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ORIENT EXPRESS

Celebración de Hungría

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 13 de marzo de 2022, 19:19h

El próximo 15 de marzo es el Día Nacional de Hungría. Los lectores habituales de esta columna ya saben de nuestro amor por esa tierra así que esta semana estamos de gala.

La fiesta conmemora el inicio de la revolución húngara de 1848. Sucedió, naturalmente, en un café: el Pilvax. En Europa Central todo sucede en estos palacios de la modernidad. Allí se habían dado cita, por supuesto, un grupo de escritores, poetas e intelectuales patriotas. Compusieron melodías conmovedoras. Escribieron versos encendidos. Dieron rienda suelta al genio húngaro y el resultado cambió la historia. Por una parte, nació el poema “Tonada nacional”, compuesto a partir de versos del gran Sándor Petőfi, que moriría el año siguiente en la batalla de Segesvár. Por otro lado, alumbraron “Los 12 puntos”, que sintetizaban las reivindicaciones húngaras frente al emperador de Austria. Cualquier europeo de hoy abrazaría muchas de ellas como propias- libertad de prensa, fin de la censura, cierto autogobierno, igualdad ante la ley- pero, en la Europa de entonces, eran pretensiones subversivas. El lector debe imaginar a una multitud que corea los 12 puntos redactados por tipos por pensadores brillantes como Lajos Kossuth, József Irinyi y Mór Jókai además del propio Petőfi. La agitación de Pest se extendió por la Hungría histórica -la anterior al Tratado de Trianón (1920)- y terminó en un alzamiento en armas. El ejército húngaro luchó con valentía y arrojo contra un enemigo superior en medios y en número. Fue necesaria, con todo, la intervención del zar para que, finalmente, el joven emperador Francisco José I derrotase a aquellos húngaros que osaban desafiarlo.

Bueno, en realidad no los derrotó. La llama del patriotismo húngaro no se extinguió. El idioma y la cultura popular eran una muralla infranqueable que defendía a Hungría de la influencia abrumadora de la cultura germánica. Si en el siglo XVIII los húngaros no se habían germanizado, era inimaginable que fuesen a ceder en pleno romanticismo. La “Primavera de los pueblos” florecía imparable entre los magiares.

Al final, no hubo más remedio que ceder ante la firmeza húngara. La derrota austriaca frente a los prusianos en la guerra de 1866 hizo temer a Viena otro alzamiento patriótico como el de 1848-1849. Viena no podía permitirse otro fracaso. En 1867, el emperador Francisco José aceptó el Compromiso que creó la monarquía dual austrohúngara. Hungría tendría su propio parlamento y estaría en pie de igualdad con Austria. Al final, aquellos poetas y escritores de 1848 tuvieron cierta victoria póstuma.

En realidad, a menudo, los húngaros han sido adelantados a su tiempo. Cuando la URSS parecía invencible, se alzaron contra los soviéticos en 1956. Todos aquellos que los incitaron a tomar las armas -los que radiaban mensajes a través de Radio Free Europe, por ejemplo- los abandonaron. Nadie envió armas para hacer frente a los carros de combate. No hubo morteros ni minas. No se enviaron municiones. Los doce días que resistió Budapest -fue incluso un poco más en algún otro lugar- demostraron el coraje de los húngaros y la cobardía de los gobiernos del “mundo libre”. Antes de ponerse a dar lecciones a Hungría, convendría recordar dónde estaban las democracias europeas cuando los soviéticos aplastaron la Revolución de 1956.

Pero hoy no es día de reproches, sino de celebración. ¡Que entre la orquesta! ¡Que suenen las zardas! ¡Descorchen las botellas de Tokay! ¡Abran paso al vino de los reyes y el rey de los vinos! No desesperen los que busquen algo más fuerte porque no quedará botella de Palinka sin abrir en honor de los héroes. Vean los trozos de carne jugosa asándose en las parrillas. Huelan el goulash con la noble paprika dulce que da sabor a la vida y quita las penas. Pónganse en pie ante la repostería desbordante de chocolate de todas las texturas y colores. El cacao nació en América, pero en Hungría le pusieron un trono y lo hicieron príncipe. ¡Vivan las calorías!

Hoy estamos contentos porque ese espíritu de libertad y patriotismo sigue vivo en Europa. En húngaro, el término “nemzet” no significa sólo nación, sino que está relacionado con las generaciones futuras, con la prole, con los hijos que heredarán la tierra de sus padres, es decir, la patria. Este pueblo la ha defendido durante siglos. Por ella, lucharon contra los otomanos, los austriacos y los rusos. En su nombre, se sublevaron y soportaron los reveses de la historia. A ella apelan hoy frente a las imposiciones de otros. 174 años después, ahí siguen esos húngaros defendiendo su libertad y, de algún modo, la de todos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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