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PRESIDENCIALES FRANCESAS

Macron gana las elecciones y se jugará la segunda vuelta con Le Pen

Marine Le Pen y Emmanuel Macron, votando en las presidenciales francesas.
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Marine Le Pen y Emmanuel Macron, votando en las presidenciales francesas. (Foto: Efe)
EL IMPARCIAL/Efe
lunes 11 de abril de 2022, 00:44h
Con el 85% escrutado, el presidente saliente consigue el 27,6% de los votos y la líder de ultraderecha 23%.

El liberal Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen se jugarán la Presidencia de Francia en la segunda vuelta, como ya sucedió hace cinco años, tras lograr los dos primeros lugares en la primera vuelta de las elecciones de este domingo, en espera de la publicación de los datos oficiales de abstención, que se situa entre el 24 y el 26%, y cuando se lleva el 85% de los votos escrutados.

Así, Macron, presidente saliente, obtiene el 27,6 de los votos, mientras que Le Pen se sitúa con 23,3. El izquierdista Jean-Luc Mélenchon, que por momentos se acercaba a Le Pen, consigue el 22,2% de los votos. El también ultraderechista Éric Zemmour es cuarto de esta primera vuelta con un 7,2% de los votos.

La candidata de la derecha moderada, Valérie Pécresse, firmó el peor resultado de la historia de su partido con el 4,8% de los votos. Algo similar ocurre al ecologista Yannick Jadot, que logra el 4,7% de los votos en las primeras estimaciones.

El ruralista Jean Lassalle tiene el 3,1% de los sufragios y el 2,3 el comunista Fabien Roussel, mientras que la socialista Anne Hidalgo, alcaldesa de París llega solo al 1,7%, según las proyecciones, al igual que el soberanista Nicolas Dupont-Aignan. Los dos candidatos trostkistas, Philippe Poutou y Nathalie Arthaud, se quedarían por debajo del 1%.

Así, Emmanuel Macron y Marine Le Pen repetirán en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas su duelo de 2017, después de que la primera ronda de este domingo dejara al presidente saliente con un margen de ventaja algo mayor al previsto por las encuestas.

El anuncio de los resultados coincidió con llamamientos de la mayoría de los candidatos derrotados para establecer un nuevo "cordón sanitario" y evitar que la ultraderechista Le Pen alcance la jefatura del Estado en la segunda vuelta del 24 de abril.

Tras conocer los resultados, ambos se apresuraron a pedir el apoyo de quienes no les han votado, ante la perspectiva de una segunda ronda que los sondeos anticipan que será mucho más reñida que la de 2017.

Macron tendió la mano "a todos" y se mostró dispuesto a "inventar algo nuevo para unir convicciones y sensibilidades diversas" de cara a la segunda vuelta, según dijo en su intervención entre el ruidoso entusiasmo de sus seguidores. Insistió en que su proyecto es "el único" que puede responder a los retos que afronta el país, como la defensa del poder adquisitivo de los ciudadanos o la lucha contra el cambio climático.

En cambio, una exultante Le Pen aseguró que el presidente y ella representan "dos visiones diferentes de la sociedad" por lo que hizo un llamamiento a la unidad en torno a sí misma: "Todos los que no han votado a Macron están invitados a sumarse a esta unificación".

Detrás de los dos vencedores de la primera vuelta quedó el veterano líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon, que vio frustrado lograr el voto útil de todas las candidaturas de izquierda y ecologistas para intentar llegar a la segunda ronda. Pero los principales derrotados fueron los dos grandes partidos tradicionales de la Quinta República, el conservador LR y el socialista PS, que cosecharon los peores resultados de su historia. Varapalo histórico para la socialista Anne Hidalgo, alcaldesa de París, se hundió hasta el 2 %

Un Macron distinto al de 2017

El Emmanuel Macron que buscará un segundo mandato como presidente francés el próximo 24 de abril es muy diferente del que en 2017 sedujo al país como un candidato casi llegado de fuera de la política para instalarse en el Elíseo. El que entonces era el hombre más joven (no ha habido mujeres presidentas) en llegar a la jefatura del Estado en 2017 con 39 años, ha perdido buena parte de su capital político en su accidentado mandato de cinco años en el Elíseo.

Una grave crisis doméstica (las protestas de los "chalecos amarillos") y otras dos de alcance mundial (la pandemia de coronavirus y la guerra de Ucrania) han pesado mucho en un mandato en el que las controversias no han cesado. Muy lejos parece haber quedado el político de aspecto juvenil y atractivo, que sedujo a los franceses y pasó de ser casi un desconocido a ocupar la Jefatura del Estado.

Si entonces Macron prometió una "revolución" con transformaciones muy ambiciosas, ahora se contenta con continuar el rumbo emprendido, con reformas como la de las pensiones y unos objetivos, y un tono, mucho más moderados.

Su empaque actual es el de un tecnócrata experimentado que propone seguir pilotando el país con mano segura, muy diferente del recién llegado sin partido que conquistó los cielos políticos en 2017. "Habrá más crisis" y cuando lleguen los franceses "ya tendrán una cierta idea de la forma en que voy a actuar", afirmó Macron en la presentación de su programa, un compendio más técnico que audaz de propuestas.

Fiel a su objetivo de abrir una tercera vía entre conservadores y socialistas, ha combinado medidas de derecha (como la supresión del impuesto sobre la fortuna o la promesa de subir la edad de jubilación) con otras de izquierda (como abundantes subsidios para las capas más sensibles a las alzas de precios de la energía o de los productos básicos).

Pero su medida más destacable fue, posiblemente, la estrategia del "cueste lo que cueste" por la que el Estado inyectó enormes cantidades de dinero para sostener las empresas obligadas a cerrar durante los confinamientos sanitarios de 2020/21 y pagar los salarios de quienes no podían trabajar.

Defensor de la lucha contra el cambio climático y de Ucrania tras la invasión, Emmanuel Macron ha ejercido un importante liderazgo tanto en la Unión Europea (UE) como a nivel global, en busca de mantener la destacada posición mundial de Francia.

En la UE ha sido el complemento de Angela Merkel en el eje francoalemán y, tras la marcha de esta, ha asumido un papel protagonista aprovechando la bisoñez exterior del nuevo canciller alemán, Olaf Scholz.

Hijo de médicos nacido en Amiens (norte) aunque con raíces en el sur, Macron reconoce su predilección por los Pirineos, ya que su abuela materna era de una localidad cercana a la comunidad española de Aragón.

Se formó, como tantos otros dirigentes franceses, en la Escuela Nacional de Administración (ENA), un auténtico vivero de la clase gobernante francesa, una institución tan alabada por su calidad como denostada por el supuesto elitismo de sus egresados.

Tras debutar en la Administración como inspector fiscal, pasó en 2008 a la banca de negocios Rothschild, de la que dos años después ya era socio.

De allí volvió al sector público, pero en un nivel muy superior. Primero fue secretario general adjunto del Elíseo y luego ministro de Economía (2014) con el presidente socialista François Hollande, cargo que dejó dos años después para lanzar su asalto a la Presidencia.

Creó un partido a su medida (La República en Marcha, LREM) para ganar el poder Legislativo y logró la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Pero la formación, carente de implantación territorial, no controla el Senado.

Confrontado en una reciente entrevista con una fotografía de cuando llegó al Elíseo, Macron, con sienes clareadas por las canas que han dejado atrás al hombre que cautivó a Francia en 2017, reconoció con voz melancólica: "Me temo que he cambiado y envejecido un poco. Soy consciente".

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