¿Sabrán los sindicalistas que donde la gestión pública emplea a cien trabajadores improductivos, a la privada le sobra con diez que producen? Ellos dirán que se suprimen puestos de trabajo pero… La gestión pública y sus funcionarios no producen riqueza, viven de la que generan los trabajadores de la productiva empresa privada.
No lo consiguieron; los Teatros del Canal abrieron sus puertas y Nacho Cano presentó lo que definieron como banda sonora del musical “A” con algunos de quienes lo interpretarán el próximo año, dicen que en una monumental carpa. Con ser grandiosa la presentación de la música de Cano, los asistentes queríamos ver el capricho de la ex Consejera de las Artes, la inmarcesible hija de Nuria Espert: un teatro que no necesitaba Madrid, y se le encargó a un arquitecto de excelente reputación que, como la mayoría no tuvo la humildad de consultar algunos detalles con técnicos teatrales (la Comunidad los tiene muy competentes en el Albéniz). Al parecer Esperanza Aguirre, cuando accedió al Gobierno de Madrid, quiso echar abajo el dislate pero… era tarde, costaba tanto enervar la actuación como continuarla hasta su término.
Con ciertos defectos corregibles nace un nuevo teatro, dos para ser exacto, de poco aforo, con gran despilfarro del espacio y con total falta de ornamentación; la decoración está entre la de un amplio y limpio garaje y una luminosa escuela de oficios. Presume Baldeweg, así se llama el arquitecto, del pavimento de granito en los vestíbulos y del guarnecido con madera de abedul de los paramentos verticales. Pavimento, paramentos e iluminación fría (fluorescente) confieren a los enormes volúmenes un aspecto desprovisto de la calidez requerida por esa parafernalia de la liturgia teatral, tan poco deseada por tantos arquitectos, más preocupados por imponer sus propias simplezas, bajo la máscara de “estilo arquitectónico del siglo XXI”.
Para no extenderme demasiado, comentaré otro día la impresión que causa la sala principal, desde el punto de vista de un amante del teatro, que ha construido dos muy acogedores.
