Este atacante brasileño ha pasado de ser un sin papeles en Italia a jugar en la élite del fútbol mundial.
El deporte ejerce, de vez en cuando, como marco de historias vitales extraordinarias. Seres humanos con una trayectoria complicada logran salir a flote tras tocar fondo. Y llegan a la cima de su profesión. No son pocos los testimonios de este estilo que el fútbol ha alimentado. El último de ellos en restallar para el gran público tiene como protagonista a Junior Messias, actual revulsivo atacante del Milan. Del segundo clasificado de la liga italiana, que tiene en plantilla a nombres como Zlatan Ibrahimovic, Brahím Díaz, Theo Hernández, Frank Kessie o a Olivier Giroud.
Messias ha entrado de lleno en la rotación de partido diseñada por el técnico Stefano Pioli y con la que los rossoneri esperan reconquistar el trono de Italia. Se trata de un astuto llegador, capaz de repartir asistencias y de anotar goles. Que se lo pregunten al Atlético de Madrid, pues suyo fue el tanto que tumbó al escuadrón entrenado por Diego Pablo Simeone en el duelo disputado en el Metropolitano, correspondiente a la fase de grupos de la Liga de Campeones. Casi nada.
Pero lo que resulta extraordinario en la hoja de servicios de este futbolista profesional no es su balance como atacante milanista, ni su tremenda irrupción del pasado año en la Serie A, de la mano del Crotone (nueve goles y cuatro asistencias). Este potente treintañero nacido en Belo Horizonte, que compite en el rol de extremo derecho, trabajaba como repartidor de frigoríficos hace sólo seis años.
En 2011 decidió emigrar a Italia tras haber salido de la cantera del Cruzeiro. Sin documentación en regla en territorio europeo, se puso a buscarse la vida como pudo. Para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a la familia que había dejado en Brasil. En Turín fue albañil, electricista... educado por su padre. Se olvidó por completo del fútbol. Cumplidos los 20 años, se enfocó en trabajar en sectores alejados de lo deportivo.
Mataba las ganas de jugar en equipos amateurs. Con otros inmigrantes latinoamericanos que residían en el Piamonte. Y el tiempo pasó. Hasta que en 2015 llamó la atención al que fuera entrenador del Torino Ezio Rossi. Este técnico trató de convencerle para que se fuera con él para jugar en el Fossano (de la Cuarta División italiana). Sin embargo, el sueldo que le ofrecían era inferior a lo que ganaba descargando frigoríficos. Así que rechazó la propuesta sin contemplaciones. Eso sí, Rossi no tiró la toalla y le llamó de nuevo para que fuera al Casale, club al que entrenaba en esa época.
Y lo hizo con un contrato de 1.500 euros por delante, para que le compensara dejar su trabajo para intentar hacer una carrera en el balompié. Y en la Quinta División transalpina, campeonato 'Eccelenza', brotó su talento. Se proclamó campeón de la categoría tras marcar 20 goles. Dos años más tarde, en 2017, casi dio el salto a la Serie B (Segunda División), pero su condición de extracomunitario frenó el interés en contratarle de la Pro Vercelli. En todo caso, para aquel entonces se había convencido de su capacidad futbolística, siguiendo el consejo de su creyente tía -que le había dicho que triunfaría en Europa-.
La siguiente oportunidad llegaría por parte del Chieri, en la Cuarta División. Y cuando su ascenso parecía estancarle apareció una oferta del Crotone, que aspiraba a subir a la Serie A desde la Segunda División. Aceptó y aportó seis goles y seis asistencias para que el conjunto de Calabria pudiera jugar con los mejores del país en la temporada 2020-21. Con 29 años aterrizaba, al fin, en la élite. Quedaba atrás su batalla por subsistir cuando no tenía papeles para residir en Italia. Y poco importó que su equipo descendiera el pasado año, pues el Milan ya le había tentado.
Los lombardos consiguieron su cesión para este curso y Junior Messias ha respondido. En el Metropolitano, el pasado 24 de noviembre, vivió su éxtasis. Fue suplente de inicio, pero Pioli se hizo entrar como revulsivo en el minuto 65, supliendo a Krunic. Y en el minuto 87 dio el triunfo a los milanistas con un cabezazo rebosante de fundamentos que batió a Oblak. Los tiffosi rossoneri ya le han diseñado un cántico personalizado para que resuene en San Siro cuando marque más goles. Y esperan que esa ocasión sea en el próximo encuentro: ante el Inter, el cinco de febrero.