Quizá ningún momento más oportuno que el actual, cuando lamentamos horrorizados el criminal ataque de Putin a Ucrania, para leer este libro de François Mauriac (Burdeos, 1885-París, 1970), que es un grito contra el omnívoro deseo de poder, contra aquellos que a sangre y fuego imponen la represión y pisotean la libertad. Mauriac publicó El cuaderno negro bajo el seudónimo de Forez, en 1943, en el momento en el que Hitler y sus huestes ocuparon Francia, intentando plantar la esvástica -como“araña repugnante, henchida de sangre”, la califica Mauriac-, en toda Europa.
El escritor francés nos brinda, como bien resume su editor Jean Touzot, “un texto clandestino, insólito, corto pero denso, apasionado pero lúcido, oscuro pero atravesado por un rayo de esperanza. Un ciudadano sensible a las catástrofes que se han abatido sobre su país y que afectan a un continente entero, pone en juego toda su experiencia política y espiritual en un intento por exorcizar la desgracia colectiva”.
Mauriac arremete contra el cinismo del mariscal Petain y el regimen de Vichy y contra quienes se avinieron a colaborar con los nazis, nutriendo ese siniestro y abundante grupo de los colaboracionistas, que tan bien ha reflejado Patrick Modiano. Pero El cuaderno negro es más que un panfleto de circunstancias –género que, por otro lado, cumple su función-, pues bien señala José Carlos Llop en el prólogo: “Mauriac era un buen burgués y por momentos parece un burgués airado, pero todo se sostiene en un análisis impecable de la situación, enfrentada, además, al poder dominante”. En efecto, nos ofrece interesantes reflexiones, hoy muy válidas, abordando un asunto trascendental que recorre todo El cuaderno negro: “La separación de la política y la moral, que denunciamos con todas nuestras débiles fuerzas, ha bañado y sigue bañando el mundo entero en sangre. Maquiavelo es el padre del crimen colectivo; lo prepara y organiza; lo legitima, lo justifica y glorifica”, advierte el Premio Nobel de Literatura.
El volumen se enriquece con material gráfico, con una carta del escritor británico Charles Morgan a Mauriac, y la respuesta de este, con el artículo “La nación francesa tiene alma”, aparecido en Les Lettres françaises el 9 de septiembre de 1944 –tras una odisea de su hijo Jean Mauriac para hacerlo llegar a la publicación-, y con algunas páginas de un diario escrito durante la Ocupación, textos hasta ahora inéditos en español.