Estoy en el café habitual, aquel donde oigo pasos en una escalera, y al cabo de un momento distingo siluetas si detengo la escucha de Chet Baker, y tropiezo de repente con una novela de Espido Freire (Bilbao, 1974) que habla del esplendoroso pasado. En El chico de la flecha su estilo parece la “huida hacia adelante” que, como sentenciaba César Aira, es un método preferible al de volver atrás y corregir. Completemos con otra frase de F. Scott Fitzgerald: “Mentes claramente vacantes, pensamientos inquietamente encantadores, encantadores”. Es decir, la mejor literatura es detenerse para anotar en el papel en cualquier momento, y no algún día. En fin, como si de un castillo de naipes se tratara me he planteado dejar posibles fragmentos a los que rodee un misterio pues ahí está el lujo puramente intelectual. La lista es la siguiente:
1. Un niño, cuando la oscuridad aumenta, atraviesa un verdadero laberinto lleno de inquietudes, remordimientos, miedos notables, una formación estimulante. Los niños da la impresión de que siempre están ilocalizables. Se busca aquí el brillo de lo auténtico. Es como si atravesara un redondeado risco de aventura, así se aproxima a la verdad Freire con un relato de ficción. Dicho de otro modo, siguiendo a su protagonista Marco queremos saber si hay algo en la infancia que nos sirva, algo que visitemos a menudo. La escritura nunca trata de traicionarse a sí misma. Queda a mano del lector, elegante.
2. Revuelo pálido en el siglo I d.C. y en el siglo XXI, todo en la infancia es un ejemplo. A partir de los ojos de Marco, notamos el Yo interior de uno mismo, en un tiempo de esclavos, libertad, caza, sentimientos sobre el musgo seco en la linde de un bosque.
3. El motivo del jinete negro, sin estar deteriorado ni afligido, va y viene, entra y sale por las puertas batientes del café.
4. Dylan comparándose con Shakespeare: “Cuando escribía Hamlet, estoy seguro de que estaba pensando en muchas cosas diferentes: ‘¿Quiénes son los actores adecuados para estos papeles? ¿Cómo debería hacerse esto? ¿Realmente quiero establecer esto en Dinamarca?’. “Como Shakespeare, yo también estoy a menudo ocupado con mis esfuerzos creativos y tratando todos los aspectos de los asuntos mundanos de la vida. ¿Quiénes son los mejores músicos para estas canciones? ¿Estoy grabando en el estudio correcto? Algunas cosas nunca cambian, incluso en 400 años”.
5. Príncipe Hamlet, ¿se las arregla para mantener la cara seria?
6. En el fondo de la mente de un niño hay un deseo de hacer algo extraordinario. Cuanto más joven es uno, más altas ponemos nuestras metas. La valentía nos conduce a quehaceres importantes. La amistad es un viaje, dar vueltas sin rumbo con la sensación de tener cerca la justicia.
7. ¿No estamos ansiosos cuando tenemos doce o trece años por salir con un par de amigos, por jugar sin pedir permiso sobre un césped alto y descuidado? Un mundo entero, momentos precisos, lugares precisos, indestructibles imágenes de un pasado. ¿No nos olvidaríamos de reposar tras un accidente fatal por seguir la pista de nuestro mejor amigo por musitar mecánicamente “Cumpliré con mi palabra”?
8. Se ciernen sobre nosotros con toda la fuerza de un truco del inconsciente estas páginas, la buena novela distorsiona la realidad del mismo modo que los sueños.
9. Que yo me he escapado, con una emoción imperiosa, de un libro de Paul Auster. Algo de esto dijo: Yo tenía cinco años. Billy, mi primer amigo, apareció en mi vida de una forma que ya no alcanzo a recordar. Gran parte del tiempo que pasábamos juntos lo dedicábamos a deambular por nuestro barrio residencial de Nueva Jersey. Entonces -concluía Auster- cuando teníamos seis años y medio o siete, se mudó con su familia a otra ciudad. Congoja, añoranza de mi amigo. Por fin, mi madre cedió y me dio permiso para hacer la costosa llamada de teléfono. Recuerdo mis sentimientos tan vívidamente como me acuerdo de lo que he tomado para desayunar esta mañana.
10. Aselo es el mejor amigo de Marco. Cuando era pequeño fue abandonado, pero la familia de este decidió acogerlo como esclavo en su hogar. Las diferencias sociales se borran con amistosos movimientos de cabeza.
11. Se nos dice: “Marco escuchó sonidos de sandalias en el interior y vio de refilón como una mujer muy hermosa y bastante alta cruzaba el patio trasero de una habitación a otra. Parecía que, en aquella casa, que era aún mayor por dentro de lo que parecía por fuera, habitaba mucha más gente de la que él se imaginaba, y se dio cuenta de que de alguna manera se había llegado a creer que todas las familias eran más o menos como la suya”.
12. Como en Alicia, Dickens, Wells, poco a poco nos encontramos ramas de árboles, sentimientos insólitos, jabalíes de buen tamaño con colmillos amarillentos, arcos y flechas que quieren ascender por el aire, almas de los vivos, días sin dormir.
13. Una palabra se convierte en otra, una cosa se transforma en otra distinta.
14. Cuentos sobre Roma con reyes y localizaciones definidas, metaliteratura sin temporizador, un rocín blanco, los dioses Neptuno y Apolo, la caza, “La guerra de las Galias” o la Historia de Heródoto. Novela con luz brillante del mundo real que contemplar con ojos fascinantes.
Al final, me parece evidente al venirme una súbita y luminosa idea, que lo mejor es la libertad del escritor que, sea como fuere, escribe para sí mismo, y después se fija en los lectores, aunque su corriente vaya por otros derroteros. Las obras de peso viven de acuerdo a otro mapa radicalmente distinto. Este artículo reaviva el fuego de la escritura rápida y veloz como un atril. El tronco sisea.