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TRIBUNA

La guerra de Putin

Juan José Vijuesca
miércoles 26 de enero de 2022, 20:41h

A mí esto de las guerras al uso me da mucha pereza, que quieren ustedes que les diga. Además de aburrido nunca se sabe quién es el enemigo. Recuerdo que haciendo mi primera guardia en mi época de mili se lo pregunté al sargento cuando me facilitó el santo y seña del día, -que viene a ser lo que hoy conocemos como PIN de la tarjeta de crédito. –Es por si viene el enemigo- me dijo con mucho secretismo. –A la orden de usted, mi sargento, ¿pero quién es el enemigo? Aquello me costó sacarle brillo al ánima de unos cuantos fusiles de asalto. Pudo ser peor de no haber sido por un alférez de complemento que se interesó por mi afición a escribir poesía romántica y me levantó parte del arresto. Claro está que me utilizó de amanuense cada vez que tenía que enviar cartas a su novia. Se corrieron las voces y por miedo a convertirme en obrador de versos a granel me dediqué a escribir para la Legión y con ello mi estilo literario cambió de raíz. Aquello fue lo más próximo que estuve de un conflicto con el enemigo.

Hoy en día hacer una guerra convencional carece de audiencia. Hay mucha carga viral con el mundo del colorín y la gente no siente el interés por engancharse a estos compromisos de tirar a matar. Lejos queda aquél “No a la guerra” cuando la calle se movilizaba y el clamor de cuantos salimos a defender una paz tan obligada como necesaria nos hermanó en sentido común. La sociedad se volcó en contra del vicio de la guerra y hasta determinados actores y actrices de relumbrón se enfundaron en camisetas con el vistoso slogan para que el señor Aznar recibiera su merecido en la tribuna del Congreso de los Diputados. Por eso digo que ahora las guerras, aunque maten igual o más que las de antes, parece no interesar a casi nadie, sobre todo cuando según sea quien gobierne en cada momento. Ya saben.

También anduvimos con lo de “OTAN no” y “Bases fuera” pero la gente envejece en ilusiones y con la cosa de aquél referéndum con su pregunta trampa propiciada por el PSOE de Felipe González se pasó a un “OTAN sí”, y aquí seguimos sin saber muy bien que es lo que representa para nuestra seguridad nacional todo este mangoneo de matar o morir en campos de batalla que bien podrían ser campos de trigo o florecientes praderas llenas de girasoles. Hay que reconocer que implicarse en conflictos militares de agresión a otros pueblos es más una cuestión de semántica, y lo digo porque la ministra Robles nos ha advertido de no dramatizar con este compromiso dado que tan solo se trata de una amenaza y no de una invasión. Ojalá que la cosa no vaya a mayores, pero no obstante la señora Robles debería explicarnos el por qué España ha sido el primer país aliado que comprometió públicamente el envío de tropas por mar (dos buques al Mar Negro), aire (seis cazas a Bulgaria) y tierra (soldados desplegados en Letonia) total por una “simple bravata” de un tal Putin.

Las guerras por sí solas son como jugar al escondite en donde uno la “liga” y cuenta hasta diez, mientras los demás se ponen a buen recaudo para no ser vistos. Lo demás lo hace la artillería que para eso cunde más que lo del cuerpo a cuerpo de toda la vida. Esto tiene su ventaja porque evitas preguntar al adversario quien de los dos es el enemigo. En caso de duda siempre lo mejor es llamar al teléfono de Atención al Ciudadano. En el supuesto de que las líneas estén saturadas, como suele ser habitual en este tipo de guerras, o se mata flojito o se queda por whatsapp para otro día.

A mí no me gustan las guerras, pero es que yo soy muy raro. Lo cierto es que con el actual Gobierno y demás anexos inseparables ni se genera confianza ni siquiera aportamos nada de mayor talla a los americanos que a buen seguro no olvidan la humillación de José Luis Rodríguez Zapatero permaneciendo sentado ante la bandera de EEUU aquél 12 de octubre. Ya saben, el mismo ZP de la Alianza de Civilizaciones y todos esos galanteos con lo más granado de la sinfónica comunista allá donde se precie. Y eso pasa factura; de ahí que Pedro Sánchez tenga que aguantar el menosprecio de Joe Biden de excluirle en los diálogos sobre el conflicto de Rusia con Ucrania. A lo mejor es lo único que aportamos, porque una cosa es que el inquilino de la Casa Blanca te haga la cobra durante 29 segundos en aquella famosa caminata de Bruselas y otra más grave es no te incluya en la llamada clave junto a los primeros espadas europeos.

En fin, como yo soy más de letras que de balas reivindico el “No a la guerra”, que dicho sea parece que esta desmerece de aquella otra cuando nos timaron con lo de las armas de destrucción masiva. A pesar de ello nos lanzamos a la calle para que los indeseables señores de la guerra nos dejaran a todos en paz. A lo mejor es que aquellos eran otros tiempos y otros los gobernantes implicados. Es lo que hay y lo que nos merecemos.

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