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21º GRAND SLAM

Abierto de Australia. Nadal se convierte en el mejor tenista de la historia

Abierto de Australia. Nadal se convierte en el mejor tenista de la historia
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(Foto: Efe)
domingo 30 de enero de 2022, 15:10h
Actualizado el: 31 de enero de 2022, 13:59h

Rafa Nadal consigue romper el récord más importante tras conquistar su 21º Grand Slam en más de cinco horas agónicas.

Rafael Nadal (35 años) aterrizó en Melbourne el día 29 de diciembre de 2021. Lo hizo como actor secundario en los augurios de favoritismo generados en torno a la 110ª edición del Abierto de Australia. Este es el motivo de esa degradación de estatus: su lesión crónica en el escafoides despertó y le constriñó a estar seis meses de baja, dando vueltas a si recuperaría su tenis o nunca volvería a la élite. Además, se contagió de Covid-19. En consecuencia, sus propias expectativas se tornaron discretas. El objetivo no pasaba de probar su físico día a día.

Sin embargo, el mejor deportista español de la historia sembró un trabajo denodado para renacer y recogió una racha de nueve victorias seguidas hasta la final del torneo australiano de este domingo. Despertó, con cautela, en el Melbourne Summer Set y fue creciendo en el primer 'major' de 2022 (ganó a Marcos Giron, Yannick Hanfmann, Karen Khachanov, Adrian Mannarino, Denis Shapovalov, Matteo Berrettini). Por el camino batalló con pegajosos dolores y sufrió un golpe de calor en cuartos de final -que le llevó a perder cuatro kilos-, mas sus sensaciones florecieron.

En esa inercia se presentó en la pista Rod Laver Arena para convertirse en leyenda absoluta; para alzar su 21ª título de Grand Slam, el récord más importante de todos. Se le cruzó Daniil Medvedev (25 años), el principal favorito tras la treta vírica fallida de Novak Djokovic. El ruso, que si vencía se aseguraba el número uno del mundo, se manejó con grandeza en el uso de la raqueta (derrotó a Henri Laaksonen, Nick Kyrgios, Botic van de Zandschulp, Maxime Cressy, Felix Auger-Aliassime y a Stefanos Tsitsipas). Sus salidas de tono (provocó al público en varios partidos y llegó a insultar al juez de silla) no alcanzaron a opacar su brillantez tenística.

Se le planteó a Rafa el peor desafío posible. El moscovita le llevaría al límite en lo mental y en lo físico. Los intercambios desde el fondo de la pista pautaron una intensidad asfixiante. De hecho, los cinco juegos iniciales se estiraron hasta la media hora. Todo un aviso. Y tardó el balear en jugar cómodo. Su gestión del saque se estrenó con dos breaks en contra y dos dobles faltas (2-5). El segundo cabeza de serie aceleró desde temprano, defendió como si de un muro se tratara, surtió de cañonazos a su servicio y se adjudicó el set inaugural con solvencia (2-6).

Jugaba muy largo el ruso, a placer en su propuesta plana y rebosante de inteligencia. Nadal se remangó para localizar soluciones. Lo pensado -revés cortado y cambio constante de direcciones y alturas- no estaba funcionando. Con determinación, el manacorí arriesgó cada vez más y pudo frenar la racha -cinco juegos perdidos de forma consecutiva-. Ganó agresividad en sus golpeos, sobre todo en el resto, y arrancó su primer break para confirmar su reacción en la segunda manga (4-1). Pero el moscovita volvió a subir enteros (5-5) y remontó en el tie-break (6-7).

Había mejorado sus prestaciones el balear, salpicando su tenis de dejadas y golpes exquisitos. También de errores no forzados -hubo de virar su estilo, pues los lanzamientos ganadores parecían su única opción para batir a la desmoralizante defensa del ruso- y de un trompicado desarrollo de su servicio. Llegó a disfrutar de una pelota de set, mas ahí revivió el imperturbable Medvedev. Sobrevivió al arreón del español y le tumbó en una tensa conclusión del segundo set, revestida de punto de inflexión. El público del Melbourne Park, apasionado con el balear, quedó apagado.

Con orgullo y garra, Rafa se aferró a la pista. Evidenció su jerarquía a pesar de competir dos sets por debajo en el marcador. Siguió escudriñando ángulos y fórmulas para sumar. Y puso en pie a una tribuna seducida por su tesón. Sólo había dominado en un breve periodo de la hora y 24 minutos que duró la segunda manga, pero siguió apretando. Elevó su ritmo y potencia de pegada, regateando al cansancio, y arrancó un break clave que le catapultó hacia la anhelada victoria parcial (4-6). Para filtrar dudas en su contrincante.

La sobrevenida consistencia del primer servicio fue el abono de despunte español. Después ajustó el plan con mayor flujo de reveses cruzados y equilibró la dinámica. Y la tensión volvió a niveles extremos. En ese paisaje, como es sabido, pocos competidores hay como Nadal. Y llegó a ver el horizonte: logró que el ruso titubeara con su saque. Le arrancó dos breaks y concedió uno -se puso 2-4 en juegos agónicos de más de 10 minutos-. La dureza psicológica de Medvedev flaqueó, al fin, y empezó a luchar para acortar los puntos. Coqueteó con la precipitación y en este tramo era el zurdo la muralla infranqueable. A partir de ahí, el derroche se condujo al paroxismo. Final empatada (4-6).

El desenlace, a estas alturas, acaparó las miradas del planeta. La variedad de direcciones, con dejadas por doquier, había erosionado al nacido en Moscú. Aparentaba llegar al momento de la verdad con menos fuelle. Pidió la atención del fisioterapeuta el ruso y afiló su servicio (23 'aces'), aunque también lo hizo el isleño, con presión incluida al resto. Con el trofeo en el aire, cosechó el jugador legendario un break trascendental (seguido de la anulación de tres bolas de rotura en contra) para aperturar un 2-4. Dibujó una autopista venenosa hacia su título 90º, apuntalada con otro saque roto (en el 5-5) y llegó a la orilla (5-7). Para dejar en la estacada estadística a Djokovic y Roger Federer. España puede festejar: Nadal ha vuelto condecorado como el mejor de todos los tiempos.

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