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SANGRA EL HIJO DE DIOS VIVO

viernes 15 de abril de 2022, 10:34h
Actualizado el: 15/04/2022 10:44h
Hace ya demasiados años, Salvador de Madariaga me dijo durante una...

Hace ya demasiados años, Salvador de Madariaga me dijo durante una larga conversación en Oxford: “El hecho más relevante del siglo XX es la descristianización de Europa”. Y todavía no se había producido el alud inmigratorio con la difusión otra vez en el viejo continente de la potente religión islámica. Nikos Kazantzakis, en su obra Cristo, de nuevo crucificado había condensado una realidad que se hacía innegable. El ateísmo y el agnosticismo se ha extendido entre las nuevas generaciones.

Y, sin embargo… la pujanza cristiana permanece en anchos sectores de las sociedades europeas y líderes espirituales como Argüello o Escrivá de Balaguer han demostrado la vigencia del mensaje evangélico mientras el Papa de Roma, aun con altibajos, continúa siendo el líder espiritual del mundo. Porque sangra el Hijo de Dios vivo y el renacimiento religioso en algunos sectores relevantes de los pueblos de Europa, destacado por filósofos de la Historia, como Huizinga y Toynbee, es también un hecho que solo la intransigencia puede negar.

Y ahí está la Semana Santa. Zarandeada por el hedonismo y las vacaciones mantiene su presencia que se intensifica en los templos, en los oficios y en las procesiones. El pueblo llano participa en ellas con un fervor que desconcierta a los que certificaron la agonía del cristianismo. Porque Dios no ha muerto. Nietzsche, uno de los cerebros más sobresalientes de los últimos siglos, erró. Y con él los enterradores de la fe cristiana que, desde la política, la economía o el oportunismo, lanzaron sobre la tumba de Cristo las palabras del rencor o el olvido.

Resurrexit sicut dixit. Resucitó como dijo. Y una vez más la Semana Santa, desbaratada el año pasado por la pandemia, ha resucitado para encender la carne y la sangre de Cristo, del Hijo de Dios vivo.