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EDITORIAL

Solo la OTAN puede parar a Putin

EL IMPARCIAL
sábado 23 de abril de 2022, 09:06h

La UE, Estados Unidos, la OTAN y las democracias de todo el mundo tienen que asumir que ni las sanciones económicas, ni la amenaza de juzgar a Putin por crímenes de guerra y, menos aún, la diplomacia internacional están contribuyendo a parar la guerra. El sátrapa ruso prosigue su criminal invasión sin más resistencia que la del Ejército y el valiente pueblo ucraniano, con Zelenski al frente.

Las sanciones económicas de poco sirven mientras Europa siga pagando diariamente miles de millones para abastecerse de petróleo y gas. Sin olvidar la soterrada ayuda de China. El gigante asiático, parapetado tras su muralla, disfruta contemplando la decadencia de Occidente. La amenaza de juzgar a Putin por crímenes de guerra no es más que una quimera. Y es que, aunque la Fiscalía del Tribunal de la Haya ordenara su captura tras obtener las pruebas pertinentes, lo que llevaría mucho tiempo, resulta imposible detenerle mientras mantenga el poder.

Solo la salida de Putin del Kremlin podría frenar la guerra. Las democracias de todo el mundo, la ONU, la OTAN y la UE deben ser conscientes de que para acabar con este conflicto, hay que derrocar al dictador ruso, lo que ahora se antoja imposible, puesto que el Ejército es fiel al Kremlin y el pueblo no puede ni protestar por la contundente represión de los servicios policiales.

Tampoco resulta viable poner en marcha una suerte de revolución interna con una operación de los servicios de inteligencia para que el pueblo ruso se movilice contra el dictador. La implacable censura impide que la opinión pública sea consciente de la inhumana invasión de Ucrania y, como hemos dicho, la represión es brutal.

Y, así, el escenario cada día se parece más al inicio de la II Guerra Mundial, cuando por su apatía, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos contemplaron desde la barrera cómo el Ejército de Hitler invadía Polonia. Luego, llegó hasta las puertas de Moscú y el norte de África. Y solo entonces, Occidente reaccionó hasta derrocar al dictador nazi.

Los aliados de ahora no deben repetir los errores de los aliados de entonces. De momento, cada vez que Putin echa un órdago, las potencias internacionales tiran las cartas. Nadie quiere, ni se atreve, a que la OTAN intervenga militarmente en Ucrania. Pero, si la guerra sigue su curso, Putin no parará hasta que Rusia controle el sur y el este del país. Y si así fuera, poco después los tanques del Kremlin reanudarían la programada expansión para reconstruir la antigua URSS.

Solo la OTAN puede frenar al psicópata ruso. Por inquietante que suene tras las amenazas del Kremlin, la Alianza Atlántica debería acelerar el ingreso de Ucrania, Finlandia y Suecia. De este modo, podría intervenir para parar al Ejército ruso. Se trata de un riesgo. Pero, en otro caso, Putin proseguirá su criminal invasión hasta lograr sus objetivos. Y no parará ahí. Cuando el sátrapa ruso eche el próximo órdago, Occidente debe verlo en lugar de asustarse y tirar las cartas.

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