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Novela

Arthur Schnitzler: Relato soñado

domingo 20 de febrero de 2022, 21:12h
Arthur Schnitzler: Relato soñado

Traducción de Miguel Ángel Vega Cernuda. Alianza. Madrid, 2021. 128 páginas. 14 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Francisco Estévez

Ciertas obras literarias gozan de mayor visibilidad tanto como son privadas de profundidad en su traslación, mejor decir adaptación, al cine, siendo como son lenguajes diferentes. Así el caso de Relato soñado (1926), obra mayor del género novelístico breve de la literatura europea, opacada por el deslucido intento de actualización de Stanley Kubrick a la pantalla en su célebre Eyes wide shut, donde las sutilezas del erotismo del relato quedan en efectivas muestras visuales, despreciando la sabiduría del toque Lubitsch, que mostraba el poder de la insinuación a través de la imaginación del espectador por encima de la ostensible muestra que a la postre cancela la intervención del espectador en el juego estético.

Hace poco tuvimos oportunidad en esta misma columna de enumerar claves estructurales de esa otra novela breve, Apuesta al amanecer (1926), que forma parte del grupo de textos que convierten a Arthur Schnitzler en uno de los máximos exponentes de la literatura centroeuropea y maestro del género, de la que Relato soñado es uno de los ejemplos más afortunados, tan llena de significados y espectros donde “ningún sueño es enteramente un sueño”. La refinada sensibilidad del judío austríaco posibilitó apreciar la calidad de su propia obra ya por 1900, cuando anota en su diario sobre la recién escrita El teniente Gustl: “Sentir que es una obra maestra”.

Tomaba conciencia el dramaturgo de la potencia y originalidad del uso del monólogo interior, cuyo cenit alcanza en La señorita Else (1924). La mezcla del trazo psicológico individual entreverado en patologías sociales se amalgama en el vagabundeo nocturno de Gustl que simboliza ya el del hombre europeo. El interesado en el bisturí clínico de Schnitzler puede acudir, a falta de traducción de sus diarios y epistolario, al carteo epistolar con Stefan Zweig, Correspondencia con Sigmund Freud, Rainer Maria Rilke, Arthur Schnitzler (Paidos, 2012).

La poética escéptica de Schitzler quedó sintetizada por el propio Freud: “La polaridad entre amor y muerte, todo me sorprendió con una inquietante familiaridad”. En el presente relato la sorda cárcel de felicidad doméstica donde vive la bella Albertine queda resquebrajada por una inocente confesión, suficiente para socavar la serenidad del matrimonio. La joven esposa confiesa a su marido Fridolin el coqueteo fantasioso con un desconocido, y por eso seductor, oficial. La dura prueba de sinceridad mutua a la que se someten libremente despierta una inquietud en los jóvenes esposos que revelará la represión de tentaciones, la demolición de las certezas convencionales, los deseos prohibidos. El inocente juego desemboca en la entrega a una voluptuosa noche de escapismo. El vagar desesperado de Fridolin en la atormentada y vana búsqueda de una aventura erótica con la que compensar la infidelidad moral de la esposa tiene su reflejo en el sueño de Albertina donde persigue aquello que la vida conyugal le niega.

Este intrigante juego de espejos enfrentados donde lo real raya en lo onírico y los sueños tienen visos de verdad desenmascara la fragilidad de la moral burguesa amenazada por el poder del eros y explora el ambiguo territorio entre el consciente y el inconsciente. La escritura elegante del neurólogo tiene como valor más original el de proponer una nueva concepción del personaje en la narrativa europea confeccionado, a la postre, con un revoltijo de miedos inconscientes, emociones torrenciales y pulsiones destripadas a través de la onírica fantasía. Como sentenció en aforismo: “Dos personas que se proponen entenderse la una a la otra hasta lo más hondo son como dos espejos frente a frente que se arrojan sin pausa, cada vez desde más lejos, sus propias imágenes, desesperados por ver más, hasta perderse en el horror de una distancia irremediable”.

De hecho, sus colecciones de aforismos lo sitúan entre los mejores del género en aquel momento especialmente fructífero entre los autores del ámbito centroeuropeo, baste citar solo a Karl Kraus o Elias Canetti. Sobre el aforismo, además, teorizó con acierto, léase su antología Relaciones y soledades (1988) o los Ensayos y aforismos en Cátedra (2004), donde algunos de los mismos se alzan como síntesis perfecta de Relato soñado: “Lo mejor que dos amantes pueden llegar a ser el uno para el otro con el paso del tiempo: sucedáneos de sus sueños o símbolos de sus anhelos”.

Por último me permito recordar la estructura circular del relato (de la cual prescinde Kubrick, restando filo a su cinta) presidido por la risa infantil de la hija del matrimonio: “Las manos de los padres coincidieron en aquella entrañable frente; con una sonrisa llena de ternura, que no solo iba dirigida a la niña, sus ojos se encontraron” cuyo luminoso simbolismo parece sobreponerse a las turbias oscuridades y pulsiones del alma humana. Considerado el excepcional genio de Arthur Schnitzler y la buena acogida del público lector en España, para cuándo la reunión de sus cuentos, varios de ellos aún no traducidos siquiera o la edición en español de su teatro o, por más soñar, la reunión de toda su narrativa en un tomo que permita tener agrupada la obra de uno de los mejores escritores europeos.

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