www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Medir con doble vara

domingo 03 de abril de 2022, 20:17h

Conocida es la anécdota del campesino que, a principios del siglo XX, volvía del colegio electoral cuando un vecino le preguntó: ¿Has votado, Juan? Sí, de ahí vengo. Y ¿a quién votaste? A las izquierdas, José, voté a las izquierdas. Esta mañana un señor de derechas me daba dos duros si votaba por su lista. Pero más tarde, me encontré con uno de izquierdas que me ofreció un duro para que votara por la suya. Así es que he votado a las izquierdas. ¡Pero, bobalicón, si el de derechas te daba más! Por eso mismo, José, no he querido votar a las derechas porque las izquierdas están menos corrompidas. Cien años más tarde de aquél crónico caciquismo, izquierdas y derechas continúan chapoteando en la ciénaga de la corrupción. Pero llama la atención la peor prensa que tiene la falta de honradez en la gestión de los asuntos públicos por la derecha que por la izquierda. ¿Por qué las tropelías de unos tienen más peso inmoral que la de otros, cuando es la izquierda, precisamente, la que presume de su honradez y dice venir a protegernos frente al pillaje y al saqueo de las arcas públicas que protagoniza la derecha?

No solo partidos, también sindicatos, esas organizaciones cada vez más ancladas en el siglo XIX, que van perdiendo afiliados como las oficinas mecanógrafos. Pocos medios de comunicación se han hecho eco del episodio de desvalijamiento de fondos públicos protagonizado por una empleada de la UGT socialista (Cien años de honradez, lo ven, con semejante tarjeta de presentación, ¿cómo desconfiar?). La señora ha sido denunciada por presunto delito de estafa y falsedad por importe de dos millones de euros, a través de cuya comisión ha arreglado su economía, no la de los parados, a quienes debía haber llegado el sableado dinero. Casualidades de la vida, la sindicalista es hija de una diputada socialista de la Asamblea de Madrid que acusó sin pruebas al hermano de la presidente autonómica, Isabel G. Ayuso, de prácticas corruptas durante la pandemia.

Se ha instalado en cierto sector de la opinión pública la idea, perversa por maniquea, de que la derecha, el capitalismo, el empresariado, y hasta el acreedor, ya sea hipotecario o por renta de alquiler, son sospechosos, sin derecho a presunción de inocencia, de que juegan con doble baraja o con cartas marcadas. Por el contrario, la izquierda, el socialismo, los trabajadores o un deudor salido del Código Civil son pobres sujetos oprimidos a quienes siempre debe creerse su honestidad, sus cien años de honradez. Lo de Mónica Oltra y el presunto encubrimiento a su marido por un delito de abusos sexuales, daría para otra sesión, pero, en esencia, su origen es el mismo: el monopolio progresista en el otorgamiento de credenciales éticas y democráticas por razón del sesgo ideológico. La doble vara de medir, la viga en el ojo propio, el aparta que me tiznas, que dijo la sartén al cazo. Imaginen que Oltra y su marido fueran de derechas. ¿Qué ven? Calles ardiendo ¿verdad?

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (22)    No(1)

+
1 comentarios