dócilmente en esa noche quieta (2020), el único que ha levantado una obra parangonable por su excelencia a Tiempo de vida.

Al año siguiente de ver la luz la novela antedicha, Marcos Giralt Torrente acreditó su madurez y destreza en la narrativa breve con El final del amor, cuatro magníficos relatos de tamaño medio que versan, como anuncia el título, sobre el alejamiento de los miembros de cuatro parejas de índole diversa.

En Nos rodeaban palmeras, el protagonista masculino rememora el viaje que realizó con su mujer a una isla africana, movidos por la vana intención de salvar su tedioso matrimonio. El segundo relato, Cautivos, es, quizá, el más sugerente y rico en matices de los cuatro. El narrador testigo y amigo cercano de la casa nos desvela minuciosamente la perseverancia en la infelicidad de una pareja cuyos miembros viven separados el uno del otro, aunque sin dar por concluido su matrimonio ante la sociedad. Solo la muerte del marido, acompañado en el trance por el narrador, pondrá un colofón al aparente vínculo y a Cautivos.

Joanna, el relato siguiente, cuenta, asimismo, con un narrador testigo que evoca cómo, de forma azarosa, descubre la relación de tintes escabrosos entre un padre y una hija a la que conoció casualmente y trató cuando él, adolescente, huérfano de padre y abandonado por su madre, vivía con su abuela en El Escorial. Cierra el libro La última gota fría, simbólico título para un conflictivo triángulo, formado por una madre divorciada con un hijo adolescente y un amante que recela del muchacho y confirma, así, el derrumbe de la relación.

El final del amor es, en suma, un libro que por su perspicacia, finura y perenne actualidad atrae e inquieta cuando se descubre y no pierde un ápice de interés cuando se relee.

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