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TRIBUNA

Operación torrija

Juan José Vijuesca
miércoles 13 de abril de 2022, 19:36h

¿Hay vida más allá de las torrijas? Teniendo en cuenta y por extraño que parezca, por ser algo no inventado por Pedro Sánchez, cabe la posibilidad de que tengamos futuro y alguna oportunidad de sobrevivir.

La “Operación torrija” es de los pocos acontecimientos que aglutinan placer corporal al por mayor con ribetes de desenfreno, por eso alabo el gusto de cuantos han tomado el éxodo como una manera de huir de nosotros mismos. Conviene cambiar de paisaje y de paisanaje siquiera por el susodicho deterioro cognitivo y que le den por allí al panaché de precios. Que suban lo que quieran la gasolina, la luz, el gas, la cesta de la compra. Que nos congelen las pensiones, si eso les place, pero aquí, y en este preciso momento, aflojemos el cinturón y que nuestras carnes trémulas se expandan a la buena de Dios.

Si a la torrija le añadimos lo del amor fraternal por aquello de los santos oficios de la Semana Santa, la cosa se pone interesante, y lo digo sin retranca. El personal está muy falto de melanina, de fe y no digamos de dinero. Eso sin contar con el deterioro neuronal que nos tiene agujereada la parte posterior del encéfalo, de manera que nuestro tejido nervioso anda escaso de voluntad para coordinar nuestro cuerpo como este se merece.

La culpa de todo la tienen los de siempre, esa clase política que se divierte haciéndonos la vida imposible. Nada de extraño, por lo tanto, que a toque de corneta el personal salga de estampida por tierra, mar y aire hacia cualquier lugar dentro de los límites que separan la Tierra de algún punto del sistema solar. Cosa tan razonable como de obligado cumplimiento.

Un servidor tiene previsto refugiarse en uno de esos agujeros negros en donde ni siquiera la luz puede escapar de él. Es un pequeño pueblo que se nutre de una fuerza gravitatoria tan fuerte que engulle todo lo que se menea a su alrededor, principalmente la comida y la bebida lugareña. Un lugar en donde el tiempo carece de destino lo cual permite pasar lista a las oropéndolas, rabilargos, halcones y algún que otro alimoche. Uno en su retiro espiritual no hace otra cosa que malversar apetitos en parajes de silencios cómplices. Es una manera como otra cualquiera de sacarle brillo al concordato del cuerpo con la mente. En definitiva, es como si uno se hubiera dado de baja de todo.

Sabido es que el mundo actual camina en el desorden más absoluto, pero ¿hay mayor desbarajuste que el nuestro? No piensen en responder aquí y ahora, habrá tiempo de hacerlo después de Semana Santa; sin embargo, como la abstracción total no es posible salvo para los monjes budistas, las fechas tan señaladas nos impiden alcanzar el cénit de la desconexión. Recuerden que se conmemora, hace más de 2000 años, que Barrabás salió absuelto y Jesús quedó preso y condenado a morir, lo que demuestra inequívocamente que el juez era español. Y les invito a ello más que nada porque entre la razón que nos asiste para salir huyendo de todo, incluso de nosotros mismos, no se olviden de echar en la maleta algo de fe que nunca está de más.

Por eso es conveniente dedicarse al pastoreo del ocio y entregarse a lo esotérico, más no descuiden el pedir a la Divina Virgen de la Soberana Paciencia que nos aleje de la farándula que guía nuestros destinos y nos guarde de tanta mala baba, que más vale unas torrijas al uso que tantos impuestos de abuso. En fin, sean tolerantes con ustedes mismos, aunque resulte por unos pocos días, sin olvidar que tras esta semana de pasión volverán las oscuras golondrinas de la política en tus bolsillos sus nidos a colgar.

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