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GOYA

Las Majas se mudan en el Prado a una sala más amplia y en compañía de Tiziano

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
martes 15 de febrero de 2022, 12:01h

  • Efe


  • Museo del Prado


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  • Efe

El Museo del Prado ha reordenado las salas de Goya para reformular el planteamiento expositivo de Las Majas y mejorar la experiencia del visitante, que podrá admirarlas en un espacio más amplio y con luz natural proveniente de dos balcones del edificio Villanueva que han sido reabiertos para la ocasión.

Apenas ha hecho falta demoler un tabique que separaba las salas 37 y 38 para dotar de más aire al recorrido y permitir una mayor concentración de personas en torno a las obras que en su día formaron parte del gabinete personal de Manuel Godoy. La ambientación mejora, además, con un cambio de color de las salas, en un tono más cálido, y la apertura de los postigos de las ventanas, lo que dota de una mayor amplitud a la sala.

A ese cambio en el discurso expositivo planteado por el Prado se suma el interés de la pinacoteca por dotar de un mayor contexto a las célebres pinturas de Goya fechadas entre 1795 y 1807 al establecer un diálogo con una Venus de Tiziano de 1555, fuente de inspiración para el pintor de Fuendetodos. Así lo ha explicado Miguel Falomir, director del museo, en una rueda de prensa en la que ha citado como influencia en Las Majas el subgénero del desnudo femenino tumbado - surgido en Venecia-, del que Tiziano fue exponente.

El rocorrido propuesto por el Prado invita a acceder en primer lugar a la sala 34, donde durante un año va a mostrar en una exposición de pequeño formato dos bocetos de Goya de la colección Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno preparatorios del cuadro de altar de San Bernardino de Siena en la basílica de San Francisco el Grande en Madrid, una obra de gran complejidad sobre la que los trabajos preparatorios ahora expuestos y rara vez vistos en público aportan una información muy valiosa para entender el proceso creativo del artista. Acompañan a estos bocetos piezas de pintura religiosa de Goya como el Cristo crucificado, la Sagrada Familia o la Inmaculada Concepción.

Los retratos de Goya pintados a partir de 1780 y hasta la década de 1800 son los protagonitas de las salas 35 y 36, entre ellos La condesa de Chinchón, El pintor Francisco Bayeu o Carlos III, cazador. "En ellos desaparece algo del idealismo y la atemporalidad que hasta entonces habían sido normas del género y se puede observar la excelencia del artista al analizar con profundizar el cárcter de los modelos", explica el Prado, que cita como piezas de interés en este espacio composiciones originales y novedosas en la trayectoria del pintor como Vuelo de brujas o Cómicos ambulantes.

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