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Novela

Agota Kristof: Ayer

domingo 23 de enero de 2022, 20:31h
Agota Kristof: Ayer

Traducción de Ana Herrera. Libros del Asteroide. Barcelona, 2021. 112 páginas. 16,95 €.

Por Luisa Martínez

“Ayer soplaba un viento conocido. Un viento que ya me había encontrado. Era una primavera precoz. Iba andando al viento con paso decidido, rápido, como todas las mañanas. Sin embargo, tenía ganas de volver a la cama y acostarme, inmóvil, sin pensamiento alguno, sin deseo alguno, y quedarme allí acostado hasta que sintiera aproximarse esa cosa que no es ni voz, ni gusto, ni olor, tan solo un recuerdo muy vago, venido de más allá de los límites de la memoria. Lentamente, se abrió la puerta y mis manos colgantes tocaron con espanto los pelos sedosos y suaves del tigre. —Música —dijo—. ¡Toca algo! Al violín o al piano. Mejor al piano. ¡Toca! —No sé tocar —respondí yo—. No he tocado el piano en toda mi vida, no tengo piano y no lo he tenido nunca. —¿En toda tu vida? ¡Qué tontería! ¡Venga, ve a la ventana y toca! Frente a mi ventana había un bosque. Veía a los pájaros reunirse en las ramas para escuchar la música. Veía a los pájaros. Con la cabecita inclinada y los ojos fijos que miraban a algún sitio a través de mí. Mi música era cada vez más fuerte. Se volvía insoportable. Un pájaro cayó muerto de una rama. La música cesó”. Así arranca Ayer, de Agota Kristof (Hungría, 1935-Suiza, 2001) la autora de la celebrada trilogía Claus y Lucas.

Ayer es una novela tan breve como intensa, y una de las mejores de su autora. Nos sumerge en la vida de Sándor Lester, protagonista y narrador, que pasa sus días en soledad en una gélida ciudad europea. Lester trabaja en una fábrica de relojes, pero dedica su tiempo libre a la escritura, y frecuenta la compañía de una mujer, Yolande, a la que no ama. Un día parece que su existencia va a dar un vuelco, al conocer a una nueva empleada de la fábrica, Line, casada y con una hija pequeña. No obstante, el amor surge entre ellos y comienzan una relación, sumamente compleja y con elementos muy dolorosos y destructivos.

Con cierta raíz autobiográfica -Agota Kristof se exilió en Suiza en 1956 abandonando su país cuando el grito de libertad de los húngaros fue ahogado por las tropas del Pacto d Varsovia, y trabajó en una fábrica de relojes-, estamos ante una novela inquietante, repleta de sombras y con una cosmovisión nada complaciente. Una visión que Kristof nos transmite a través de una prosa depurada, y a la que otorga un punto de fría poesía, que nos impacta. Una poesía tan fría como el desolado mundo que refleja.

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