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VOZ CARIBEÑA

Una mirada a la visita de Felipe VI a Puerto Rico

domingo 30 de enero de 2022, 18:53h

Estimados lectores de El Imparcial, reciban un cordial saludo desde Puerto Rico y un especial agradecimiento a la directiva por permitirme un espacio para compartir reflexiones sobre el acontecer histórico contemporáneo a través de una “Voz caribeña”.

Puerto Rico es contrastes. Hay una hispanofilia a la que se aferran ante el intento de transculturación estadounidense, pero también hay un sentimiento de rechazo al choque de culturas al ponderar lo que implicaron los cuatro siglos de dominio español. Como todo, hay grupos que apoyan y otros que usan el contexto histórico para repensar el pasado. Por ello, la conmemoración del quinto centenario del traslado de capital de la isla de Puerto Rico desde Caparra (1508) a la Isleta de San Juan (1521) y el Foro Económico y Empresarial estuvieron enmarcadas en una serie de eventos que merecen darle otra mirada a los diversos significados que tuvo para los isleños el recibir la delegación que acompañó a Felipe VI. La visita del rey a la Isla generó opiniones variadas y diversos sectores se replantearon los vínculos con España.

Los eventos tuvieron vasta cobertura, dado que, al ser una colonia estadounidense, no es costumbre recibir o tratar asuntos diplomáticos con países extranjeros. Para entrar en contexto, históricamente, las relaciones con la antigua metrópoli han sido gestadas por los representantes políticos del Partido Popular Democrático o estadolibristas, quienes han promovido la defensa del español como idioma oficial y la herencia cultural que nos une a Hispanoamérica. Tan es así, que en las dos veces anteriores que representantes del sector estadolibrista recibieron a los monarcas españoles, fueron ampliamente criticados por el sector que promueve el anexionismo a los Estados Unidos de América, al entender que jugaban a la república. Claro, el afianzar nuestra herencia hispana era contraproducente a avivar su discurso anexionista y porque ante la mirada internacional, coartaba encausar el apoyo estadounidense a convertir a Puerto Rico en un estado federado de la República estadounidense que nos mantiene como colonia desde su invasión en 1898. Vale recordar que Puerto Rico se ha mantenido como colonia estadounidense, luego que la Corona Española cediera la Isla como botín de guerra al firmarse el Tratado de Paris que puso fin a la Guerra Hispano-Cubano-Estadounidense. Para ese momento, existía una relación política con España que bajo la Carta Autonómica (1897) nos otorgaba mayores derechos y representación en el parlamento español que el que tenemos actualmente con los Estados Unidos.

Esa élite política estadista, que otrora cuestionaba las relaciones culturales con la antigua metrópoli, son los mismos que al estar en el poder, cambiaron su discurso y mostraron que por más republicano que se piense, no se resisten a los encantos de la Corona. Reconocieron la herencia hispana y han promulgado un discurso dicotómico, al destacar el deseo de estrechar lazos comerciales a largo plazo con un país del extranjero y al acentuar nuestras raíces con la primera metrópoli que constantemente tratan de minimizar en su intento de asimilarse más a la cultura estadounidense. También, resulta contradictorio, cómo el primer ejecutivo, Pedro Pierluisi Urrutia, electo por el menor porciento de votantes en la historia, ha destacado la disponibilidad de fondos federales para la reconstrucción de la Isla, luego del paso de los huracanes Irma y María en septiembre de 2017, con los que las empresas españolas pueden beneficiarse, de concretarse acuerdos comerciales y económicos.

Dejando aparte como cambia el discurso de los representantes políticos anexionistas cuando están en el poder, la visita del rey Felipe VI, propició que diversos sectores manifestaran su visión de la relación con España, de la invitación a nuevos extranjeros y viejos conocidos, a estrechar lazos comerciales en un momento en que los puertorriqueños cuestionan la gentrificación actual, a causa de la legislación que otorga exenciones contributivas y les convierte nuestra nación en un paraíso fiscal a acaudalados estadounidenses. En ese sentido, el debate giró en darle una mirada desde el presente a variados aspectos históricos entre ambos territorios. Hubo sectores que, en ese revisionismo histórico, cuestionaron el trato ofrecido a su antigua colonia y hasta el grupo “Fuerzas libertarias de Borikén” manifestó su descontento con ese pasado colonial al derrumbar la escultura de Juan Ponce de León y Figueroa, quien fue el primer gobernante español y el encargado de iniciar el proceso de colonización de Puerto Rico en 1508. Para algunos, la escultura no debió erigirse porque representa la extinción de la población aborigen taína y los eventos que perduraron durante los cuatro siglos hispánicos. Sin embargo, la reinstalación de la escultura el mismo día que fue derribada, con motivo de recibir al monarca Felipe VI como si nada hubiera ocurrido, fue visto como un ejemplo de cuando el gobierno tiene interés en trabajar, lo hace con prontitud. Igualmente, algunas personas comentaban el deseo de que el rey viniera con frecuencia para que la limpieza y pulcritud con la que se le recibió en la capital sea la misma que disfruten los sanjuaneros y los visitantes con regularidad.

Para otros sectores, la conmemoración de la fundación de San Juan como capital fue observado como parte de esa herencia hispana, con motivo de orgullo y parte medular de los símbolos representativos de nuestra idiosincrasia como nación. Aunque las estructuras oficiales están bajo control estadounidense, en nuestra propia idiosincrasia, nos consideramos un ente aparte y venir a nuestra Nación, no es llegar a Estados Unidos. Hay distinciones que los extranjeros no entienden de esa relación con la metrópoli del norte, a quienes los puertorriqueños han resistido culturalmente en el proceso de transculturación estadounidense. Quizás, podríamos decir que ciertos elementos de la hispanofilia que aún perduran puedan ser vistos como un mecanismo de resistencia para preservar nuestra identidad como nación ante el mundo.

Por último, habrá que mirar el alcance del foro económico y empresarial. En el pasado, la posición geográfica de Puerto Rico fue clave para la defensa de España y ahora, se procura utilizar el pasado en común para acercarse a estrechar lazos económicos con nuestra actual metrópoli: Estados Unidos. En contraparte, se propone que las nuevas relaciones que se esperan concretar con España sean un trampolín para la entrada de Puerto Rico al mercado de la Unión Europea. Nos queda estar al pendiente a la futura visita de los representantes políticos de Puerto Rico a España, programada para abril de 2022, y ver el balance comercial que dejará para ambos territorios.

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