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La derrota de ETA y el lienzo de Penélope

Luis de la Corte Ibáñez
lunes 22 de septiembre de 2008, 22:53h
Ausente Odiseo, vencedor en aventura de Troya aunque lejos de Ítaca, su esposa Penélope hubo de padecer el asedio de numerosos pretendientes. Conforme al relato de Homero, la inteligente Penélope urdió una astucia para demorar el nuevo casamiento. La reina de Ítaca anunció a los ambiciosos candidatos su decisión de tejer un digno sudario para la próxima muerte del héroe Laertes, su suegro, prometiendo que al término de la tarea ella misma se entregaría al mejor esposo. <>. Así, de no haberse descubierto el engaño, como acabó sucediendo cuatros años después de su inicio, el lienzo de Penélope jamás habría sido terminado. No se si alguien lo habrá pensando antes pero este poético relato guarda algún parecido con una historia que no es ficticia sino real, además de reciente, próxima, dolorosa y aciaga. Escribo sobre esa sórdida cadena de propósitos y despropósitos, de esforzados contragolpes, la mayoría dignos y bienintencionados, algunos indignos y otros manifiestamente torpes, que jalonan la lucha de la democracia española contra su enemigo más tenaz: la miserable organización terrorista ETA.

En todo el tiempo transcurrido en España desde el comienzo de la nueva era democrática hasta nuestro presente más actual la mayoría de nuestros gobiernos (con anuencia de una parte importante de la sociedad española) han dirigido la política antiterrorista frente a ETA con maneras aparentemente idénticas a las que la mítica Penélope aplicó a la elaboración de su lienzo: tejiendo por una parte lo que se destejía por otra. El lienzo lo tejían, sobre todo, funcionarios, jueces y fiscales y muy especialmente las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Policías y guardias civiles ponían a diario todos sus recursos, su propia vida a la tarea de prevenir la violencia, de apresar a los asesinos. Por poner, ponían incluso gran parte de los muertos. Siempre han soportado las pérdidas y han logrado desmantelar una y otra vez las estructuras de ETA, con paciencia, con perseverancia, mientras tenían que oír que la represión policial sería finalmente inútil… Entre tanto, y por muchos años, la tela donde debiera quedar escrita la derrota de ETA se destejía con discursos ambiguos (en un tiempo combinados con una guerra sucia desastrosa e indigna), con intermitentes ofertas y planes de diálogo, con procesos de negociación fallidos que recomponían una y otra vez las esperanzas de los terroristas. Pero junto a los funcionarios de Interior que preservaron la honra (o sea, la inmensa mayoría), junto a jueces y fiscales otros seguían ayudando a tejer….. Me refiero a los familiares de las víctimas, a los amenazados y extorsionados que no se plegaron a la coerción y que tampoco buscarían venganza. Al principio, y por demasiado tiempo, estuvieron muy solos. Se les pedía resignación y -lo que es peor- silencio. Más tarde comenzaron a recibir nuevos apoyos. Algunos acontecimientos como el secuestro de Ortega Lara, el asesinato de Miguel Ángel Blanco y la posterior tregua-trampa permitieron reparar errores políticos y sumar fuerzas; fuerzas para tejer… En el propio País Vasco surgieron los movimientos cívicos contra ETA, con su abnegada y valiosísima labor. Esos movimientos y las asociaciones de víctimas fueron ganando protagonismo y presencia pública, creando un nuevo discurso en defensa de la Memoria, la Dignidad y la Justicia frente al terror. Y la convicción de que ETA podía ser derrotada se fue extendiendo a medida que ésta iba mostrando su rostro más atroz, a medida que ampliaba la nómina de sus víctimas reales y potenciales (“socializar el sufrimiento” decían), a medida que los partidos políticos constitucionalistas fueron ganando determinación frente al chantaje, ampliando nuevos frentes de lucha legal y legítima, comenzando a socavar las tramas políticas y civiles de los terroristas.

Por fin, se empezaba a arropar las víctimas como se merecían; por fin iban cerrándose los hilos del lienzo. Ninguna Penélope destejía entre sombras las esperanzas que se iban trabando a la luz del día. Pero de repente, en el año 2004 sobrevino un turbulento cambio de gobierno. Un gran partido político con vocación nacional, un partido integrado por muchas personas que habían sufrido lo indecible por culpa de ETA, un partido que en su programa electoral había prometido continuar una política antiterrorista firme se descuelga inesperadamente ofreciendo a ETA una paz “sin vencedores ni vencidos”. Y lo hizo sin encomendarse a Dios ni al diablo, y mucho menos al otro gran partido político inequívocamente español; lo hizo encubriendo las dificultades reales y la violencia soterrada practicada por ETA en los primeros meses de su última tregua; lo hizo articulando un nuevo discurso lleno de guiños apaciguadores que transfiguraban a los asesinos en interlocutores políticos e inflaban una vez más sus ilusiones de triunfo sobre la democracia; lo hizo continuando el diálogo aún después de haberse producido dos muertes (y ocultando este extremo). Todo para fracasar. Fracasar tras haber permitido la vuelta de los terroristas a las instituciones. Fracasar con dos guardias civiles asesinados en Francia y un antiguo concejal vasco y socialista caído pocas horas antes de que la sociedad española volviera a elegir gobierno. Después, más muertes, otro guardia civil fallecido en un conato de matanza. En suma, lo tejido deshecho y vuelta a empezar, o casi…

Como se ve, la analogía del lienzo es útil, aunque ninguna metáfora resulta nunca exacta. Penélope tejía y destejía su tela para engañar a sus enemigos y evitar así una derrota: la que le llevara a desposarse con algún pretendiente indeseable. Por el contrario, el lienzo tejido y destejido por los gobiernos españoles en la lucha contra ETA rara vez ha logrado engañar a la organización terrorista. Además, y esto es lo más triste, la derrota aplazada por ese tejer y destejer no ha sido la del Estado y la sociedad española sino la de la propia ETA, nuestro enemigo.

El primer borrador de este artículo concluía con una felicitación por las decisiones judiciales adoptadas la pasada semana (ilegalización de ANV, condena de Gestoras Pro Amnistía e ilegalización del PCTV). Sin duda, esas medidas abrían un nuevo motivo para renovar nuestra esperanza en la futura y definitiva derrota de ETA. Pero los atentados de los últimos días, con víctima mortal incluida, nos recuerdan que la victoria que buscamos no es gratis ni está exenta de sufrimientos. No es impensable que esas respuestas de ETA a la presión judicial y policial se amplíen en los próximos días, semanas o meses. Enfrentados a esta nueva coyuntura el mensaje que pretendía trasmitir este artículo ha ganado sentido pues, con cada nueva reacción homicida, la necesidad de que autoridades y ciudadanía se mantengan firmes y cohesionados ante el chantaje se irá haciendo más acuciante. La presión judicial y policial debe continuar sin tregua (sí, sin ninguna tregua más). Y el gobierno debe continuar con la nueva y correcta marcha emprendida en los últimos meses, con apoyo leal y supervisión exigente de la oposición. Hay más pasos que dar, y algunos deberían darse inmediatamente, como impedir que ciertos ayuntamientos del País Vasco sigan siendo gobernados por ANV y aumentar la presión política sobre el PNV. En definitiva, hay que renunciar por siempre a la tentación de volver a actuar como Penélope. El lienzo de la derrota de ETA aún está acabado pero puede acabarse, con una sola condición: no más tejer para luego destejer.
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