Carlos Mena e Iñaki Alberdi protagonizaron la tarde del miércoles un audaz “mano a mano” en una velada en la que el canto renacentista de Josquin des Prez (ca. 1450-1521) fue atrevidamente acompañado por un instrumento atípico en este repertorio, el acordeón. El concierto se inscribe dentro de un ciclo concebido por la entidad para aquellos autores contemporáneos que se han propuesto reinterpretar a los clásicos desde la perspectiva musical actual.
Formado en la técnica compositiva del contrapunto con Johannes Ockeghem (Francia, 1420-1497) y, vocalmente, como miembro del coro de la iglesia de Saint Quentin (Alta Francia), Josquin Des Prez está considerado la figura más importante de la llamada escuela musical franco-flamenca que, hacia el segundo cuarto del siglo XV aunó en Flandes la corriente francesa inaugurada por Guillaume Machaut (1300-1377, principal representante del movimiento conocido como Ars Nova o arte nuevo que surgió como contraposición al Ars Antiqua o arte antiguo) y la de los madrigalistas italianos. Personaje no exento de misterio, pues se conoce poco de su vida y sólo se conserva, de su propia mano, una firma en un muro de la Capilla Sixtina -junto con las de muchos otros cantores que durante siglos fueron estampando las suyas-, a este compositor se llegaron a atribuir -con mayor o menor fortuna- cerca de cuatrocientas obras, entre ellas muchas anónimas. Nacido en Beaurevoir, Des Prez escribió tanto música sacra como laica utilizando en ambos géneros todas las formas vocales. Una de las facetas que le hicieron famoso fue su habilidad para solucionar problemas compositivos de muy diversas maneras para una misma composición (algo que Stravinsky haría 400 años más tarde).

Josquin des Prez
Actualmente ya no son tantas las obras que se le atribuyen, pero las que han quedado dentro del llamado “Canon Josquin” siguen estando entre las composiciones de mayor calidad del Renacimiento.
Des Prez hispano ha sido el título escogido por Mena y Alberdi para este concierto ofrecido en la FJM, porque, además de interpretarse en él varias obras de este extraordinario maestro del contrapunto y la armonía que fue Des Prez -ofreciendo además una visión no tan conocida de su obra, que incluye una transcripción del mismo Joan Alberdi-, contiene un diálogo con el compositor que entablan cuatro autores españoles del siglo XXI: Joan Magrané (1988), Jesús Torres (1965), Gabriel Erkoreka (1960) y José María Sánchez-Verdú (1968).
Comienza el concierto y suena “Ave maris stella” (“Salve estrella del mar”), un himno del siglo IX de autor desconocido cantado en la Liturgia de las Horas, en las Vísperas católicas, en la que Des Prez basó su misa del mismo nombre. En el himno, el acordeón, ejecutando tan solo el bajo continuo, deja casi todo el protagonismo a la voz carnosa, bellísima e impecablemente entonada de Carlos Mena. Ya de la misa de nuestro autor se interpretan el “Benedictus” y el “Agnus Dei” (el acompañamiento va aquí creciendo en importancia, entablando un bello diálogo en el que instrumento y voz se alternan o complementan). A la misa de Des Prez sigue su “Cueurs desolez par toute nation”. Después es el turno de la obra del primer autor contemporáneo, Joan Magrané, concebida en los presupuestos de la atonalidad, a la que sigue, de Des Prez, “Ile fantazies de Josquin” -un solo breve con acordeón del que hay que reconocer que no solo no desvirtúa, sino que realza la belleza de esta música renacentista- e “Inviolata, integra et casta es”. Con “Llama de amor viva” de Jesús Torres, una composición bellísima -al menos en la voz de Mena- dentro de la música contemporánea que combina hábilmente la atonalidad y la estética del Renacimiento, concluye la primera parte del recital.
La segunda parte se inicia con “Mille regretz” de nuestro autor franco-flamenco. La muestra de su obra concluirá con “La Bernardina”-interpretada por acordeón solo- y “Plaine de deuil”. Con estos tres temas alternan “Messa di Voce”, de Gabriel Erkoreka (una pieza atonal difícil de encajar por el no iniciado, en la que el autor juega y explora la difícil técnica de canto a la que alude su título, consistente en ir variando la dinámica de una misma nota de pianissimo a forte y viceversa), y el Tratado de lágrimas de Sánchez Verdú, estrenado completo por primera vez; el acompañamiento, dificilísimo, fue interpretado por Alberdi magistralmente.
En conclusión, la propuesta de Mena y Alberdi constituye un audaz y bello experimento que ennoblece el instrumento escogido, el acordeón (relegado desde su invención, en 1822, al acompañamiento de melodías y ritmos populares de distintos pueblos y diversas nacionalidades) y lo contextualiza de nuevo, posibilitando que el espectador lo asocie con la interpretación por órgano. Recuérdese que durante la Edad Media y el mismo Renacimiento se utilizó el órgano portativo (o portátil), así como el organetto (otro órgano portátil provisto de tubos). Por otro lado, ambos instrumentos tienen en común que utilizan aire insuflado, por lo que su sonido no está tan alejado.
Próximos títulos del Ciclo Reinterpretar los clásicos: “Románticos modernos”, por Imogen Cooper, piano (2 de febrero); “Actualizar los géneros”, por Noelia Rodiles, piano (9 de febrero).