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CRÓNICA TAURINA

Domingo de Ramos en Las Ventas

Domingo de Ramos en Las Ventas
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(Foto: EFE/Mariscal)
lunes 11 de abril de 2022, 10:04h
Actualizado el: 04/11/2022 12:31h

Los anunciados seis toros para el único espada Emilio de Justo se redujeron a uno. El público, que llenó los tres cuartos de la plaza, mostraba una gran expectación con los aplausos a la hora del paseíllo. El Romano de Pallarés, brindado a la memoria de su padre por el protagonista de la hazaña, empezó con fijeza y fue pronto en embestir. Al salir de la vara rota del segundo puyazo se dio un volatín y, cuando todos daban al toro por perdido, el Romano siguió en la brega como si nada. La faena fue de temple y valor por ambos pitones, adornada con los pases de pecho sobresalientes. La hora de la verdad fue ejecutada con tanta fe por Emilio de Justo que en un instante truncó casi toda la temporada: Romano, ¿estaría todavía resentido del volatín?, proporcionó una voltereta al diestro con resultado de vértebras rotas que borran de un plumazo la feria de San Isidro y otros principales carteles.

Emilio de Justo en la camilla y los cinco toros esperando en los chiqueros. Quedaban por lidiar Almirante de Domingo Hernández, Platero de Victorino Martín, Duplicado de Victoriano del Río, Santanero de Palha y Serenata de Parladé. Más que serenata, sería justificado que un hondo “quejío” saliese del pecho de Álvaro de la Calle. Él se quedó con la ofrenda de cinco bureles de distintos encastes. Una hazaña que requiere mucha preparación moral y mental. José Tomás se anunció con cuatro en la plaza de Jaén. Hace falta ser un torero muy completo técnicamente y, sobre todo, un gran conocedor de las reses para que la tarde no sea devorada por la monotonía o para evitar un naufragio. El sobresaliente, Álvaro de la Calle, se enfrentó al reto con dignidad sobreponiéndose al aturdimiento inicial. Salir ileso parecía una misión imposible.

Álvaro de la Calle fue sobresaliente de Antonio Ferrera en la histórica matinal de Olivenza (6 de marzo 2022), donde mató un toro que perdió un pitón nada más salir al ruedo. Pasado poco más de un mes, Álvaro de la Calle estaba en las Ventas con los cinco. Se sobrepuso a sí mismo, también al reglamento deficiente que no deja claro el punto fundamental que es permitir alternar a dos sobresalientes. Logró llenar la tarde de detalles de mucha solvencia. Destacó en la lidia del cuarto, el Duplicado de Victoriano del Río, entregado y bravo. Gracias a las distancias que marcó Álvaro de la Calle y al picador Óscar Bernal, disfrutamos de un tercio de varas que permitieron apreciar la acometividad del toro en el caballo. No hay otra manera más certera para apreciar la bravura, por lo cual es imprescindible insistir en la recuperación del tercio para el bien de la fiesta. Las tres varas fueron para la historia. Los rehiletes se colocaron sin dar un sólo capotazo injustificado, que tantos toros han quebrantado, gracias al buen hacer de la cuadrilla. La estocada tendida y dos descabellos fueron el preludio de la vuelta al ruedo que dieron al destacado ejemplar del Victoriano.

El pundonor o, si prefieren la vergüenza torera, se dejó ver también en las largas cambiadas frente a toros tan cuajados y ejecutar la porta gayola en el último de la tarde. En una de las últimas entrevistas (La tierra de toros, 13.03.22), el diestro salmantino decía que él no pisaba una plaza, aunque saliera sólo como sobresaliente, sin estar preparado para torear los toros que toquen. El Domingo de Ramos fue el día para dar un ejemplo de vocación y entrega. Emilio de Justo y Álvaro de la Calle, como muchos otros profesionales de toros y de campo, cuyos nombres no conocemos, siguen siendo ejemplos sobresalientes de superación y entrega. Modelos de excelencia.

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