Chávez de gira por su mundo imaginario
miércoles 24 de septiembre de 2008, 23:13h
Mientras la mayor parte de los presidentes del mundo se encontraban en la Asamblea de la ONU en Nueva York, Hugo Chávez, haciendo honor a su carácter rebelde y desafiante, afirmaba desde China, que para él es “más importante estar en Pekín que en Nueva York”. El presidente venezolano llegó ayer al gigante asiático, proveniente de Cuba y en el marco de una gira internacional que le llevará, posteriormente a Rusia y Francia.
Por más que se empeñe en esconderlo detrás de bravuconadas y declaraciones altisonantes, Chávez no se encuentra en su mejor momento. Su popularidad se está viendo fuertemente mermada por el descontento social ante la altísima inflación que afecta al país y los escándalos de corrupción. A menos de dos meses de las elecciones municipales de noviembre, hay muchos indicios que apuntan a una posible derrota del chavismo que pone más que nervioso al presidente venezolano. Ante este panorama, Chávez trata de distraer la atención de su pueblo, inventando enemigos de ese anacrónico socialismo que dice defender y, lo peor de todo, actuando en consecuencia.
Sólo así se explican salidas de tono tan desproporcionadas como la expulsión del embajador de EEUU en solidaridad con Bolivia, o la del director para las Américas de Human Rights Watch, por el mero hecho de publicar un informe denunciando la involución de las libertades que el chavismo está erosionando en Venezuela. Todo ello denota bien a las claras el carácter antidemocrático de Chávez, aunque algunos aún se resistan a verlo.
El estilo histriónico del mandatario venezolano necesita de un mundo dividido entre buenos y malos, en el que no sea necesario negociar ni dialogar, sino simplemente ordenar a golpe de decreto, en un continuo estado de sitio. Chávez sería feliz si el reloj mundial pudiera retroceder 40 años para verse inmerso de nuevo en plena guerra fría. En ese mundo imaginario y maniqueo en el que Hugo Chávez desarrolla su función, China y Rusia se erigen como grandes modelos a seguir y mejores aliados, frente al “demonio” estadounidense.
Sin embargo, ni China ni Rusia –sobre todo la primera- son las mismas que hace 40 años. Para decepción de Chávez, las autoridades de Pekín se han apresurado a desmarcarse de la retórica beligerante del mandatario latinoamericano contra Estados Unidos y han afirmado que sus relaciones con Venezuela “carecen de todo vínculo ideológico”. No sólo eso, además, el Gobierno chino también ha declinado confirmar la venta de 24 aviones de combate a Venezuela, anunciada por Chávez antes de su partida.
Respecto a Rusia, país al que Chávez viajará a finales de esta semana, lo único que queda de ese idílico socialismo que tanto gusta defender al presidente venezolano, es el carácter antidemocrático e imperialista que caracteriza a los modos de Putin y su delfín, Medvedev. Por ello, resulta irónico que Chávez – que a principios de esta semana decía no ser “antiestadounidense sino anti-imperialista”-, no tenga reparos en defender la necesidad para “Latinoamérica en su totalidad”, de “amigos como Rusia ahora que estamos sufriendo esta dominación (estadounidense)”. Todo resultaría casi hasta cómico, si no fuera porque Chávez no viaja sólo por su mundo imaginario y las consecuencias de sus actos se viven en el mundo real y lo sufren y pagan, sobre todo, Venezuela y América Latina.