El jugador australiano arrasó a Rublev tras conocer la importante multa que le han impuesto.
La personalidad de Nick Kyrgios es de sobra conocida en el universo tenístico internacional. Cuando tenía 21 años ya había sido capaz de derrotar a Rafa Nadal, Novak Djokovic y Roger Federer, pero también había acumulado ya pérdidas de concentración, episodios de ira descontrolada en pleno partido y salidas de tono durante y después de los encuentros. El jugador australiano, privado de consistencia a lo largo de su carrera deportivo por sus problemas psicológicos, se ha ganado una merecida fama al respecto.
Con 23 años empezó una terapia psicológica que se ha estirado durante varias temporadas, pero no le ha privado de repartir insultos y provocaciones a diestro y siniestro -rivales, jueces de silla, público-. La desmotivación le ha perseguido casi en cada participación en torneos durante su trayectoria en el tenis profesional, así que sigue peleando por "controlar la salud mental", en sus propias palabras. Eso sí, no hay tratamiento que le prive de mostrar su creatividad rebelde, con la raqueta en mano o en las redes sociales.
Este carácter se exterioriza en Kyrgios con golpeos sensacionales y particulares -su marca registrada es el raquetazo entre sus piernas-, un aspecto de dominador absoluto cuando está enfocado en el tenis, y para su desgracia, muestras del trabajo que le queda por delante en lo concerniente a su estabilidad mental. A este último apartado pertenece lo vivido en el partido frente a Nadal que desarrolló hace días con motivo de los cuartos de final del Masters 1.000 de Indian Wells.
En ese envite forzó al extremo al mejor deportista español de la historia, que acabó ganando por un apretado 7-6, 5-7 y 6-4. Ofreció síntomas de renacer en su juego para atraer el cariño del público presente en la pista central del torneo californiano. Y para que el propio jugador español le dedicase este análisis: "Creo que Nick tuvo una gran actitud en términos de espíritu de lucha. Por supuesto que tiene su personalidad, su carácter. A veces hace cosas que a mí no me gustan, pero le respeto porque tiene un carácter diferente (...) Lo más importante es que trató de hacerlo lo mejor posible, luchó hasta el final. Jugó a un gran nivel de tenis. Ese es el Nick Kyrgios que quiero ver. Es bueno para el tenis".
En cambio, también hubo hueco para rellenar más páginas extradeportivas en su currículum. Kyrgios, que no paró de lamentarse a gritos durante el partido, sufrió una de sus características explosiones cuando finalizó el envite. Estrechó la mano de Nadal y la del juez de silla, y cuando se encaminó hacia su lugar para recoger sus cosas y marcharse al vestuario, se le ocurrió lanzar con fuerza su raqueta contra el suelo. La raqueta salió despedida por la violencia imprimida y casi golpeó a un recogepelotas. Para asombro del personal.
La ATP ha decidido responder a ese episodio con una multa de 25.000 dólares. Los primeros 20.000 dólares de sanción obedecen al lanzamiento de la raqueta y los otros 5.000 dólares corresponden a las "obscenidades" que salieron de su boca en esa tarde. En total, el australiano ha de desembolsar casi 23.000 euros en esa oportunidad. Y sabe de sobra que no va a ser esta la última penalización que la ATP le va a imponer por sus faltas de conducta.
Horas después de conocerse esta importante multa le tocaba a Kyrgios seguir su andadura en el Masters 1.000 de Miami. El pasado jueves debutó en el campeonato de Florida batiendo, con lustre, al francés Adrian Mannarino (7-6 y 6-3) y este viernes le tocó medirse a un de los jugadores más complicados del circuito mundial: Andrei Rublev. Pues bien, la reacción a la sanción que le acababa de caer fue un 6-3 y 6-0 impresionante. Firmó una exhibición de tenis, salpicada por su creatividad, que hizo las delicias de la tribuna.
"Puedo perder contra cualquiera en un día cualquiera y también vencer a quien sea, esa es la historia de mi carrera", reconoció en la entrevista posterior a su enésima victoria ante un jugador del 'Top-10' internacional. Sin darse importancia, analizó con calma su juego y a otra cosa. Puede que ese talento rebosante haya ganado terreno a la cara desaforada de su personalidad de manera definitiva y los aficionados al fin se puedan enamorar de este tenista de 26 años. O puede que no. Con Nick nunca se sabe.